Articulos de prensa y trabajo publicados en distintos medios por Raul Olivera Alfaro, fundamentalmente relacionados al tema derechos humanos.
viernes, 15 de febrero de 2008
HISTORIA Y PERSPECTIVA DEL MOVIMIENTO OBRERO
Por
Raúl Olivera Alfaro.
Esto que trasmitiremos, son solo algunos apuntes en torno a la historia y perspectiva del movimiento obrero. Empezaremos por referirnos al contexto en que se procesa la unidad del movimiento sindical
Referirnos a eso es muy importante. Es imprescindible para aquilatar adecuadamente las respuestas que se articularon ante el proceso de autoritarismo creciente de los años 60 y su instalación con el golpe de Estado.
Pretendemos que las mismas sean una contribución a las responsabilidades y los desafíos actuales.
En nuestro país, existió una hegemonía de la burguesía durante un extenso periodo de su historia, en lo político, lo económico y lo social, que era ejercido en forma pacifica.
Que esa hegemonía tuviera un carácter institucionalizado, con la existencia de un importante peso del estado de derecho y por tanto en la que la persuasión política ocupaba un papel importante y predominante, es una diferencia importante entre nuestra formación social y otras del contexto latinoamericano.
Hugo Cores sostenía que Uruguay era “un país con largas tradiciones de convivencia y de dominación pacíficas donde el predominio de los elementos ideológicos” era muy fuerte.
En ese contexto, el desarrollo de la reproducción capitalista y una avanzada legislación permitió contemplar muchas de las demandas reivindicativas de los trabajadores. Al mismo tiempo, eso era acompañado de un desarrollo importante en los sectores medios y avances importantes en las áreas de la educación pública, la salud, etc.
A esa situación se llega también, con una contribución fundamental del movimiento obrero liderado por anarquistas y marxistas. Ese proceso de democratización y avance social en lo económico, lo político, lo culturales y de los derechos civiles, fue el resultado de las luchas de los trabajadores y de círculos intelectuales portadores de ideas socialistas instaladas en el país.
La muerte lenta pero inexorable de “la Suiza de América” y con ello el avance del autoritarismo, son la consecuencia de la finalización de una inserción del Uruguay en el sistema capitalista mundial que nos había permitido a través de la exportación con buenos precios de la lana, la carne y los cueros, tener tasas sostenidas de crecimiento del producto bruto y del ingreso de los trabajadores.
La caída de los precios de esos productos en 1930, produce un estancamiento del sector agro-exportador. Muchos de, los capitales de ese sector se trasladan a la industria y producen en el país un ciclo relativamente importante de prosperidad durante la segunda guerra mundial y que dura hasta mediados de los 50. Allí, se nacionalizaron los ferrocarriles, las obras sanitarias del Estado, una parte de la industria frigorífica, se crea la ANCAP, etc.
En 1955 se inicia una crisis estructural muy profunda en América Latina. Estancamiento de la producción, disminución del producto per cápita, comienzo del deterioro del nivel de vida de los trabajadores. Eso, en nuestro país, a diferencia de lo que ocurrió en países vecinos, no tiene consecuencias políticas inmediatas. En Brasil origino el suicidio del presidente de la república y en la Argentina golpes militares.
El reordenamiento internacional, el avance de las transnacionales y del imperialismo, acentúan la concentración monopólica de la tierra, debilidad en la industria de sustitución de importaciones, etc. En ese escenario, en 1959 Uruguay firma la primera Carta de intención con el FMI dando comienza a un proceso de adaptación a las condiciones cada vez mas duras que le imponen los centros financieros internacionales.
La existencia en el Uruguay de una estructura del sistema político, en la que los partidos tradicionales tenían una base electoral policlasista y un sistema de reclute electoral basado en el clientelismo, determina que, pese a los dictados del FMI no se pudiese terminar – con la profundidad que le era exigido en las Cartas de Intención -, con la distribución de empleos; con el sistema de previsión social, ni con todas las conquistas obreras.
Esa crisis de carácter estructural tendrá un desarrollo lento pero inexorable y de larga duración que será el telón de fondo del proceso de endurecimiento del gobierno de Pacheco Areco y la dictadura militar terrorista que le siguió.
Esa crisis estructural tan profundidad, no pudo también de dejar de producir efectos interesantes en sectores de los partidos tradicionales. Entre ellos, las leyes de reforma agraria de Ferreira Aldunate, la ruptura con el FMI y ciertas medidas populares que se intentaron poner en práctica durante el gobierno de Gestido en 1967, impulsadas por Zelmar Michelini y Alba Roballo.
El fracaso de esos intentos de resolver la crisis desde los partidos tradicionales que no pretendían afectar de manera profunda las estructuras agrarias ni la hegemonía del capital financiero, ni terminar con la dependencia; por un lado reafirmaron el carácter radical y estructuralmente transformador que debía revestir el programa alternativo que se debía levantar para enfrentar esa crisis y por otro lado supuso el abandono posterior de las filas de los partidos tradicionales de importantes hombres.
Hugo Cores, decir, que el Uruguay capitalista en esos años, ya había dado todo lo que podía dar y que con ellos nos encontrabamos ante un dato estratégico básico para el análisis del programa y las líneas de acción de las fuerzas que se plantearan luchar por los cambios estructurales en el Uruguay.
Se acentúa el proceso lento y muy pausado de desplazamiento a la izquierda de sectores importantes de las capas medias; aumenta la sindicalización de los trabajadores públicos que con el agravamiento de la crisis se irán incorporando a la CNT.
Empieza a actuar el MLN y se desarrollan importantes movilizaciones de trabajadores rurales. La influencia de la revolución cubana y el desarrollo de movimientos guerrilleros en América Latina, son un dato importante a la hora de analizar ese periodo tan fermental de nuestro pasado reciente. Al decir de Hugo Cores, “la revolución cubana demostró que en América Latina era posible derrotar a un ejército oligárquico y tomar el poder. Significó un punto de referencia concreto a aspiraciones revolucionarias confusas y permitió reformular en otros términos la discusión entre las corrientes reformistas y revolucionarias que entonces existían en el país”.
La represión policial a los trabajadores rurales de UTAA, genera un movimiento importante de acercamiento entre esos trabajadores y la vertiente obrera en donde tenía mucho peso los comunistas pero que también integraban independientes, socialistas, anarco sindicalistas y cristianos. El impacto de la crisis y la respuesta represiva del gobierno, ayuda a limar asperezas entre las distintas tendencias dentro del movimiento sindical.
En ese periodo nosotros como una de esas tendencias teníamos fuerza en el gremio grafico donde Gerardo Gatti, era su secretario general; en DUNSA con Leon Duarte, en bancarios donde actuaba Hugo Cores y otros gremios. En general nuestra influencia se expresaba en los sindicatos autónomos muy impregnados de prejuicios antipolíticos y anticomunistas.
El paso que dieron nuestros compañeros al participar y ser activos impulsores del proceso de unificación del movimiento sindical para conformar una central nacional unificada en donde estarían los comunistas, causo escisiones en nuestras filas. Por esa decisión, Gerardo Gatti fue tildado de “anarco traidor”.
Ese proceso de unificación del movimiento obrero, implicaba aglutinar distintas centrales sindicales que respondían a distintas tendencias sindicales y a los y a los sindicatos autónomos, en donde radicaba nuestra fuerza y presencia.
En ese proceso, solo quedo al margen la Confederación Sindical del Uruguay, que con el correr del tiempo quedo totalmente desprestigiada.
La constitución de la CNT fue y es un hecho cuya importancia trasciende al movimiento sindical, porque es un componente de otro proceso de la unificación que necesitara aun más tiempo para madurar: el de la izquierda en el campo político.
