lunes, 3 de diciembre de 2007

PALABRAS EN HOMENAJE A H CORES A UN AÑO DE SU MUERTE

Paraninfo de la Universidad de la república 3/12/07. Presentación libro "Hugo Cores:La memoria combatiente".

Estimados compañeros, amigos, amigas: nos hemos auto convocado aquí, en este Paraninfo la de Universidad de la República, para levantar una suerte de cuarto intermedio de una actividad que en este mismo lugar se realizara el 17 de agosto del año pasado, para rememorar que, 45 años atrás, se había recibido al Che Guevara en este Paraninfo de nuestra universidad.
En aquella oportunidad muchos pudimos escuchar el último discurso público de Hugo Cores, en el que 45 años después rescataba ese paso del Che por Uruguay. Y sobre todo, rescataba y potenciaba el significado que tubo y tiene el Che para las luchas de nuestros pueblos.
Quiso la vida, que sus dos últimos discursos fueran homenajes: A Elena Quinteros y al Che.
Hoy nos convocamos para homenajear a Hugo, para rescatar su pensamiento, para mirarnos en su ejemplo revolucionario. Por eso, nos imaginamos saliendo de la conmoción interna que provocaba su encendido discurso y nos aprontamos a darle continuidad a la reflexión que desataban sus palabras y a la acción a la que nos impulsaba.
Los discursos de Hugo, eran un disparador para la acción necesaria e imprescindible para hacer realidad los sueños de las generaciones que nos precedieron de construir un mundo justo, solidario y libre.
Hay seres humanos que para esa construcción, son imprescindibles.
También es cierto que las transformaciones sociales, son largos procesos donde muchas veces, a esos hombres y mujeres imprescindibles, no les alcanza la vida para ser partícipes de la totalidad de algunas de las etapas de esos procesos sociales. Más cierto es aún, que han existido y existirán sin duda en los tiempos por venir, seres humanos excepcionales, que tienen la capacidad de sintetizar las experiencias de las luchas populares y transformarlas en palancas para la acción del presente. Seres humanos que tienen la capacidad de sacar de las ricas experiencias de las luchas de los pueblos- de los avances y de los retrocesos, de las victorias y las derrotas- las herramientas teóricas, las conclusiones políticas imprescindibles para la construcción del hombre nuevo.
Uno de esos seres humanos excepcionales, fue Hugo Cores.
Pero Hugo además de su encendido discurso, tenía una invalorable capacidad para reflexionar, para enseñar y para polemizar. Hoy en el marco de este homenaje, ofrecemos un trabajo conteniendo una incompleta y limitada selección de textos de Hugo como un primer aporte a la divulgación de su pensamiento que como bien dice Constanza Moreira, en un brillante prologo a ese libro, llega en un momento crucial de la historia política del Uruguay.
Un momento en que la fuerza política se apronta a desarrollar su Congreso, donde esta en movimiento las instancias de un próximo Congreso del Pueblo, donde la Justicia se apronta para darle un nuevo golpe a la impunidad con el procesamiento del ex dictador Gregorio Álvarez. Y donde, desde el movimiento popular se siguen recogiendo firmas para la nulidad de la ley de Caducidad.
Un Uruguay, que no puede sustraerse a lo que pasa en el mundo, y menos aún a lo que sucede en otros países hermanos que desde sus particularidades buscan caminos para su liberación.
Caminos para la liberación y para la construcción del socialismo, que pasan por realizar cambios profundos en la estructura jurídico-política de estas sociedades. Por eso no es de asombrase por las resistencias y las dificultades que deben atravesar aquellos procesos que buscan modificaciones sustanciales en los esquemas de dominación existentes. De eso, hemos tenido una muestra no hace muchas horas, en Venezuela.
Quizás, Hugo no nos deje irnos hoy de esta actividad, sin darnos algunas pistas sobre esto.
Pero nosotros aspiramos, en esta corta intervención hablar de un aspecto del cual cuando nos referimos a Hugo, en representación del PVP, no le podemos ceder la derecha a nadie. Nos referimos a su condición de hombre de Partido.
Una vieja amiga, Mariela Salaberry, me pidió que en algún homenaje a Hugo les contara una conversación de vereda en la puerta de la casa de 14 de julio, en una de las veces que Hugo pasaba a dejarle "La República".
Sin aviso, llegaba, le golpeaba la puerta de madera con el puño, con aquella perentoriedad y ¿por qué no? impertinencia que solía tener. El auto prendido, parado a la que te criaste, atravesado en el medio de la calle para seguir hacia otra perentoriedad...
Según cuenta Mariela. Hugo estaba feliz y le comento:
"Las reuniones de los sábados del Secretariado del PVP, es lo mejor que me sucede en la vida. ¿Qué más puede pedir un hombre que poder reunirse con sus compañeros, discutir de lo que sea, pelearse, decir todo lo que cada uno piensa porque hay una confianza sin límites?"
El Partido, es algo más que una herramienta para la acción política, es un lugar donde la convivencia con los compañeros, se basa, en la existencia de afinidades políticas e ideológicas, y sobre todo en una confianza sin límites. En fuertes lealtades.
En estos días, en razón de la aparición de este libro, hemos tenido que hablar de Hugo, responder a preguntas sobre él y sobre el Partido en el que él puso sus mejores esfuerzos para crearlo, rearmarlo luego de la muerte y desaparición de muchísimos de sus integrantes en 1976, y en mantenerlo vigente como una identidad dentro de esta izquierda tan cambiante en estos aspectos. Permítanme inaugurar un concepto teórico nuevo, o si se quiere perdónenme por introducir un adjetivo inusual en las ciencias políticas para definir una esfera sustancial de una vida de partido: ser políticamente feliz.
En ese estado, discutidor, de debate de ideas, de decir lo que se piensa, Cores fue un hombre políticamente feliz.
Hugo fue el depositario de una parte importante de nuestra memoria y que ella fuera una memoria organizada y combatiente.
No se trataba de una memoria cualquiera, era una memoria “pesada” que para muchos puede ser una carga demasiada agobiante e insoportable que paraliza. Para el fue un incentivo para mantenerse organizado que es la única forma de hacer política. Supo hacer que esa memoria fuera un patrimonio común, más allá de PVP. Y para quienes integramos el PVP, se constituyó en un elemento de fortalecimiento de los lazos personales.
Nos hemos preguntado muchas veces ¿que estatura ética y política se debe sustentar para soportar la carga que le significó, tener que ser desde su exilio obligado, testigo impotente de la tortura la desaparición, la cárcel el robo de los hijos de sus más entrañables compañeros? ¿Qué capacidad para que con los naufragios personales del exilio de los sobrevivientes, rearmarse para continuar luchando y no caer en la tentación de “desensillar hasta que aclare”?

A pocas horas de su muerte, escribimos con Sara que lo habíamos conocido buscando empecinadamente la justicia, cuando éramos simples, puros, rigurosos. Que el tiempo y sus cambios convirtieron la simpleza en complejidad, la pureza en complicidad y el rigor en un abanico inabarcable de matices. En ese mundo Hugo siguió buscando la justicia, porque siguió siendo simple, puro y riguroso. Decíamos que se había terminado aquel 6 de diciembre del 2006, un tiempo de la memoria.
Hoy desde aquí, trataremos y en eso pondremos nuestros mejores esfuerzos en ser como él, hombres y mujeres políticamente felices, porque aun sentimos que en nuestras manos están los hilos, que en el viejo telar del socialismo y la libertad, se mezclaran con la vieja e indestructible urdimbre de nuestro pasado. Que así, sea.
Hugo Cores PRESENTE.

sábado, 1 de diciembre de 2007

A UN AÑO DE LA MUERTE DE HUGO CORES

Publicado em Trabajo y Utopia diciembre 2007

El lunes 3 de diciembre se presentó, en el marco de un homenaje al dirigente gremial, político, historiador y periodista, Hugo Cores, un libro en el que se editan textos de quien fuera vicepresidente de la CNT . Aunque la edición es incompleta y limitada, es sin duda una contribución a la divulgación de su pensamiento.
En el Prologo a ese libro escrito por la Directora del Instituto de Ciencias Políticas de la Universidad de la República, Constanza Moreira se escribe con acierto que “Hugo Cores vivió esta parte de la historia, y reflexionó sobre ella en sus últimos escritos, así como desde su práctica política. Pero estas reflexiones están enmarcadas en un análisis más estructural y de más largo aliento sobre la sociedad uruguaya”.
El libro recoge opiniones de Cores “sobre el surgimiento de la izquierda, la crisis estructural de la sociedad y la economía uruguayas, y los hitos que marcaron la historia reciente del país”.
A continuación trascribimos un resumen del Prologo de Constanza Moreira, en el que se realiza un profundo análisis del pensamiento de este militante, que al igual que decenas de ellos, desde su compromiso con la clase obrera buscaron alumbrar los caminos para la construcción de una sociedad sin explotados ni explotadores.
* * *
La formación de un partido: los orígenes del Frente Amplio
La formación del Frente Amplio requiere una mirada sobre la unificación de la CNT en 1964. La clave de la explicación está dada en la unión del movimiento obrero con las capas medias golpeadas por la crisis. Dice Cores que en 1965:
“el plan de lucha de la CNT es enorme y ésta empieza, de un modo u otro, a pesar en la vida nacional. El movimiento obrero, empieza a disputar de otra manera y desarrollar un programa alternativo. No se trata de una mera suma de gremios para luchar por el salario. La CNT nace con una propuesta nacional que anticipa lo que va a ser el Frente”.
Su mirada es al mismo tiempo la de un sindicalista, la de un historiador, y la de un militante partidario. En el análisis del movimiento político en su conjunto siempre destaca el papel que cumple la clase obrera. Bueno, la clase obrera en un sentido amplio, señala varias veces: “muchas veces la expresión asalariada, trabajadora, incluyendo tanto al trabajador manual como al que enseña o cuida enfermos, pueden ser más adecuadas”. Y enseña para los años setenta, noventa y dos mil: si el Frente Amplio perdiera ese apoyo (el de la clase obrera, en el sentido así definido), se perdería un componente fundamental.
Las contribuciones del movimiento obrero en el “prematuro debilitamiento del Estado oligárquico uruguayo”, no han sido debidamente señalizadas, dice Cores. Y es cierto: la “historia oficial” ha preferido reivindicar el rol de los partidos políticos, la capacidad de anticipar los conflictos del Estado providente, o el rol de las clases medias, antes que el rol de la clase obrera (y la alianza estratégica entre ésta y las capas medias). Ni siquiera en la mayor parte de los análisis sobre las conquistas que se asocian con el batllismo, la clase obrera es tomada en cuenta. Cores lo hace. Y lo hace desde su propia ubicación en el mundo de la “praxis”: lo hace como el sindicalista que fue.
El peso de la clase obrera, dice:
“importa también no sólo por lo que aportan —como estilo, lenguaje, visión del mundo— los cuadros de ese origen, sino por lo que su experiencia como clase demostró y sirvió de guía para otros sectores: el luchar unidos, el compañerismo, la solidaridad, la disciplina, la constancia, la voluntad y el hábito de encarar colectivamente los problemas”.
Eso no se aprende en los seminarios, concluye, sino en los lugares de trabajo y surgió históricamente en las fábricas.
Cuando nace la CNT, y a despecho de otros sindicalismos próximos en la región, ya nace con el sello de la autonomía. Cores nos recuerda que el propio nombre “Convención” hace referencia al carácter abierto, permanente, que adquiría la unidad orgánica de los trabajadores. También recuerda que en los estatutos aprobados de 1966 se establecía que las autoridades de la CNT sólo podían proponer las medidas pero eran los sindicatos quienes finalmente las aprobaban o no. Y pensando en estas formas abiertas de la organización de los trabajadores, y en el cimiento que pusieron para la creación del Frente Amplio, dice:
“Hay quienes sostienen que la izquierda ha desdeñado la democracia y sus valores. Creo más bien que nosotros defendíamos, en nombre de las libertades públicas y sindicales, y de la defensa de los intereses materiales de los trabajadores, los aspectos populares de la democracia, los valores sustantivos que hacen que ésta sea el gobierno del pueblo”.
Y así se llega al FA. Su descripción de ese proceso es vívida, emotiva y reflexiva:
“las grandes manifestaciones de masas, la experiencia vivida en la calle de fraternización bajo las banderas del Frente de decenas o cientos de miles de personas fue para una parte considerable de nuestro pueblo la experiencia política más importante de su existencia. Uno no entraba a una manifestación de esas saliendo igual. Se salía fortalecido moral e ideológicamente. De esta manera el Frente Amplio entró, no sólo en la conciencia, sino en el corazón de cientos de miles de uruguayos. Ganar la calle en 1971, inundarla de banderas frenteamplistas, sentirse protagonista del nacimiento de una nueva esperanza, valió tanto como el programa o los discursos. Sembró con semilla fértil la construcción de la unidad y este hecho, protagonizado contra viento y marea en medio de la ola represiva y el despotismo arrogante de Pacheco fue, repito, vivido, sentido, incorporado a su historia personal por cientos de miles de uruguayos que adoptaron al Frente Amplio como la identificación política de sus sentimientos de dignidad y sus ansias de libertad y justicia”.
Este hecho político, este “júbilo compartido”, hizo del FA una fuerza política diferente. Y es que una fuerza política no se puede medir sólo por los resultados electorales: esos que, de la mano de “un hombre, un voto” dejan a cada uno solo, en un cuarto secreto, frente a una urna.
Transición tutelada y democracia restringida: lo que quedó