La CNT nace en el 64 y se consolida orgánicamente en enero de 1966. Hugo Cores al referirse a este fenómeno decía: “El que dirigentes que habían estado durante tanto tiempo tan enfrentados hayan decidido constituir un instrumento sindical en común daba confianza a un sector enormemente importante: los autónomos, que practicaban un sindicalismo muy combativo, pero muy teñido de apoliticismo y de tendencias de carácter economicista”.
En 1965 están dadas las condiciones para el desarrollo de un plan de lucha de la CNT con que ésta empieza a pesar en la vida nacional. El movimiento sindical empieza a resistir las políticas de ajustes al mismo tiempo que desarrolla su programa alternativo que supera la lucha reivindicativa de los temas del mundo del trabajo.
Se estaba en la construcción de una propuesta nacional que se anticipaba en el tiempo a lo que iba a ser el Programa de 1971, la propuesta de la unificación de la izquierda en el Frente Amplio.
Esa propuesta nacional a partir de la defensa del salario y las fuentes de trabajo propone un “Programa de Soluciones a la Crisis”. A través de ese Programa, se plantea soluciones de carácter nacional, antioligárquico y antiimperialista, como la nacionalización de la banca, la reforma agraria, la nacionalización del comercio exterior, la moratoria de la deuda externa, la defensa de la industria nacional, la defensa de los institutos de seguridad social, etc.
Lo que implicaba en el campo político, levantar un programa amplio, de carácter nacional, aglutinador de todas las demandas populares, era un aspecto, - debemos reconocer – que nosotros no percibimos con claridad lo importante que era. Ese fue un merito, fundamentalmente de los comunistas.
Ese proceso de unidad no estaba libre de duras polémicas sobre las líneas de acción de la CNT.
Nosotros le criticamos a la corriente de los comunistas, una conducción que aislaba algunos conflictos de enorme importancia nacional:El conflicto bancario y la huelga de UTE, la de la industria de la carne.
Hugo Cores al referirse a nuestra presencia en ese periodo de fines de los 60, decía que expresábamos “ la sobre vivencia de las ideas anarco sindicalistas con su énfasis puesto en la acción directa, la solidaridad, el carácter “finalista”, emancipador de la acción obrera, aquello que figura como lema de la Asociación Internacional de Trabajadores fundada por Marx de que “la emancipación de los trabajadores será obra de los trabajadores mismos”. Éramos anarquistas con simpatías por la revolución cubana, atravesadas por la revolución cubana, digamos… Con bastantes confusiones, pero empezando a reformular la vieja idea de acción directa de los anarquistas a partir del pensamiento del Che, lo que en algún momento Gerardo Gatti sintetizó en la consigna “acción directa a todos los niveles”. Esto implicaba, no sólo estimular el desarrollo de formas de resistencia violenta por parte de las masas, sino también la necesidad de gestar una suerte de aparato capaz de incursionar en formas de acción más complejas”.
Nosotros, desde el punto de vista de nuestros objetivos estratégicos en pos de la libertad y el socialismo, visualizábamos formas insurrecciónales de asalto al poder. Nuestra acción sindical era funcional a una concepción de construir el poder popular a partir de una activa participación de amplios sectores de trabajadores, de sus destacamentos más experimentados y concientes.
En esos años, nuestros debates, nuestras polémicas con otros sectores de la izquierda, era a dos bandas. Con el reformismo y con el foquismo.
Al foquismo lo catalogábamos como un atajo cortoplacista frente a la trabajosa y lenta tarea de gestar en el seno del movimiento de masas los destacamentos revolucionarios.
Esa concepción que teníamos implicaba, como decía Hugo Cores, “la lucha ideológica con las ilusiones reformistas, algunas de ellas heredadas del periodo anterior como el compromiso batllista entre la burguesía industrial, la clase obrera y la pequeña burguesía y otras que reverdecían a nombre del marxismo como: la “excepcionalidad de la vía uruguaya”, las posibilidades de un tránsito al socialismo a la chilena, etc”.
Sosteníamos era irrealizable construir una auténtica alternativa revolucionaria sin derrotar las concepciones reformistas que prevalecían en el movimiento obrero.
Imbuidos de esos objetivos para nuestros militantes era un requisito ineludible estar insertos en el movimiento sindical y/o estudiantil, participar activamente en todas las tareas cotidianas de organización. Resumiendo teníamos una línea política de masas que tenia como norte el desenlace de un proceso revolucionario a largo plazo y en la que no había atajos.
Es importante destacar entre los Principios fundacionales de la CNT, la fuerte reivindicación de la autonomía de la clase obrera y sus reivindicaciones frente a los partidos y al estado. Otros de los aspectos que dinamizaron los debates en el seno del movimiento sindical, se refieren a la inconveniencia o no, de que la CNT tuviera dirigentes sindicales rentados y a algunos obstáculos para el ejercicio de formas más democráticas y participativas en la vida de los gremios.
En esos dos temas, sosteníamos la necesidad de que los dirigentes fueran trabajadores en actividad como un aspecto fundamental de la democracia sindical, y con relación a las formas democráticas y participativas de la actividad en los gremios, jerarquizábamos la importancia de las asambleas generales y las juntas o congresos de delegados, como forma de evitar que las decisiones quedaran confinadas a los limitados círculos de las comisiones directivas. Pese a que esos temas fueron propulsores de grandes fricciones con los comunistas, siempre se mantuvo la unidad orgánica del movimiento sindical.
Con el telón de fondo la revolución triunfante en la Cuba de Fidel Castro, la revolución cultural de Mao Tse Tung y la derrota del imperialismo en el Viet Nam de Ho Chi Min, el desafió era cómo desarrollar el potencial del movimiento obrero, que vivía un periodo de auge, fruto de la unidad y fruto de la crisis económica
Todo ese escenario producía un auge de las luchas y una mística revolucionaria muy fuerte que marco a toda esa generación de finales de la década de los 60.
Las controversias en el seno de la izquierda intentaban resolver los problemas que según sosteníamos nosotros, no nos ponían a la altura de las fuerzas que la sociedad estaba desencadenando y que habilitaban procesos de transformaciones revolucionarias.
A modo de ejemplo, nosotros escribimos en un material de la Agrupación ferroviaria “DIGNIDAD OBRERA” de la ROE: “no queda para el pueblo otra salida que el enfrentamiento sin vacilaciones, que por largo y duro, no se puede rehuir. Está en juego la supervivencia de las organizaciones sindicales, entendiendo a éstas no como el decorado al régimen (...) es un momento pues, en que la unidad plasmada en la cnt es puesta a prueba. No se trata de saber si la central obrera surgirá entera sin haber luchado. De lo que se trata es de que esa unidad sirva y fortalezca la lucha de todos (...) se trata de evitar el aislamiento de los que luchan y para eso la unidad”.
A partir de esa preocupación a fines de los anos 60 en el seno del movimiento sindical se fue gestando un movimiento que se denomino “Tendencia Combativa”.
Ese movimiento era algo limitado en sus definiciones político-sindicales, pero llego a aglutinar en su seno a militantes de distintas extracciones políticas pero que tenían como denominador común el ser portadores de planteos sindicales radicales, que se confrontaban con las posiciones sustentadas por la dirección mayoritaria de la CNT orientada por los comunistas.
La Tendencia será un activo dinamizador de las luchas populares en el periodo que precedió a la dictadura, que partía de la base de la existencia de condiciones para desarrollar desde la CNT un enfrentamiento más general y profundo contra la política anti-popular del pachequismo.
A su vez en el desarrollo de la vida interna de los sindicatos, la Tendencia combativa propiciaba el desarrollo de formas más participativas de acción de masas, de democracia sindical, de descentralización en la toma de decisiones, de más consulta a las bases. Allí se aglutinaban sectores vinculados o simpatizantes del MLN, de la ROE, de los GAU, del Partido Socialista, del MIR, así como sindicalistas independientes y sectores radicalizados del movimiento estudiantil como el FER y la interagrupacional universitaria.
Debemos concluir hay, que ese desarrollo de todas las potencialidades revolucionarias que se anudaron en ese período, no fue posible ante el predominio que en todo ese periodo que precedió a la dictadura, tuvieron las ideas sustentadas por la estrategia sostenida por el Partido Comunista. Esa conclusión es la que se recojerá en el documento de las 3 F, como balance de la huelga general.
Esa parte importante de la izquierda llegaba a la conclusión de que aquel sistema político y las vía electorales como alternativa de cambio estaban agotadas y que por esa vía era imposible construir una alternativa efectiva de poder en el Uruguay.
El estado paternalista benefactor desaparece completamente, y el personal político del mismo es ocupado por los banqueros y los empresarios. Ello se expresara en el gabinete ministerial de Pacheco. Desde ese bloque en el poder, se incrementara la represión.
Entre el 68 y el 72, el Uruguay entró en un proceso de aceleración histórica. La crisis económica, la concentración del poder político y la aparición de la guerrilla son factores fundamentales de ese proceso.
Ante el impacto creciente que sobre el pueblo y sobretodo de las tradiciones de la vida política produce el autoritarismo como estilo de gobierno, miles de personas estuvieron en condiciones subjetivas de ingresar a la lucha revolucionaria.
Miles de trabajadores fueron protagonistas de huelgas y paros generales y resistencia a las militarizaciones que como respuesta articulaba el gobierno.
El proceso de intensificación y agudización de las luchas sindicales y políticas que vivió el Uruguay a fines de 1970 y principios del 71, fueron provocadas por el gobierno semi dictatorial de Pacheco.
No se trató de la irrupción intempestiva, en la paradisíaca Suiza de América, de ideologías foráneas provenientes de la Cuba castrista. En el Uruguay se vivía un proceso de concentración del poder en manos del Poder Ejecutivo, con un parlamento que tenía cada día una menor y escasa gravitación y que iba cayendo en el desprestigio. Vivíamos una democracia con una falta absoluta participación, que que no toleraba y reprimía cualquier forma de autorganización popular. En la que como consecuencia de la distorsión y el falseamiento de los mecanismos de representación política, se adoptaban decisiones en materia económico-social que afectaban a las grandes mayorías, en materia de salarios, de deterioro del sistema de previsión social, de la educación pública, de falta de apoyo a los medianos y pequeños productores rurales.
La democracia quedó reducida a que cada 4 o 5 años, el ciudadano eligiera entre las propuestas electorales manipuladas a través de los tortuosos mecanismos de la “ley de lemas”, que permitieron, por ejemplo, que Bordaberry fuera elegido presidente con 21% de los votos, un 2% mas que los obtenidos por Seregni.
Decía Zelmar Michelini para cauterizar esa democracia anterior al golpe que el “Uruguay ha asistido en los últimos años al vaciamiento del contenido democrático de sus instituciones”.
Hugo Cores sostenía, polemizando a quienes en la interpretación histórica caen en la teoría de los dos demonios: “Hay quienes sostienen que la izquierda ha desdeñado la democracia y sus valores. Creo más bien que nosotros defendíamos, en nombre de las libertades públicas y sindicales, y de la defensa de los intereses materiales de los trabajadores, los aspectos populares de la democracia, los valores sustantivos que hacen que ésta sea el gobierno del pueblo”.
El 14 de agosto del 68, asesinan a Líber Arce, un estudiante, por primera vez en la calle. Luegos seguiran otros asesinatos.
Hugo Cores concluía que: “Existió un gran potencial de lucha, y no sólo por el salario, sino también por la dignidad y la libertad, al que no se brindó canales unificados de desarrollo. (…) El Uruguay se venía abajo en un sentido regresivo no sólo en lo económico, sino también en lo político, en las normas de convivencia. Daba la sensación de que algo se estaba terminando. Y a su vez sentimos que no era así como lo veía el Partido Comunista y en ese sentido se producían confrontaciones en el seno del movimiento sindical, y a veces también en el seno del movimiento estudiantil, polémicas públicas en las que nosotros le recriminábamos al Partido Comunista tener posiciones excesivamente moderadas o, digamos más brutalmente, conciliadoras. En ese momento su preocupación central era ampliar el esquema de alianzas, que había que crear instrumentos políticos más amplios. Esto no llegaba a romper la unidad de la CNT, pero provocaba dentro de ésta una polémica”.
Desde la ROE, nosotros caracterizábamos la etapa que vivíamos, como de resistencia, no una etapa pre-revolucionaria como la caracterizaban otros sectores cercanos a nosotros.
Esas caracterizaciones eran importantes pues definían la táctica y la estrategia de la lucha por el poder.
Se estaba ante un proceso que ocasionaba un resquebrajamiento en las filas de los partidos tradicionales con el abandono de sus filas de Erro, Michelini, Roballo, Rodríguez Camusso, etc; un sector importante de la intelectualidad se volcaba a la izquierda y mucha de ella expresaba abiertamente simpatías por las acciones revolucionarias; el movimiento sindical llevaba adelante huelgas y conflictos muy prologados, con en desarrollo de formas violentas de acción directa, con frecuentes enfrentamientos con la policía.
En ese panorama, desde la Tendencia visualizábamos a la conducción mayoritaria de movimiento sindical, como excesivamente moderada y apostando a un proceso de acumulación más amplio. Esa estrategia para nosotros frenaba la posibilidad de un plan de lucha de conjunto, una mayor articulación entre las acciones del movimiento obrero y la que estaban operando a otros niveles de la sociedad.
Sin duda, la aguda y enconada lucha ideológica dentro de la izquierda dificultó que en ese periodo de inflexión de nuestra historia reciente, esas distintas concepciones discutieran, cómo se articulaban las distintas formas de acción. Mientras que la izquierda no pudo o no quiso hacerlo, la derecha, si lo hizo.
Hugo Cores, puso muchas veces puso el acento en ese aspecto para encontrar las claves de lo que vendría después y decía: “En algún lugar del debate hay que poner que la izquierda, en un proceso de acumulación muy intenso que se dio entre el 68 y el 73, fue derrotada por diez años. Se detuvo ese proceso de acumulación y nos impusieron derrotas en el plano económico, en la capacidad de autoorganización popular y de los trabajadores, en el plano de los derechos humanos, en el plano de los derechos civiles, de los derechos políticos; se procesó un cambio en la estructura del estado en un sentido autoritario del que no hemos podido salir...”
Hoy muchos podrían preguntarse, si la constitución de Frente Amplio en 1971, ¿no fue la instalación de ese ámbito de articulación de las distintas formas de acción?
¿Veamos como veíamos nosotros, en 1971, la constitución del Frente Amplio? Lo veíamos como un intento de levantar una alternativa contra la guerrilla de los sectores más centristas y conciliadores. Como una forma de canalizar hacia una vía legal electoral un proceso de acercamiento hacia la izquierda y hacia los métodos de lucha radicales de sectores cada vez más amplios de la sociedad.
¿Era solo eso? Creemos que no. Pero en aquel momento, nosotros, vimos sólo eso y es lo que consignamos en una publicación del año 1971 que titulamos con una interrogante: ¿Tiempo de lucha o tiempo de elecciones?