Frente al atropello de la dictadura, Cores sostiene que los partidos tradicionales, en su inmensa pasividad, dejaron sola a la izquierda “contra el enemigo”. Treinta años después, cuando se ve la actitud de éstos frente a los derechos humanos y las Fuerzas Armadas, puede decirse exactamente lo mismo.
Cores detalla con minucia las claves de sobrevivencia del FA en la dictadura, analiza las vicisitudes del plebiscito de 1980, y las razones por las que los militares confiaron en un triunfo que no fue (aunque alerta sobre la magnitud de la votación por el “SÍ”), y rescata el papel jugado por Seregni en legitimar la opción del voto en blanco en las elecciones de 1982.
Sin embargo, su análisis del rol jugado en el pacto del Club Naval es terminante. Este pacto marcó los inicios de una democracia “tutelada” por las FFAA. El miedo en el plebiscito de abril de 1989 es hijo de las insuficiencias de la salida del Club Naval, dice, y agrega, en una reflexión para el hoy:
“en torno al tema de la impunidad se anudan todos los elementos de la dictadura del pasado y el presente. Del pasado por los crímenes ocultos, los secuestros y desapariciones que pretendieron ignorarse, los delitos económicos realizados por altos jerarcas militares. Del presente porque mostró claramente el papel de control que juegan hoy las fuerzas armadas y el chantaje al que someten al sistema político. Siguen siendo las grandes privilegiadas en un presupuesto nacional profundamente recesivo. Han seguido ascendiendo cuadros militares que jugaron un papel relevante en la represión, algunos de los cuales están acusados y hasta procesados en Argentina y Brasil por asesinatos y secuestros. Sigue predominando la ideología de la seguridad nacional...”.
Utopía, revolución y democracia
Cores fue esencialmente un revolucionario
Como el historiador que era, reivindicó siempre los cambios revolucionarios. Sin ellos, no se hubiera llegado a las transformaciones que hoy nos hacen quienes somos: la revolución francesa, la inglesa, la norteamericana.
“Conquistas perdurables e importantes se lograron en todas partes de Occidente, empezando por los Países Bajos, siguiendo por Inglaterra, y las colonias inglesas de América y Francia… Allí, el advenimiento de la burguesía al poder a través del desplazamiento de la aristocracia feudal se llevó a cabo a través de procesos revolucionarios violentos.”
Y sigue:
“el caso de la revolución francesa fue un proceso agónico, no sólo violento, sino extremadamente dilatado, pues la aristocracia consiguió más de una vez frenar los avances de la burguesía y restaurar el régimen institucional anterior. En el resto de Europa la revolución burguesa fue fuertemente estimulada por las acciones de fuerza del ejército napoleónico, que se paseó por el continente derribando monarquías absolutas. La revolución inglesa, la que importa, que fue la de 1649, estuvo también lejos de ser un proceso idílico y mostró por primera vez en la historia moderna el protagonismo político de la burguesía a través de una fuerza armada propia, el ejército liderado por Oliver Cromwell”.
Después, como hijo de su tiempo, vivió parte del proceso revolucionario de América Latina. Su juicio sobre la revolución cubana es terminante:
“este proceso le había demostrado a América Latina, que era posible derrotar a un ejército oligárquico y tomar el poder. Significó un punto de referencia concreto a aspiraciones revolucionarias confusas y permitió reformular en otros términos la discusión entre las corrientes reformistas y revolucionarias que entonces existían en el país”.
Desde el anarquismo, en aquellos años, se alentaba el horizonte insurreccional: “y aunque nunca lo explicitamos de esa manera, nuestra concepción de asalto al poder era insurreccional, es decir, suponía una activa participación de amplios sectores de trabajadores…” Los tiempos que corrían eran distintos, claro:. Los años de la revolución triunfante en Cuba, de la revolución cultural en China, de la resistencia antiimperialista en Vietnam, eran años en que, como él mismo escribe: “las noticias que oíamos cada mañana eran distintas a las que se oyen hoy. Y eso producía un auge de las luchas y una mística revolucionaria fuerte que a todos nos alcanzaba. Te estoy hablando de 1964, 1965, 1966, 1967, 1968”.
Pero aún hoy, o hasta hace apenas ayer, Cores pensaba que era el carácter “estructural” de la crisis el que reclamaba por un cambio revolucionario: lo había reclamado en los sesenta, y lo había reclamado ahora. ¿Qué era un cambio revolucionario? Baste citar nuevamente sus palabras:
“sin una profunda modificación de las estructuras agrarias, sin quebrar la hegemonía del capital financiero y sin quebrar la dependencia, todo lo cual supone cambios de tipo revolucionario, no es posible detener el agravamiento del deterioro económico que padecen las grandes mayorías nacionales”.
En estas condiciones, el sistema político funciona “falto de irrigación popular, una suerte de magma espeso que actúa como una lápida sobre las esperanzas de cambio”. La contrapartida, según Cores, “es el desinterés, la desconfianza en los políticos”. Y la apatía política es el peor enemigo de la democracia.
Su idea de la revolución, incluía centralmente el dilema democrático:
“la cuestión principal a resolver es cómo se articula el desarrollo de la infraestructura económica, de las fuerzas productivas y de las relaciones de producción, con el de la democracia y de la participación de los trabajadores, de la mayoría de la población, en el desarrollo político, cultural y económico de los pueblos y el respeto por su identidad nacional y su autodeterminación”.
Hoy los objetivos de una acción revolucionaria pasan por la ampliación de la democracia, con todos los atributos de gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo. Y ésta es la política de la emancipación. Una política que sólo puede existir si existe una utopía:
“No puedo aceptar el repudio a la utopía, al menos que sea a las utopías reaccionarias como el falangismo, el fascismo o la fundación del Tercer Reich… Todo programa de cambios en un sentido popular y progresista comporta una utopía. Esto es válido no sólo para el socialismo. Lo es también para el propio cristianismo. ¿Se ha realizado en algún lugar el ‘programa’ contenido en el evangelio o el programa artiguista, federalista, popular…? ¿El Uruguay real sería el que es sin la utopía evangélica, sin la utopía artiguista, sin la utopía socialista. Por esas utopías luchamos. La utopía que implica rebelarse ante el fatalismo, marca a la vez la necesidad, para quien aspira a los cambios, de transformarse a sí mismo. Tenemos que medirnos no sólo frente a la sórdida realidad de la miseria de hoy, sino frente a la grandeza de nuestros proyectos de cambio. Medirnos para empinarnos sobre nuestras flaquezas y no para resignarnos a ellas… El mundo ha cambiado. Las condiciones para luchar por nuestra utopía de justicia y libertad han cambiado, pero no ha cambiado nuestra inquietante, exigente, removedora utopía de un mundo sin explotados ni explotadores, sin opresores ni oprimidos, es decir, por un mundo socialista”.

viernes, 2 de noviembre de 2007

¿silencios austeros o silencios criminales?



Publicado en revista
“INTERNOS” de AFCASMUNº 37/38 noviembre 2007 y en SEmanario AREQUITA de Minas
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Militares presos por haber perpetrado gravísimas violaciones a los derechos humanos, han clasificado a una serie de artículos publicados en Internet, como la ruptura de un silencio “austero” mantenido durante más de 30 años. No debería asombrarnos en boca de estos siniestros personajes el adjetivo con que califican una conducta que no merece otro calificativo que el de silencio criminal. Basta leer los discursos de los militares durante estos últimos 30 años, los pronunciamientos de los centros militares, para tener una muestra de cómo se ven a si mismos. Sí nos asombra, que algunos medios de prensa, repitan ese adjetivo.


Por otra parte, en honor a la verdad, hay que concluir que para lo único que importaría que abrieran la boca, no lo hacen. Por eso existen en el Uruguay más de 200 desaparecidos y por eso decenas de familiares – como Luz Ibarburu, Quica Errandonea y Tota Quinteros entre otras, - han muero sin saber que pasó con sus hijos.


Hay muchísimas cosas que diferencian a quienes luchan en este país contra la impunidad, de aquellos que se amparan en ella. Pero hay una que merece destacarse hoy: los primeros no caen en la infamia, ni en las mentiras para defender una causa justa, mientras que los segundos no dudan ni un instante en usar la mentira y la infamia para intentar amparar conductas que según la Convención Interamericana Sobre Desaparición Forzada de Personas constituye “una grave ofensa de naturaleza odiosa a la dignidad intrínseca de la persona humana”.


Por esa diferencia sustancial, creemos importante probar por qué no nos encontramos ante un silencio “austero”, sino criminal. Según el artículo II del citado instrumento legal citado renglones antes, la conducta criminal de la desaparición forzada implica además de la privación de libertad cometida por agentes estatales “la falta de información o de la negativa a reconocer dicha privación de libertad o de informar sobre el paradero de la persona”. Durante muchísimos años, los militares no tuvieron el valor de reconocer las privaciones de libertad de los ciudadanos desaparecidos. Es más, inventaron mentiras para ocultar esa conducta represiva, y cuando ya no tuvieron condiciones para seguir sosteniendo eso, mintieron y siguieron ocultando el paradero de los desaparecidos.


Gente como Tota Quinteros supieron leer con exactitud lo que ellas habían, de alguna manera, dictado a la comunidad internacional para que se materializara en el texto de la Convención sobre Desaparición de personas, el drama de miles de personas victimas del accionar despiadado de quienes se dicen mantenedores de un “austero” silencio. Por esa razón no solo se sintieron ofendidas por las conductas de los Gavazzo, los Silveira, los Ramas, los Cordero sino que también comprendieron que se encontraban ante conductas odiosas.


Hace pocos días, un integrante de la Corte Suprema de Justicia de la Argentina al referirse a la decisión que habían tomado de anular los indultos dictados por el entonces Presidente argentino Carlos Menem, expresaba algunos conceptos que nos es importante tener muy en cuenta tanto a la hora de valorar los intentos de Gavazzo y sus secuaces de afectar la memoria de gente como Tota Quinteros, como de los desafíos que tiene planteada la sociedad uruguaya con relación a la impunidad.


Con referencia al último aspecto, sabido es que las leyes de impunidad tanto de Uruguay como de Argentina y los indultos de ésta última, fueron iniciativas tomadas por poderes del Estado (los Parlamentos en las leyes de impunidad y Poder Ejecutivo en el caso de los indultos). Y que en el caso de Uruguay, una suerte de Poder constituido al solo efecto de pronunciarse sobre la ley de caducidad (la voluntad popular expresada en el Referéndum), instauró en nuestro ordenamiento jurídico interno la ley 15.848.


En el Uruguay sabido es también, la falta de voluntad política del Poder Legislativo y el Ejecutivo con mayoría de la fuerza de izquierda, para establecer la nulidad de la ley de caducidad. Falta de voluntad política que ha quedado atrincherada en el falso argumento de que no pueden ni deben afectar una norma que fue tomada en el marco de las atribuciones del Parlamento primero y del soberano posteriormente.


De ahí que sea importante preguntarse si en el caso de los indultos presidenciales que recientemente anuló la Corte Suprema de Argentina y la nulidad que aspiramos sea establecida por el parlamento uruguayo respeto a la ley de caducidad, se afecta en algún modo decisiones que son atribuciones de los parlamentos, los poderes ejecutivos y de la voluntad popular.


Preguntado sobre ese aspecto el Juez de la Corte argentina Raúl Zaffaroni responde que no se afecta los poderes constitucionales ni del Parlamento ni de la decisión popular, sólo que lo que esos poderes resuelvan no puede ser inconstitucional, o sea, que no pueden resolver leyes que impidan castigar delitos que constitucionalmente no pueden ser indultados, como lo son los delitos de lesa humanidad, que no son indultables en función de las convenciones internacionales incorporadas al derecho interno o del derecho internacional que obliga a la Nación. Para el magistrado argentino, la nulidad de los indultos, que entre otros, favorecieron a Gavazzo, Cordero, Silveira y Campos Hermida, son “ una consecuencia de la jurisprudencia de la Corte Interamericana en el caso “Barrios Altos” del Perú, o sea, la necesidad de remover todo obstáculo legal que impida el procesamiento regular de los responsables de delitos de esta naturaleza".


Que esa consecuencia también tenga efectos en nuestro país, es lo que preocupa a Gavazzo y compañía.


Sobre los fallidos intentos de pretender afectar la vida y la lucha ejemplar de Tota y de otros luchadores sociales, nos limitamos a repetir lo que expresó al magistrado argentino “Quien ejerció el crimen al amparo del poder es un cobarde por definición”.