Hugo Cores, dirá posteriormente. “No vimos que el Frente Amplio iba a ser otra cosa además de eso; sobre todo que se iba a transformar en un gran espacio de protagonismo y de identificación política de masas... Ese hecho me parece de enorme trascendencia porque eso te explica que 10 años de dictadura no mataron esa identificación política frenteamplista... La gente en realidad adhirió a través de su programa, a través de lo que significaba de que estuvieran juntas figuras que venían de experiencias diversas, pero, sobre todo, al surgimiento de una fuerza política que encarnaba la resistencia popular ante el despotismo y abría la posibilidad de crear una fuerza política nueva de izquierda, que quebrara el bipartidismo predominante en el país desde el siglo pasado”.
Más allá de ese error en la percepción de lo que significaría la constitución del Frente Amplio, en esa polémica a dos bandas que manteníamos, no todas fueron visiones erradas o desacertadas. En otro documento anotábamos el error del MLN de haber acentuado la acción militar en un período en el cual no estaban en condiciones de mantenerla, al mismo tiempo que criticábamos el error que cometieron, los comunistas de no desplegar todo el potencial del movimiento de masas en determinado período.
Estas anotaciones que creímos necesario incorporar a estos análisis, deben servirnos a todos para que separemos los errores episódicos del pasado y vayamos a los fundamentales. Esta es operación intelectual imprescindible en todo proceso de balance.
Althusser sostenía: “No basta reconocer los errores, hay que conocer sus causas”. Es importante eso, porque de lo que se trata no es de encontrar los culpables, sino de ver por qué se produjeron esos errores, con qué lógica se llegaba a esas conclusiones; para poder evitar caer en esos mismos errores otra vez. Para nosotros hoy, los objetivos programáticos son sustancialmente los mismos que los que nos planteábamos en el 71. Hay que terminar con la dependencia, la pobreza, el estancamiento, y para ello vamos a necesitar desarrollar niveles de lucha en el movimiento popular aún mayores que los que desarrollamos antaño. Y para lograrlos es importante, además de no olvidar que somos gobierno, examinar qué errores cometimos en el pasado que fueron impedimento para la plena expresión de la fuerza acumulada por el movimiento popular.
Volviendo a los años que precedieron al golpe del 73, debemos detenernos en la sobre valorización de las llamadas corrientes progresistas dentro de las fuerzas armadas, que se materializan en las expectativas que el Partido Comunista depositó en febrero del 73 en los Comunicados 4 y 7.
El apoyo a estos Comunicados se constituyó en una suerte de atajo en una supuesta vía de aproximación al poder. Esto tuvo consecuencias importantes en el movimiento popular, ya que después de un año de denunciar y enfrentar la represión militar de 1972, se ofreció un apoyo al mismo elenco que había liderado la represión utilizando métodos brutales de tortura e intimidación. Este hecho provocó una gran confusión en el seno de la izquierda y del movimiento obrero tres meses antes del golpe de estado.
Concluir que ese factor, fue la consecuencia de la derrota de la huelga general, es muy aventurado decirlo. Entonces, qué aspectos debemos incluir para la reflexión sobre ese esfuerzo titánico que realizo la CNT en la huelga contra la dictadura.
Uno de ellos, esta claramente vinculado al tema de las expectativas en torno a los comunicados 4 y 7: nos referimos al 1º de mayo de 1973.
El otro está referido a la falta de un ámbito de articulación de las distintas formas de acción. Hugo decía, que había faltado una suerte de “estado mayor”.
El movimiento sindical había atravesado a mediados de agosto de 1972, enfrentamientos muy duros, en torno, por ejemplo al tema de los presos. Los comunistas tenían una concepción que diferenciaba a los presos de la guerrilla y los del movimiento sindical y por eso discrepaba con la consigna de “liberar a los presos por luchar”.
A nosotros nos ridiculizaban, por la consigna de “arriba los que luchan”. En esto se consigna nosotros condensábamos un cuestionamiento a una estrategia que no estaba a la altura de los desafíos planteados en aquella coyuntura. Nosotros reclamábamos la necesidad de un Plan de Lucha global en defensa de los salarios y de los derechos de los trabajadores articulados con la defensa de tas libertades públicas y en rechazo a los atropellos de los derechos humanos. Frente a ese reclamo, la conducción mayoritaria de la CNT, apostó a una estrategia que básicamente busco no llegar a un enfrentamiento frontal con el gobierno, en aras de una concepción de acumulación de fuerzas a largo plazo, en la que perdió de vista que el avance autoritario y la derrota de los sectores más combativos comprometía la capacidad futura de respuesta del movimiento popular. Era una estrategia que circunscribió la acción del movimiento procurando siempre una capitalización electoral, en una coyuntura de una fuerte ofensiva reaccionaria y antidemocrática en la que se atropellaban los derechos democráticos y el movimiento de resistencia popular desplegaba su acción recurriendo de manera creciente a formas de acción ilegales, las únicas posibles en un período de represión como el que se había iniciado a fines de los años 60.
En estos momentos donde discrepancias en el seno del movimiento sindical y político han generado fenómenos inimaginables para nuestras tradiciones y nuestra historia, quiero traer a colación una reflexión que realizaba Hugo Cores sobre aquellas discrepancias en el seno del movimiento popular. Hugo decía en 1994: “no creo que se pueda afirmar que el PC haya “utilizado” a las organizaciones sindicales. Si sus puntos de vistas predominaron y predominan en el movimiento sindical - nos guste o no su estrategia o sus métodos - es porque tiene el apoyo de mayorías legítimamente conquistadas debido a la tenacidad de sus militantes, a su preocupación consecuente por hacerse eco de los problemas concretos de los trabajadores y al respeto que inspira su dedicación y estabilidad organizativa”.
Quiero referirme a los cerdaderos actores de ese esfuerzo que hizo el movimiento popular convocado por la CNT, de resistencia al golpe de Estado.
Las fuerzas democráticas de los partidos tradicionales – porque no hay que olvidar que sectores de ambos partidos, apoyaron y trabajaron para la dictadura-, dentro del Uruguay, hicieron muy poca cosa efectiva contra la dictadura durante muchos años. Muchos hicieron efectiva la consigna: “desensillar hasta que aclare”. Esa actitud de expectativa de que la dictadura caería por su propio peso, fue influenciada hacia a otros sectores la sociedad, como por ejemplo la iglesia, la prensa.
La resistencia se apoyó básicamente durante muchísimo tiempo en la labor sacrificada de miles de militantes clandestinos frente a la pasividad que se fue apoderando de amplios sectores de la pequeña burguesía.
Esos militantes, fueron engrosando, en un número considerable, las listas de asesinados, torturados, desaparecidos, prisioneros, exiliados. Una política del miedo, cuyo fundamental propósito era disgregar a la sociedad confinando al individuo a la soledad, el silencio y la parálisis, no sólo política, sino también social y cultural, debieron enfrentar hombres y mujeres resistentes.
Participar del esfuerzo gigantesco en materia de solidaridad y de denuncia en el país y en el exilio para lograr el aislamiento internacional de la dictadura, merece algo mas que una Pensión Especial Reparatoria y no merece el contenido del proyecto del Poder Ejecutivo del 26 de marzo pasado.
No fue una tarea fácil de realizar en el marco de un clima angustiante creado por las noticias sombrías llegadas cada día del Uruguay y del exilio cercano de Argentina.