Raúl Olivera Alfaro


Integrante de la Secretaria de DD.HH y Políticas Sociales del PIT/CNT

jueves, 1 de noviembre de 2007

Las leyes de juego de los desafios democráticos


Publicado noviembre 2007 en Trabajo y Utopia

Los desafíos democráticos de una sociedad, siempre concluyen produciendo avances en la comprensión ciudadana sobre los temas en debate. Luchar contra la dictadura, para el pueblo uruguayo, significo un grado de compromiso aun mayor con la democracia, que aquel que estuvo planteado en los orígenes del autoritarismo con los desbordes del pachequismo.
Esto es así, tanto porque resolver esos desafíos implica desarrollar esfuerzos cívicos que para que sean efectivos deben contar con un arsenal de razones para ponerlos en acción, como por la confrontación de ideas que se ponen en el debate.
Por otra parte, importa de sobremanera, el escenario en que ese desafió se juega.
Con el desafió democrático que se plantea la Coordinadora por la Nulidad de la Ley de Caducidad, ocurre eso.
Es más, aun con el resultado adverso del desafió del voto verde, también ocurrió que de esa lucha, de esos debates ninguno que haya participado, salió igual a como entro.
Es bueno reconocer, que las expectativas desmedidas que se tenía en torno al resultado de aquel desafío tan desigual, produjo en el movimiento popular efectos negativos inmediatos importantes. Pero pasados esos efectos, la recomposición del movimiento popular se realizó desde bases más firmes. No entenderlo así, implicaría dejar sin una de sus explicación los avances que las ideas del cambio tuvieron en el Uruguay, y más aun los avances en la lucha por la verdad y la justicia que se han operado, desde aquella derrota de 1989 y este 2007 donde connotados represores están procesados y numerosas causas están abiertas.
Decíamos mas arriba que importaba de sobremanera, el escenario donde trascurren las luchas democráticas. En este caso de la lucha que empieza a desarrollarse con fuerza a lo ancho y largo del país, el escenario tiene límites muy precisos. Sin embargo, hay algunos aspectos que deberían resaltarse.
También es cierto que ese escenario, tiene una complejidad adicional: una de las resistencias parece, al menos por ahora, estar ubicada a nivel del gobierno ejercido por fuerzas históricamente comprometidas con la profundización de la democracia..
Gobierno que cuenta con fuerza institucional para resolver la situación, ya que cuenta con los votos suficientes para transitar cualquiera de los caminos posibles para terminar con la impunidad. Ya sea anulando la ley de caducidad por iniciativa parlamentaria, o poniendo sin restricciones su voluntad política para que sea el soberano, quien lo resuelva en última instancia.
Dentro de los aspectos, que creemos que deberían resaltarse en el escenario de esta lucha, hay uno que no es menor.
No es cierto que exista a nivel programático, una definición de la fuerza en el gobierno, que lo obligue a trabajar para mantener la ley de caducidad. Es cierto, que no alcanzaron los votos en el Congreso Héctor Rodríguez para establecer que la adecuación de nuestro ordenamiento legal interno con los compromisos internacionales asumidos por el Estado uruguayo, se hiciera con la anulación de la citada norma. Pero tampoco alcanzaron los votos reglamentarios, por la negativa.
Es bueno recordar, que finalmente este tema se laudo con una amplísima mayoría, reafirmando no solo que la impunidad constituía una traba para la vida democrática, sino que maniataba al futuro gobierno a HACER REALIDAD LA ADECUACIÓN DE NUESTRO ORDENAMIENTO LEGAL A LOS MANDATOS DE LA LEGISLACIÓN INTERNACIONAL.
Pero supongamos que la fuerza política que hoy es gobierno, hubiera sido mandatada por su Congreso, a mantener la ley de caducidad. ¿Qué pasaría?
Existiría un gobierno con una voluntad política contraria a una obligación que ya no es del gobierno, sino del Estado.
Cuando en el Uruguay, alguien comete un asesinato, el Estado a través de uno de sus Poderes, actúa y persigue a los autores de ese delito. Eso lo hace, independientemente que algún familiar del asesinado, reclame el castigo para el autor. Esto es así, porque investigar, hallar el culpable, juzgarlo y castigarlo, es una obligación del Estado. Tan es así, que en caso de delitos de ese tipo, la acusación corre por cuenta del representante del Estado (el fiscal). Es el Estado el que asume la capacidad punitiva de la conducta delictiva.
Sin embargo, hay asesinatos y delitos más graves que ese, como la desaparición, en la que el Estado no sólo no actúa amparado en la ley de caducidad, sino que tampoco en aquellos que no están incluidos en la caducidad de la Ley 15.848, actúa con la obligación que como Estado tiene de hacer actuar en todos los casos a la Justicia.
El Estado, espera a que algún familiar se presente ante los estrados judiciales, cuando por la índole de los delitos de que se trata, debería de ser él quien se constituyera en parte querellante mediante los Fiscales que están bajo su dependencia. Por esa razón no todos los casos que de acuerdo a la interpretación que de la caducidad realiza este gobierno, no están amparados por la caducidad, son investigados.
Este escenario donde hoy se desarrolla esta batalla para librar al Gobierno de la atadura que le impusieron la aprobación de la ley de caducidad, pasa por dejar claro que no se puede confundir las definiciones de una fuerza política, con las obligaciones que tiene el Estado.
Aceptar esa confusión de roles, conduce a cosas muy graves. Puede conducir, que dentro de tres años en caso de producirse un cambio de la fuerza que detenta el gobierno, ese nuevo gobierno de marcha atrás – porqué así se lo establezcan los organismos de esa fuerza política-,en algunas determinaciones que con relación a los hechos del pasado se tomaron. Y por ejemplo, los casos que permitieron la gran mayoría de los procesamientos de militares y policías, vuelva a estar dentro de la ley de caducidad, y que por esa razón los hoy procesados deban volver a estar libres.
Resumiendo una fuerza política, tiene la soberanía de votar como norte de sus conductas futuras, lo que quiera, siempre y cuando, esas resoluciones no vayan contra las obligaciones que tiene el Estado, independientemente de quien este al frente del gobierno.
Establecer la verdad sobre los crímenes de la dictadura y castigar a todos sus responsables, es una obligación del Estado uruguayo. Y no es un problema de mayor o menor voluntad política de quien coyunturalmente ejerza el gobierno.
Las condenas de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA y de las Naciones Unidas, relacionadas a la ley de caducidad, son al Estado uruguayo.
Si la fuerza en el gobierno, no recorre el camino de anular la ley de caducidad, el voto de los uruguayos, tendrá dos logros: terminar con la impunidad y librar de la incongruencia a una fuerza política que confunde – si existiera- la definición de una fuerza política con una obligación del Estado. Que por otra parte, es irrenunciable.
De ahí, que también debe descartarse de plano, cualquier intención de atribuir esta campaña, como parte de una lucha contra el gobierno. Todo lo contrario.

viernes, 5 de octubre de 2007

PARA QUE LA IMPUNIDAD NO SEA MAS PATRIMONIO DE LOS URUGUAYOS



Publicado en Semanario "AREQUITA" de Minas Nº 518 del 5/10/07

En nuestro país es ya una costumbre celebrar anualmente en el mes de octubre el Día del Patrimonio. Si bien, como muchas cosas, esta costumbre se adoptó imitando a otros países, los valores nacionales que se intenta difundir son propiamente nuestros, más allá de ciertas similitudes que guarden con otros patrimonios culturales de otros países. A modo de ejemplo, cuando dentro de ese patrimonio se incluye al Tango, ese bien cultural es compartido por nuestros hermanos argentinos.
En ese día, por ejemplo, todos los edificios gubernamentales, museos, instituciones educativas, iglesias, edificios y hasta casas particulares, que tengan interés histórico o arquitectónico están abiertos al público. Esto es así, porque en sus comienzos el énfasis estaba puesto en el patrimonio arquitectónico del país. Con el transcurrir del tiempo se comenzó a ampliar lo que se consideraba como el patrimonio de los uruguayos y por lo tanto se amplió a todo aquello que se valora como integrante de una suerte de herencia que nos dejan nuestros antepasados. De esa manera, hace dos años se dedico el día del patrimonio a Don Carlos Solé, el relator de fútbol que nos dejó de herencia en el paisaje sonoro uruguayo el relato del gol que enmudeció el Estadio de Maracaná en 1950.
Cada año el Día del Patrimonio tiene un tema central de celebración y difusión patrimonial, y junto a él se instalan también otros temas de celebración patrimonial. El año pasado se organizo una suerte de homenaje a las tortas fritas, y a las murgas como uno de los ritmos tradicionales de nuestro Carnaval.
De una manera u otra desde que en 1995 se empezó a celebrar esa fecha, su popularidad se ha acrecentado de manera tal que miles de uruguayos –y aún extranjeros-, visitan, escuchan, miran y recuerdan esas herencias arquitectónicas, musicales y culturales. Herencias que por ser dignas de perdurar en el tiempo, la sociedad no sólo se preocupa por mantenerlas, sino que también se preocupa por darlas a conocer a las generaciones futuras.
Este año, por ejemplo Rosa Luna, Martha Guiarte y Lágrima Ríos serán homenajeadas, destacando los aportes de la raza negra a la cultura del Uruguay y en la conformación nacional, la independencia, la cultura y la identidad del Uruguay.
Desde que existe la escritura, los seres humanos se han preocupado por registrar historias, vivencias o productos de su imaginación. Sin embargo, no toda la producción literaria del hombre y la mujer, ha merecido que perdurara. Lo mismo sucede con otras expresiones del arte, del conocimiento o de la técnica.
Es decir que la humanidad, el hombre elige, determina aquellas cosas que ha hecho, para que perduren, para que sean la herencia que dejan a las generaciones futuras. A nadie se le ocurriría, salvo que se trate de la herencia maldita, integrar a nuestro patrimonio el artículo de la Constitución de 1830 que no prohibía la pena de muerte o aquel que excluía a la mujer del derecho a la ciudadanía y la suspendía al tratarse de sirviente a sueldo o peón jornalero.
Algo parecido sucede con la impunidad consagrada por la Ley de caducidad. El patrimonio, la herencia que le dejamos a las generaciones futuras, si no libramos a nuestro ordenamiento legal interno de esta norma nefasta e inconstitucional, será una cultura de impunidad.
¿Que opción ha hecho el Estado uruguayo en sus diversos poderes con relación a nuestro pasado reciente?
No incorporó al patrimonio histórico la versión de la dictadura registrada en el libro “La subversión. Las Fuerzas Armadas al Pueblo Oriental” publicado por la Junta de Comandantes en Jefe en 1977, en la que sostenía que las denuncias internacionales sobre la coordinación represiva que se realizaban contra la dictadura era “una información no siempre veraz y, en ocasiones, decididamente falsa. Y que por ello en dicho libro pretendían “mostrar desnuda toda la verdad, para la real apreciación de los hechos”, a través de “la sacrificada labor cumplida por las Fuerzas Armados, Ejército. Fuerza Aérea y Armada, juntamente con los servicios de Policía, en una lucha sin tregua para erradicar la subversión del suelo de la República”. Según las Fuerzas Armadas“Construido con material irrecusable, este libro constituye una exploración sistemática y paciente del morboso clima de violencia desatado por minúsculos grupos de irascibles, fracasados y resentidos, sin base popular ni apoyo de opinión, en el desesperado intento, fomentado desde afuera, de cuestionar el orden y la legalidad en un auténtico Estado democrático, que pacientemente elaboró su propio progreso y cultura y esforzadamente procuró perfeccionarlos”.
Sí incorporó la visión del Poder Judicial que al referirse a ese pasado reciente ha establecido que integrantes de las Fuerzas Armadas procesados por el Juez Luis Charles: “en el referido marco de conexión entre las fuerzas represivas de ambos países, viajaban constantemente a la República Argentina, intercambiaban información, interrogaban con apremios psico-físicos, efectuaban detenciones y traslados clandestinos (…) Los interrogatorios se realizaban con los detenidos vendados, -aunque ocasionalmente se identificaban o les quitaban las capuchas- sometiéndolos a diversos apremios psico-físicos, tales como colgamientos, picana eléctrica, submarino, golpes, entre otros, que denigraban en su condición de personas”.
También incorporó de la Comisión Para la Paz la “convicción plena acerca de las graves violaciones a los derechos humanos perpetradas durante el régimen de facto. Desde la tortura, la detención ilegítima en centros clandestinos, hasta llegar a los casos más graves de desaparición forzada, se constata la actuación de agentes estatales que, en el ejercicio de su función obraron al margen de la ley y empleando métodos represivos ilegales. La Comisión se permite subrayar, por último, que nadie está habilitado o autorizado, en ninguna circunstancia, a violar o desconocer los derechos humanos fundados en la propia existencia y dignidad de la persona”.
Ahora bien, si existe esa distancia entre como se pensaba la dictadura y como la concibe el Estado y la ciudadanía, ¿por qué la impunidad se mantiene como el patrimonio heredado de la presión militar, el miedo y la mentira?
Porque hasta hoy la sociedad no había tomado la iniciativa de que lo que corresponde es declararla nula con un efecto General para que quede claro que ha sido removida del ordenamiento jurídico y no deje ningún rastro. Para que esa norma deje de ir contra normas de Derecho Internacional inderogables, que prohíben que se dicten normas internas en los países que impidan el juzgamiento de hechos que pudieran ser calificados como crímenes de lesa humanidad. Para que el Uruguay deje de estar en falta frente a la Convención Interamericana de Derechos Humanos que estableció que la ley de caducidad es dictada contra normas que obligan al juzgamiento de crímenes de lesa humanidad. Además la ley de caducidad es manifiestamente inconstitucional, porque reconoce como fuente de la caducidad a la presión militar. Y la presión militar no puede ser fuente de derecho y menos aún incorporar a nuestro patrimonio esta herencia de la debemos avergonzarnos frente a nosotros y a las generaciones nuevas que la han heredado como “peludo de regalo”.
Por eso la impunidad no debe ser más patrimonio de los uruguayos. Para ello la sociedad uruguaya tiene pleno derecho a exigirles a sus representantes que ejerzan el control de legitimidad sobre la Ley y la declaren nula con alcance General y si ello no es posible la voluntad ejercida directamente por la ciudadanía, lo hará.

domingo, 26 de agosto de 2007

UN NUEVO ESCENARIO DE LUCHA POR LOS DERECHOS HUMANOS.