Pero ese periodo, sobrepasa los límites de los temas que hoy queríamos trasmitir. Sin embargo no quiero omitirme en dejar planteadas dos cosas. Para la primera voy a acudir una vez más a las palabras de Hugo cuando hace 12 años se refería a un eventual acceso del Frente Amplio al gobierno. Hugo decía que ellos “nos enfrentaría a problemas ante los cuales podría haber dos caminos: uno, administrar la crisis de la mejor manera posible y, por lo tanto, no llevar adelante el programa; o de lo contrario: vencer la resistencia fuerte de los núcleos más apegados al monopolio del capital financiero; más apegados al imperialismo, más apegados a privilegios de toda índole y que se van a valer de medios legales o ilegales para evitar que se lleve adelante el programa de transformaciones antimperialistas, democráticas y populares las que el frente quiere llevar adelante”.
A partir de esas predicciones políticas, decía que era importante prepararse desde ya para eso y que para doblegar esas resistencias era fundamental la legitimidad política, la legitimidad democrática, la conquista del apoyo de las grandes mayorías. Que el fortalecimiento del movimiento popular debía ser utilizado para llevar adelante el Programa. Y concluia diciendo “de un lado, el Frente Amplio y todos los que con él compartan un proyecto de cambios, del otro los defensores del stastus quo”. En esa tarea visualizamos al movimiento sindical jugando fuerte.
Para el segundo tema también recurriremos al pensamiento de Hugo. Que decía: que las grandes manifestaciones de masas, la experiencia vivida en la calle de fraternización bajo las mismas banderas de decenas o cientos de miles de personas, era para una parte considerable de nuestro pueblo la experiencia política más importante de su existencia. Lo era porque uno no entraba a una manifestación de esas saliendo igual. Se salía fortalecido moral e ideológicamente.
Nosotros no nos confundimos bajo que banderas marcharemos. Nosotros queremos seguir siendo un motor del protagonismo de la gente, ser los parteros del nacimiento de una nueva esperanza, sembradores de la semilla fértil en la construcción de la unidad. En ese sentido nos sentimos continuadores del esfuerzo, la dignidad y la entrega de Leo Duarte, de Gerardo Gatti, de Elena Quinteros, de Gustavo Inzaurralde, de Miguel Gromaz, de Gilberto Coghlan y de Hugo Cores.
Tenemos muy claro en que manifestación siempre marcharemos, que consigna y con quien la corearemos. Hugo decía que los procesos de cambio suponían momentos de anudamiento y de ruptura, en los cuales es preciso ejercer la fuerza del pueblo. Por eso apostar a la unidad del campo popular, es una apuesta en la que no pueden caber las confusiones. Pertenecemos a un Partido que nunca pretendió transformar a las organizaciones sindicales en correa de transmisión de sus decisiones. Para nosotros la autonomía de las organizaciones de clase es una cuestión de principios. Lo fue antes de que la izquierda fuera gobierno. Lo será ahora que somos gobierno y lo será después de cualquier proceso de transformaciones revolucionarias.
domingo, 10 de febrero de 2008
reflexiones cumpleañeras

Escrito el 10 de febrero de 2008.
Como dice Sabina, cumplí 30 mas 34.
O 20 mas 10, mas 10, mas 20, mas 4. Cada cual puede hacer las sumas como quiera, por suerte o por desgracia (depende de cómo se mire), lo que no debe (ni se puede) cambiar es el resultado final.
Sesenta y cuatro.
Muy largo dicho así; 64, así parece menos.
Muchos amigos, me han mandado un SMS, otros me han llamo por teléfono (que anticuados) y otros han venido a verme. A los que me llamaron por teléfono, corrio a cargo de ellos, la respuesta y el agradecimiento. Contestar los SMS a todos de la misma manera, me hubiera obligado a estar largas horas como una gallina picoteando las teclas del celular.
Esto es una respuesta a cada uno. Sin embargo no es una respuesta adocenada. No es una respuesta que uno hace y que sirve para todos. Es cierto que tienen algo en común, al fin y al cabo uno por mas que disimule tiene cosas que no puede cambiar.
Pero las personas son como las novelas, cada cual puede darles la interpretación que quiera, leer solo el final, o saltearse las páginas mas aburridas ¡Sean benignos, por favor!
Tengo la suerte o la desgracia, de que cumplo años un día después que mi hermano menor, así que como las reuniones por su cumpleaños duran hasta después de las 12 de la noche, le garroneo algunos saludos. También es una ventaja, que con 24 horas de diferencia, nuestros amigos – entraditos también en años- digieren muy lentamente lo que comen el 9 de febrero, así que el 10, o comen poco o bien no vienen. Tiene la desgracia de que muchos se hacen los distritos y parecen enterarse allí que es también mi cumpleaños. Así que me saludan…y omiten el regalo.
Los regalos a veces son un problema. Por ejemplo un buzo o una remera muy ajustada, pone en evidencia protuberancias que muestran que además de la carne, los músculos también son débiles y dejan escapar el estomago mas de lo recomendable.
Por ejemplo me regalaron el bisnieto de la radio Spika. Claro que no se llama como cualquier otra cosa con una palabra; tiene dos letras y un número. MP4.
Es cierto que los que a la fuerza entramos a la tercera edad, tenemos derecho a las nuevas tecnologías, pero es una discriminación que los manuales sean con una letra tan chica, que ni con los lentes podemos leerlos…y si los leemos ¡Cómo cuesta entenderlo!
Pero algo aprendimos, con esto de las nuevas tecnologías, esas que llaman de tercera generación. Nosotros no somos de la tercera edad, ¡somos de tercera generación!
Cierto es también, que a diferencia de este aparato- el MP4, no piensen mal- uno también funciona digitalmente, aunque muchas veces demoremos en prender las luces.
En alguno de esos años, nos hemos cruzado. En ese cruce, que puede haber sido largo, corto o aún en curso, me han soportado. Gracias por ello.
lunes, 3 de diciembre de 2007
PALABRAS EN HOMENAJE A H CORES A UN AÑO DE SU MUERTE
En aquella oportunidad muchos pudimos escuchar el último discurso público de Hugo Cores, en el que 45 años después rescataba ese paso del Che por Uruguay. Y sobre todo, rescataba y potenciaba el significado que tubo y tiene el Che para las luchas de nuestros pueblos.
Quiso la vida, que sus dos últimos discursos fueran homenajes: A Elena Quinteros y al Che.
Hoy nos convocamos para homenajear a Hugo, para rescatar su pensamiento, para mirarnos en su ejemplo revolucionario. Por eso, nos imaginamos saliendo de la conmoción interna que provocaba su encendido discurso y nos aprontamos a darle continuidad a la reflexión que desataban sus palabras y a la acción a la que nos impulsaba.
Los discursos de Hugo, eran un disparador para la acción necesaria e imprescindible para hacer realidad los sueños de las generaciones que nos precedieron de construir un mundo justo, solidario y libre.
Hay seres humanos que para esa construcción, son imprescindibles.
También es cierto que las transformaciones sociales, son largos procesos donde muchas veces, a esos hombres y mujeres imprescindibles, no les alcanza la vida para ser partícipes de la totalidad de algunas de las etapas de esos procesos sociales. Más cierto es aún, que han existido y existirán sin duda en los tiempos por venir, seres humanos excepcionales, que tienen la capacidad de sintetizar las experiencias de las luchas populares y transformarlas en palancas para la acción del presente. Seres humanos que tienen la capacidad de sacar de las ricas experiencias de las luchas de los pueblos- de los avances y de los retrocesos, de las victorias y las derrotas- las herramientas teóricas, las conclusiones políticas imprescindibles para la construcción del hombre nuevo.
Uno de esos seres humanos excepcionales, fue Hugo Cores.
Pero Hugo además de su encendido discurso, tenía una invalorable capacidad para reflexionar, para enseñar y para polemizar. Hoy en el marco de este homenaje, ofrecemos un trabajo conteniendo una incompleta y limitada selección de textos de Hugo como un primer aporte a la divulgación de su pensamiento que como bien dice Constanza Moreira, en un brillante prologo a ese libro, llega en un momento crucial de la historia política del Uruguay.