Publicado en Trabajo y Utopía Nº 71 agosto 2007

La instalación en el país al frente de gobiernos municipales en varios Departamentos del interior del país, de una fuerza política ligada históricamente a las luchas del movimiento sindical, es un dato nuevo de la realidad política del país. Ha ello se suma, la experiencia que ya se vivía en Montevideo, desde hace muchos años.
Escenario político que también cuenta con otro elemento muy importante: que esa nueva fuerza política además detenta el gobierno nacional con mayorías parlamentarios suficientes para transformar en leyes muchas de sus históricas banderas.
Se trata de un escenario, que presenta sus complejidades, ya sea a partir del relacionamiento de esas administraciones con sus trabajadores en particular y con las reivindicaciones del movimiento sindical en general.
El "BORRADOR ANTEPROYECTO DE LEY DE DESENTRALIZACION LOCAL”, puesto a consideración recientemente por el Poder Ejecutivo, plantea un gran desafió para las organizaciones políticas y sociales, en las que el movimiento sindical no puede estar ajeno. Es más, seria saludable para que ese proceso de transferencia de poder implícito en una descentralización de signo progresista, contar con el involucramiento de una fuerza social con la fortaleza y la independencia frente a los partidos políticos y el Estado, como la que ha mantenido el movimiento sindical.
Un proyecto de ley que establece que son principios cardinales del sistema de descentralización local la participación de los ciudadanos en la administración y el acercamiento de los ciudadanos a la gestión del Estado, pone en el escenario anteriormente descrito una herramienta de participación de carácter sustantivo en la que los trabajadores deberíamos jugar un papel relevante. Sobre todo si esa participación del ciudadano tiene las atribuciones de “cumplir y hacer cumplir la Constitución, las leyes” y “velar por el respeto de los derechos y garantías fundamentales de los habitantes”.
Un artículo publicado recientemente por Roberto Bissio bajo el titulo “EL DERECHO HUMANO A NO SER POBRE”, expresa que “Si en algo ha avanzado el mundo desde el fin de la Guerra Fría en 1989 ha sido, sin duda, en el respeto a los Derechos Humanos (así con mayúscula) y en el fortalecimiento de los mecanismos para hacerlos efectivos. Mientras tanto en el mundo real cada tres segundos muere un niño por causas vinculadas a la pobreza”. El artículo expresa que a pesar de que esas muertes que se podrían evitar eran un acto criminal, ese crimen no ha tenido jamás criminales identificables a los que se pueda llevar al banquillo de los acusados. Ante esa situación y la necesidad de defender el derecho a la vida de los pobres, la alta comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, en un documento titulado “POBREZA EXTREMA Y DERECHOS HUMANOS: LOS DERECHOS DE LOS POBRES”, incluyó algunos principios rectores concretos para que los derechos humanos también lleguen a los pobres, incluyendo en algunas circunstancias el reclamo de castigo a los culpables. Dicho documento define a la pobreza no como falta de dinero sino como “una condición humana que se caracteriza por la privación continua o crónica de los recursos, la capacidad, las opciones, la seguridad y el poder necesarios para disfrutar de un nivel de vida adecuado y de otros derechos civiles, culturales, económicos, políticos y sociales”.
De ahí que ese proyecto de descentralización, en tanto transferencia de poder a los ciudadanos, puede ser un a eficaz herramienta para materializar los derechos tantas veces estafados a los ciudadanos y terminar con esa otra esfera de la impunidad. Para ello es fundamental la participación y la organización de la gente.
Es en ese aspecto, el de la participación, donde los trabajadores que tienen una cultura de la organización pueden jugar un importante papel. Ya sea como trabajadores municipales, o como una de las más importantes –y a veces única-, forma de organización de sectores populares existente en el interior del país.
Sabido es, las dificultades que atraviesan al tejido social para el desarrollo de formas organizativas permanentes, cuando ellas deben desarrollarse en espacios sociales donde no existen o son muy incipientes las formas de participación ciudadana.
La participación es una actitud militante, al menos cuando esta es una herramienta para los cambios profundos en la sociedad.
Deberemos entonces, reflexionar sobre la crisis de militancia y adoptar las medidas posibles para contribuir a resolverla. Hay algunos aspectos o causas que responden a un fenómeno general en el mundo y otros que tienen que ver con circunstancias nacionales.
Mucha gente esta aun sufriendo las consecuencias por la forma en que se resolvió la transición de la dictadura a la democracia y los resultados que ella dejo. El mantenimiento por parte de la primera administración de Sanguinetti de la misma política económica de la dictadura y los reveses de las luchas de muchos gremios, mataron la esperanza de que con la recuperación de la democracia se solucionarían las condiciones de vida de la población.
Por otra parte las políticas de ajuste que hasta no hace mucho tiempo se aplicaron en el país, produjo sin ninguna duda efectos sociales profundos que se sumaron a los efectos de los años de dictadura. El desmantelamiento de gran parte de la industria llevo a que muchísimos trabajadores se transformaran en “cuentapropistas”, vendedores ambulantes o emigraran al exterior. El desempleo debilitó a muchos gremios.
Por otro lado también se produjo un debilitamiento de la pequeña burguesía, donde una parte de ella abandono su vínculo con la clase obrera.
Todos esos elementos incentivaron el individualismo y las dificultades para la conformación de formas de trabajo colectivo y el debilitamiento de la participación como motor de un movimiento transformador.
Revertir esa situación transformar la apatía, el escepticismo, la salida individual en entusiasmo militante es el desafió actual, que también es puesto a partir de los procesos de Descentralización. Si no somos capaces de construir esa materia prima de la participación, no serán posibles las transformaciones de fondo de nuestra sociedad.
Muchos de los militantes tienen doble empleo y militar se hace a costa de un gran sacrificio personal. Por eso es fundamental generar una conciencia que los procesos de cambio suponen un momento de anudamiento y de ruptura en los que es necesario ejercer la fuerza del pueblo organizado. Ese es un gigantesco esfuerzo que se desarrolla en las formas de defender los derechos, en el desarrollo de una cultura de la participación que permita afianzar los lazos de integración social, de politización de la sociedad.
Contribuir a salir de un proyecto de sociedad excluyente y fragmentada a una sociedad incluyente, es el desafió de la etapa. Terminar con un modelo que reposa en el silencio de la sociedad civil, y construir un modelo con justicia social, solo es posible con actores sociales fuertes. Desafió que implica entretejer diferentes redes de relaciones y lógicas de acción colectiva en un contexto donde la lógica del mercado ha producido una profunda desorganización de la sociedad. Desafió de elaborar e implementar acciones para el conjunto de la comunidad, desde estas nuevas esferas de la acción de los gobiernos locales con la más amplia participación ciudadana en la que se desarrollen la capacidad de las políticas institucionales, para organizar a la sociedad e integrarlas.
Los sindicatos han sido y son portadores de un proyecto político-cultural y en ese marco históricamente han interactuado con otros sectores de la sociedad influyendo en ellos y contribuir al reforzamiento del tejido social como espacio democrático y participativo.
Con relación a los problemas y los desafíos que están implícitos en la reivindicación programática sobre la Descentralización y la Participación, impulsado por el gobierno, el movimiento sindical debe contribuir a enriquecer la reflexión teórica sobre este aspecto.
La política que deberá desarrollar el movimiento sindical en clave de defensor de los derechos de la gente debe ser para impulsar un proceso de participación no para gestionar los factores existentes sino para cambiarlos. Nuestra militancia no debe consistir en adaptarnos a las determinaciones de una realidad que en torno a la Participación nos es la más favorable. Debemos trabajar para cambiar ese escenario.