Un momento en que la fuerza política se apronta a desarrollar su Congreso, donde esta en movimiento las instancias de un próximo Congreso del Pueblo, donde la Justicia se apronta para darle un nuevo golpe a la impunidad con el procesamiento del ex dictador Gregorio Álvarez. Y donde, desde el movimiento popular se siguen recogiendo firmas para la nulidad de la ley de Caducidad.
Un Uruguay, que no puede sustraerse a lo que pasa en el mundo, y menos aún a lo que sucede en otros países hermanos que desde sus particularidades buscan caminos para su liberación.
Caminos para la liberación y para la construcción del socialismo, que pasan por realizar cambios profundos en la estructura jurídico-política de estas sociedades. Por eso no es de asombrase por las resistencias y las dificultades que deben atravesar aquellos procesos que buscan modificaciones sustanciales en los esquemas de dominación existentes. De eso, hemos tenido una muestra no hace muchas horas, en Venezuela.
Quizás, Hugo no nos deje irnos hoy de esta actividad, sin darnos algunas pistas sobre esto.
Pero nosotros aspiramos, en esta corta intervención hablar de un aspecto del cual cuando nos referimos a Hugo, en representación del PVP, no le podemos ceder la derecha a nadie. Nos referimos a su condición de hombre de Partido.
Una vieja amiga, Mariela Salaberry, me pidió que en algún homenaje a Hugo les contara una conversación de vereda en la puerta de la casa de 14 de julio, en una de las veces que Hugo pasaba a dejarle "La República".
Sin aviso, llegaba, le golpeaba la puerta de madera con el puño, con aquella perentoriedad y ¿por qué no? impertinencia que solía tener. El auto prendido, parado a la que te criaste, atravesado en el medio de la calle para seguir hacia otra perentoriedad...
Según cuenta Mariela. Hugo estaba feliz y le comento:
"Las reuniones de los sábados del Secretariado del PVP, es lo mejor que me sucede en la vida. ¿Qué más puede pedir un hombre que poder reunirse con sus compañeros, discutir de lo que sea, pelearse, decir todo lo que cada uno piensa porque hay una confianza sin límites?"
El Partido, es algo más que una herramienta para la acción política, es un lugar donde la convivencia con los compañeros, se basa, en la existencia de afinidades políticas e ideológicas, y sobre todo en una confianza sin límites. En fuertes lealtades.
En estos días, en razón de la aparición de este libro, hemos tenido que hablar de Hugo, responder a preguntas sobre él y sobre el Partido en el que él puso sus mejores esfuerzos para crearlo, rearmarlo luego de la muerte y desaparición de muchísimos de sus integrantes en 1976, y en mantenerlo vigente como una identidad dentro de esta izquierda tan cambiante en estos aspectos. Permítanme inaugurar un concepto teórico nuevo, o si se quiere perdónenme por introducir un adjetivo inusual en las ciencias políticas para definir una esfera sustancial de una vida de partido: ser políticamente feliz.
En ese estado, discutidor, de debate de ideas, de decir lo que se piensa, Cores fue un hombre políticamente feliz.
Hugo fue el depositario de una parte importante de nuestra memoria y que ella fuera una memoria organizada y combatiente.
No se trataba de una memoria cualquiera, era una memoria “pesada” que para muchos puede ser una carga demasiada agobiante e insoportable que paraliza. Para el fue un incentivo para mantenerse organizado que es la única forma de hacer política. Supo hacer que esa memoria fuera un patrimonio común, más allá de PVP. Y para quienes integramos el PVP, se constituyó en un elemento de fortalecimiento de los lazos personales.
Nos hemos preguntado muchas veces ¿que estatura ética y política se debe sustentar para soportar la carga que le significó, tener que ser desde su exilio obligado, testigo impotente de la tortura la desaparición, la cárcel el robo de los hijos de sus más entrañables compañeros? ¿Qué capacidad para que con los naufragios personales del exilio de los sobrevivientes, rearmarse para continuar luchando y no caer en la tentación de “desensillar hasta que aclare”?
A pocas horas de su muerte, escribimos con Sara que lo habíamos conocido buscando empecinadamente la justicia, cuando éramos simples, puros, rigurosos. Que el tiempo y sus cambios convirtieron la simpleza en complejidad, la pureza en complicidad y el rigor en un abanico inabarcable de matices. En ese mundo Hugo siguió buscando la justicia, porque siguió siendo simple, puro y riguroso. Decíamos que se había terminado aquel 6 de diciembre del 2006, un tiempo de la memoria.
Hoy desde aquí, trataremos y en eso pondremos nuestros mejores esfuerzos en ser como él, hombres y mujeres políticamente felices, porque aun sentimos que en nuestras manos están los hilos, que en el viejo telar del socialismo y la libertad, se mezclaran con la vieja e indestructible urdimbre de nuestro pasado. Que así, sea.
Hugo Cores PRESENTE.
sábado, 1 de diciembre de 2007
A UN AÑO DE LA MUERTE DE HUGO CORES
El lunes 3 de diciembre se presentó, en el marco de un homenaje al dirigente gremial, político, historiador y periodista, Hugo Cores, un libro en el que se editan textos de quien fuera vicepresidente de la CNT . Aunque la edición es incompleta y limitada, es sin duda una contribución a la divulgación de su pensamiento.
En el Prologo a ese libro escrito por la Directora del Instituto de Ciencias Políticas de la Universidad de la República, Constanza Moreira se escribe con acierto que “Hugo Cores vivió esta parte de la historia, y reflexionó sobre ella en sus últimos escritos, así como desde su práctica política. Pero estas reflexiones están enmarcadas en un análisis más estructural y de más largo aliento sobre la sociedad uruguaya”.
El libro recoge opiniones de Cores “sobre el surgimiento de la izquierda, la crisis estructural de la sociedad y la economía uruguayas, y los hitos que marcaron la historia reciente del país”.
A continuación trascribimos un resumen del Prologo de Constanza Moreira, en el que se realiza un profundo análisis del pensamiento de este militante, que al igual que decenas de ellos, desde su compromiso con la clase obrera buscaron alumbrar los caminos para la construcción de una sociedad sin explotados ni explotadores.
* * *
La formación de un partido: los orígenes del Frente Amplio
La formación del Frente Amplio requiere una mirada sobre la unificación de la CNT en 1964. La clave de la explicación está dada en la unión del movimiento obrero con las capas medias golpeadas por la crisis. Dice Cores que en 1965:
“el plan de lucha de la CNT es enorme y ésta empieza, de un modo u otro, a pesar en la vida nacional. El movimiento obrero, empieza a disputar de otra manera y desarrollar un programa alternativo. No se trata de una mera suma de gremios para luchar por el salario. La CNT nace con una propuesta nacional que anticipa lo que va a ser el Frente”.
Su mirada es al mismo tiempo la de un sindicalista, la de un historiador, y la de un militante partidario. En el análisis del movimiento político en su conjunto siempre destaca el papel que cumple la clase obrera. Bueno, la clase obrera en un sentido amplio, señala varias veces: “muchas veces la expresión asalariada, trabajadora, incluyendo tanto al trabajador manual como al que enseña o cuida enfermos, pueden ser más adecuadas”. Y enseña para los años setenta, noventa y dos mil: si el Frente Amplio perdiera ese apoyo (el de la clase obrera, en el sentido así definido), se perdería un componente fundamental.
Las contribuciones del movimiento obrero en el “prematuro debilitamiento del Estado oligárquico uruguayo”, no han sido debidamente señalizadas, dice Cores. Y es cierto: la “historia oficial” ha preferido reivindicar el rol de los partidos políticos, la capacidad de anticipar los conflictos del Estado providente, o el rol de las clases medias, antes que el rol de la clase obrera (y la alianza estratégica entre ésta y las capas medias). Ni siquiera en la mayor parte de los análisis sobre las conquistas que se asocian con el batllismo, la clase obrera es tomada en cuenta. Cores lo hace. Y lo hace desde su propia ubicación en el mundo de la “praxis”: lo hace como el sindicalista que fue.
El peso de la clase obrera, dice:
“importa también no sólo por lo que aportan —como estilo, lenguaje, visión del mundo— los cuadros de ese origen, sino por lo que su experiencia como clase demostró y sirvió de guía para otros sectores: el luchar unidos, el compañerismo, la solidaridad, la disciplina, la constancia, la voluntad y el hábito de encarar colectivamente los problemas”.
Eso no se aprende en los seminarios, concluye, sino en los lugares de trabajo y surgió históricamente en las fábricas.
Cuando nace la CNT, y a despecho de otros sindicalismos próximos en la región, ya nace con el sello de la autonomía. Cores nos recuerda que el propio nombre “Convención” hace referencia al carácter abierto, permanente, que adquiría la unidad orgánica de los trabajadores. También recuerda que en los estatutos aprobados de 1966 se establecía que las autoridades de la CNT sólo podían proponer las medidas pero eran los sindicatos quienes finalmente las aprobaban o no. Y pensando en estas formas abiertas de la organización de los trabajadores, y en el cimiento que pusieron para la creación del Frente Amplio, dice:
“Hay quienes sostienen que la izquierda ha desdeñado la democracia y sus valores. Creo más bien que nosotros defendíamos, en nombre de las libertades públicas y sindicales, y de la defensa de los intereses materiales de los trabajadores, los aspectos populares de la democracia, los valores sustantivos que hacen que ésta sea el gobierno del pueblo”.
Y así se llega al FA. Su descripción de ese proceso es vívida, emotiva y reflexiva:
“las grandes manifestaciones de masas, la experiencia vivida en la calle de fraternización bajo las banderas del Frente de decenas o cientos de miles de personas fue para una parte considerable de nuestro pueblo la experiencia política más importante de su existencia. Uno no entraba a una manifestación de esas saliendo igual. Se salía fortalecido moral e ideológicamente. De esta manera el Frente Amplio entró, no sólo en la conciencia, sino en el corazón de cientos de miles de uruguayos. Ganar la calle en 1971, inundarla de banderas frenteamplistas, sentirse protagonista del nacimiento de una nueva esperanza, valió tanto como el programa o los discursos. Sembró con semilla fértil la construcción de la unidad y este hecho, protagonizado contra viento y marea en medio de la ola represiva y el despotismo arrogante de Pacheco fue, repito, vivido, sentido, incorporado a su historia personal por cientos de miles de uruguayos que adoptaron al Frente Amplio como la identificación política de sus sentimientos de dignidad y sus ansias de libertad y justicia”.
Este hecho político, este “júbilo compartido”, hizo del FA una fuerza política diferente. Y es que una fuerza política no se puede medir sólo por los resultados electorales: esos que, de la mano de “un hombre, un voto” dejan a cada uno solo, en un cuarto secreto, frente a una urna.
Transición tutelada y democracia restringida: lo que quedó
Frente al atropello de la dictadura, Cores sostiene que los partidos tradicionales, en su inmensa pasividad, dejaron sola a la izquierda “contra el enemigo”. Treinta años después, cuando se ve la actitud de éstos frente a los derechos humanos y las Fuerzas Armadas, puede decirse exactamente lo mismo.
Cores detalla con minucia las claves de sobrevivencia del FA en la dictadura, analiza las vicisitudes del plebiscito de 1980, y las razones por las que los militares confiaron en un triunfo que no fue (aunque alerta sobre la magnitud de la votación por el “SÍ”), y rescata el papel jugado por Seregni en legitimar la opción del voto en blanco en las elecciones de 1982.
Sin embargo, su análisis del rol jugado en el pacto del Club Naval es terminante. Este pacto marcó los inicios de una democracia “tutelada” por las FFAA. El miedo en el plebiscito de abril de 1989 es hijo de las insuficiencias de la salida del Club Naval, dice, y agrega, en una reflexión para el hoy:
“en torno al tema de la impunidad se anudan todos los elementos de la dictadura del pasado y el presente. Del pasado por los crímenes ocultos, los secuestros y desapariciones que pretendieron ignorarse, los delitos económicos realizados por altos jerarcas militares. Del presente porque mostró claramente el papel de control que juegan hoy las fuerzas armadas y el chantaje al que someten al sistema político. Siguen siendo las grandes privilegiadas en un presupuesto nacional profundamente recesivo. Han seguido ascendiendo cuadros militares que jugaron un papel relevante en la represión, algunos de los cuales están acusados y hasta procesados en Argentina y Brasil por asesinatos y secuestros. Sigue predominando la ideología de la seguridad nacional...”.
Utopía, revolución y democracia
Cores fue esencialmente un revolucionario
Como el historiador que era, reivindicó siempre los cambios revolucionarios. Sin ellos, no se hubiera llegado a las transformaciones que hoy nos hacen quienes somos: la revolución francesa, la inglesa, la norteamericana.
“Conquistas perdurables e importantes se lograron en todas partes de Occidente, empezando por los Países Bajos, siguiendo por Inglaterra, y las colonias inglesas de América y Francia… Allí, el advenimiento de la burguesía al poder a través del desplazamiento de la aristocracia feudal se llevó a cabo a través de procesos revolucionarios violentos.”
Y sigue:
“el caso de la revolución francesa fue un proceso agónico, no sólo violento, sino extremadamente dilatado, pues la aristocracia consiguió más de una vez frenar los avances de la burguesía y restaurar el régimen institucional anterior. En el resto de Europa la revolución burguesa fue fuertemente estimulada por las acciones de fuerza del ejército napoleónico, que se paseó por el continente derribando monarquías absolutas. La revolución inglesa, la que importa, que fue la de 1649, estuvo también lejos de ser un proceso idílico y mostró por primera vez en la historia moderna el protagonismo político de la burguesía a través de una fuerza armada propia, el ejército liderado por Oliver Cromwell”.
Después, como hijo de su tiempo, vivió parte del proceso revolucionario de América Latina. Su juicio sobre la revolución cubana es terminante:
“este proceso le había demostrado a América Latina, que era posible derrotar a un ejército oligárquico y tomar el poder. Significó un punto de referencia concreto a aspiraciones revolucionarias confusas y permitió reformular en otros términos la discusión entre las corrientes reformistas y revolucionarias que entonces existían en el país”.
Desde el anarquismo, en aquellos años, se alentaba el horizonte insurreccional: “y aunque nunca lo explicitamos de esa manera, nuestra concepción de asalto al poder era insurreccional, es decir, suponía una activa participación de amplios sectores de trabajadores…” Los tiempos que corrían eran distintos, claro:. Los años de la revolución triunfante en Cuba, de la revolución cultural en China, de la resistencia antiimperialista en Vietnam, eran años en que, como él mismo escribe: “las noticias que oíamos cada mañana eran distintas a las que se oyen hoy. Y eso producía un auge de las luchas y una mística revolucionaria fuerte que a todos nos alcanzaba. Te estoy hablando de 1964, 1965, 1966, 1967, 1968”.