Raúl Olivera
Integrante de la Secretaria de Derechos Humanos y Políticas Sociales

jueves, 26 de julio de 2007

EL PAPEL DEL GOBIERNO BLANCO, ES PARTE DE LA VERDAD HISTORICA


La reciente publicación por parte del Poder Ejecutivo de lo que se ha denominado “LA INVESTIGACIÓN HISTÓRICA SOBRE DETENIDOS DESAPARECIDOS, EN CUMPLIMIENTO DEL ARTÍCULO 4º DE LA LEY Nº 15.848”, merece sin lugar a dudas, luego de leer sus voluminosos tomos, muchos comentarios. Este es uno de ellos, aunque no se refiera estrictamente a su contenido.
Realizarlo implicara que nos pongamos fuera de la ley y nos arriesguemos a sufrir multas y prisión. Decimos esto, porque el autor y el editor nos amenazan y nos prohíben en sus primeras páginas a realizar “toda reproducción, trascripción total o parcial” del contenido de la investigación so pena de “incurrir en el delito previsto en el artículo 46 de la ley 9.739 “.
Resulta insólito que una investigación, que dice ser en cumplimiento de la ley 15.848, tenga estas restricciones que en nada contribuyen al logro de los objetivos a los que dice estar destinada. Siempre pensamos que un trabajo, que sin busca, entre otras cosas, ser el fiel de la balanza frente a la versión de la dictadura contenida en los dos tomos de “URUGUAY: LA SUBVERSION. LAS FUERZAS ARMADAS AL PUEBLO ORIENTAL”, tendría un uso menos restringido.
Por otra parte, lo que manda el artículo 4º de la ley de caducidad, es una investigación administrativa y por tanto, su resultado es un documento público que no tiene más restricciones que su adulteración. Es cierto que este trabajo, no se rigió por la norma que regula las investigaciones administrativas, más allá que se lo ponga en cumplimiento del mismo. Esto se explica, seguramente, por la pleitesía que se le sigue rindiendo a la ley de caducidad en cada uno de los actos que con relación a nuestro pasado reciente.
Pero nuestra intención no era referirnos en extenso al contenido del trabajo de los distinguidos historiadores, que en lo conceptual es ampliamente rescatable. Y que por esa razón nos preocupa las restricciones a que nos referíamos al comienzo. Restricciones, que por supuesto no respetaremos.
De ahí que nuestro delito será hoy menor, ya que solo trascribiremos algunos partes del mensaje del Presidente de la República que encabeza el trabajo.
Dice el Presidente Vázquez que la investigación “…reafirma el valor y la dignidad de quienes sobreponiéndose al terror y al dolor de aquellas circunstancias, buscaron a sus seres queridos desaparecidos, reivindicando la vigencia de los derechos humanos y lucharon junto a muchos otros por la recuperación de la democracia”. Y Continua “Denota el compromiso ético y la responsabilidad ciudadana de un amplio arco de personas e instituciones que una vez reestablecida la democracia no se resignaron a esa suerte de agnosticismo cívico del “no se puede” o “no vale la pena”, sino que continuaron o emprendieron acciones concretas a favor de la verdad y la justicia”.
Luego al referirse a ese arco de personas e instituciones que emprendieron acciones concretas a favor de la verdad y la justicia, incluye a quienes efectivamente hicieron y hacen eso, y también a los partidos políticos y las fuerzas armadas. Sobre estas últimas, los hechos establecen claramente el papel nefasto que han cumplido hasta hoy, donde existen más de 200 desaparecidos y aun no han admitido ni clarificado la existencia de traslados clandestinos seguidos de ejecución de decenas de ciudadanos uruguayos.
Sobre los segundos, los partidos políticos, no puede realizarse una invocación tan genérica. Amén de aquellos que juntaron sus votos para la aprobación de la ley de caducidad, esta muy claro el papel que cumplieron los gobiernos colorados, del primero al último.
Pero el partido nacional, además de desmarcarse del proceso de la transición por su ausencia en el pacto del Club Naval, sigue sosteniendo que durante su administración no existieron denuncias, y que de haberlas habido, hubieran cumplido con lo que establece el artículo 4º de la ley de caducidad. Nada más falso.
Hagamos un poco de historia. A la salida de la dictadura el entonces diputado de la IDI Nelson Lorenzo Rovira denuncia ante la justicia penal a funcionarios policiales por la desaparición de Elena Quinteros . En el curso del año 1987, el gobierno de Sanguinetti en cumplimiento del artículo 4º de la ley de caducidad, establece que “hechas las averiguaciones” en “sus registros no existen antecedentes con respecto a los hechos denunciados” .
Tres años después, el 25 de junio de 1990 ante Juan Andrés Ramírez Ministro del Interior del gobierno del Dr. Lacalle, Nelson Lorenzo Rovira reclama “el efectivo cumplimiento de lo ordenado por el Poder Ejecutivo…en función (…) de que el Poder Ejecutivo, atento a lo establecido en el artículo 4º de la ley 15.848, dispuso (…) que los servicios a cargo del Ministerio del Interior investigaran lo denunciado…”.
Luego de denunciar que habiendo dispuesto el Presidente Sanguinetti el 3 de noviembre de 1987 que el Ministerio del Interior lo notificara de las conclusiones a que se habían arribado en cumplimiento del artículo 4º, recién 31 meses después eso se cumplió, Lorenzo Rovira reclama que “Se sirva disponer el efectivo cumplimiento de lo ordenado por el Poder Ejecutivo el 4 de agosto de 1987, conforme artículo 4º de la ley 15.848…” .
Un día después ante el Propio Presidente Lacalle y su Ministro de Relaciones Exteriores , Lorenzo Rovira además de reclamar lo mismo que ante el Ministerio del Interior, solicita a la luz del resultado de la Investigación realizada por la Dra. María del Lujan Flores de Sapriza , la ampliación de la investigación en la orbita del Ministerio de Defensa.
El 17 de julio de 1990 aconsejado por sus asesores jurídicos dispone que “…ya cumplió con la disposición de la instrucción de las investigaciones correspondientes” por lo que “…no correspondería proceder a efectuar una ampliación de las investigaciones practicadas ni tampoco disponer nuevas” .
De esta manera, el gobierno blanco se sumó a la política de impunidad que llevó su antecesor Sanguinetti y continuaron los posteriores del partido colorado.
Esta igualación entre las conductas de los distintos partidos que tuvieron responsabilidad a nivel de asumir las responsabilidades del Estado, es igualmente nefasta como la igualación de victimas y victimarios.

Raul Olivera Alfaro.
Integrante de la Secretaria de DD.HH y Políticas Sociales del PIT/CNT.