Pero aún hoy, o hasta hace apenas ayer, Cores pensaba que era el carácter “estructural” de la crisis el que reclamaba por un cambio revolucionario: lo había reclamado en los sesenta, y lo había reclamado ahora. ¿Qué era un cambio revolucionario? Baste citar nuevamente sus palabras:
“sin una profunda modificación de las estructuras agrarias, sin quebrar la hegemonía del capital financiero y sin quebrar la dependencia, todo lo cual supone cambios de tipo revolucionario, no es posible detener el agravamiento del deterioro económico que padecen las grandes mayorías nacionales”.
En estas condiciones, el sistema político funciona “falto de irrigación popular, una suerte de magma espeso que actúa como una lápida sobre las esperanzas de cambio”. La contrapartida, según Cores, “es el desinterés, la desconfianza en los políticos”. Y la apatía política es el peor enemigo de la democracia.
Su idea de la revolución, incluía centralmente el dilema democrático:
“la cuestión principal a resolver es cómo se articula el desarrollo de la infraestructura económica, de las fuerzas productivas y de las relaciones de producción, con el de la democracia y de la participación de los trabajadores, de la mayoría de la población, en el desarrollo político, cultural y económico de los pueblos y el respeto por su identidad nacional y su autodeterminación”.
Hoy los objetivos de una acción revolucionaria pasan por la ampliación de la democracia, con todos los atributos de gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo. Y ésta es la política de la emancipación. Una política que sólo puede existir si existe una utopía:
“No puedo aceptar el repudio a la utopía, al menos que sea a las utopías reaccionarias como el falangismo, el fascismo o la fundación del Tercer Reich… Todo programa de cambios en un sentido popular y progresista comporta una utopía. Esto es válido no sólo para el socialismo. Lo es también para el propio cristianismo. ¿Se ha realizado en algún lugar el ‘programa’ contenido en el evangelio o el programa artiguista, federalista, popular…? ¿El Uruguay real sería el que es sin la utopía evangélica, sin la utopía artiguista, sin la utopía socialista. Por esas utopías luchamos. La utopía que implica rebelarse ante el fatalismo, marca a la vez la necesidad, para quien aspira a los cambios, de transformarse a sí mismo. Tenemos que medirnos no sólo frente a la sórdida realidad de la miseria de hoy, sino frente a la grandeza de nuestros proyectos de cambio. Medirnos para empinarnos sobre nuestras flaquezas y no para resignarnos a ellas… El mundo ha cambiado. Las condiciones para luchar por nuestra utopía de justicia y libertad han cambiado, pero no ha cambiado nuestra inquietante, exigente, removedora utopía de un mundo sin explotados ni explotadores, sin opresores ni oprimidos, es decir, por un mundo socialista”.
viernes, 2 de noviembre de 2007
¿silencios austeros o silencios criminales?

“INTERNOS” de AFCASMUNº 37/38 noviembre 2007 y en SEmanario AREQUITA de Minas.
Militares presos por haber perpetrado gravísimas violaciones a los derechos humanos, han clasificado a una serie de artículos publicados en Internet, como la ruptura de un silencio “austero” mantenido durante más de 30 años. No debería asombrarnos en boca de estos siniestros personajes el adjetivo con que califican una conducta que no merece otro calificativo que el de silencio criminal. Basta leer los discursos de los militares durante estos últimos 30 años, los pronunciamientos de los centros militares, para tener una muestra de cómo se ven a si mismos. Sí nos asombra, que algunos medios de prensa, repitan ese adjetivo.
Por otra parte, en honor a la verdad, hay que concluir que para lo único que importaría que abrieran la boca, no lo hacen. Por eso existen en el Uruguay más de 200 desaparecidos y por eso decenas de familiares – como Luz Ibarburu, Quica Errandonea y Tota Quinteros entre otras, - han muero sin saber que pasó con sus hijos.
Hay muchísimas cosas que diferencian a quienes luchan en este país contra la impunidad, de aquellos que se amparan en ella. Pero hay una que merece destacarse hoy: los primeros no caen en la infamia, ni en las mentiras para defender una causa justa, mientras que los segundos no dudan ni un instante en usar la mentira y la infamia para intentar amparar conductas que según la Convención Interamericana Sobre Desaparición Forzada de Personas constituye “una grave ofensa de naturaleza odiosa a la dignidad intrínseca de la persona humana”.
Por esa diferencia sustancial, creemos importante probar por qué no nos encontramos ante un silencio “austero”, sino criminal. Según el artículo II del citado instrumento legal citado renglones antes, la conducta criminal de la desaparición forzada implica además de la privación de libertad cometida por agentes estatales “la falta de información o de la negativa a reconocer dicha privación de libertad o de informar sobre el paradero de la persona”. Durante muchísimos años, los militares no tuvieron el valor de reconocer las privaciones de libertad de los ciudadanos desaparecidos. Es más, inventaron mentiras para ocultar esa conducta represiva, y cuando ya no tuvieron condiciones para seguir sosteniendo eso, mintieron y siguieron ocultando el paradero de los desaparecidos.
Gente como Tota Quinteros supieron leer con exactitud lo que ellas habían, de alguna manera, dictado a la comunidad internacional para que se materializara en el texto de la Convención sobre Desaparición de personas, el drama de miles de personas victimas del accionar despiadado de quienes se dicen mantenedores de un “austero” silencio. Por esa razón no solo se sintieron ofendidas por las conductas de los Gavazzo, los Silveira, los Ramas, los Cordero sino que también comprendieron que se encontraban ante conductas odiosas.
Hace pocos días, un integrante de la Corte Suprema de Justicia de la Argentina al referirse a la decisión que habían tomado de anular los indultos dictados por el entonces Presidente argentino Carlos Menem, expresaba algunos conceptos que nos es importante tener muy en cuenta tanto a la hora de valorar los intentos de Gavazzo y sus secuaces de afectar la memoria de gente como Tota Quinteros, como de los desafíos que tiene planteada la sociedad uruguaya con relación a la impunidad.
Con referencia al último aspecto, sabido es que las leyes de impunidad tanto de Uruguay como de Argentina y los indultos de ésta última, fueron iniciativas tomadas por poderes del Estado (los Parlamentos en las leyes de impunidad y Poder Ejecutivo en el caso de los indultos). Y que en el caso de Uruguay, una suerte de Poder constituido al solo efecto de pronunciarse sobre la ley de caducidad (la voluntad popular expresada en el Referéndum), instauró en nuestro ordenamiento jurídico interno la ley 15.848.
En el Uruguay sabido es también, la falta de voluntad política del Poder Legislativo y el Ejecutivo con mayoría de la fuerza de izquierda, para establecer la nulidad de la ley de caducidad. Falta de voluntad política que ha quedado atrincherada en el falso argumento de que no pueden ni deben afectar una norma que fue tomada en el marco de las atribuciones del Parlamento primero y del soberano posteriormente.
De ahí que sea importante preguntarse si en el caso de los indultos presidenciales que recientemente anuló la Corte Suprema de Argentina y la nulidad que aspiramos sea establecida por el parlamento uruguayo respeto a la ley de caducidad, se afecta en algún modo decisiones que son atribuciones de los parlamentos, los poderes ejecutivos y de la voluntad popular.
Preguntado sobre ese aspecto el Juez de la Corte argentina Raúl Zaffaroni responde que no se afecta los poderes constitucionales ni del Parlamento ni de la decisión popular, sólo que lo que esos poderes resuelvan no puede ser inconstitucional, o sea, que no pueden resolver leyes que impidan castigar delitos que constitucionalmente no pueden ser indultados, como lo son los delitos de lesa humanidad, que no son indultables en función de las convenciones internacionales incorporadas al derecho interno o del derecho internacional que obliga a la Nación. Para el magistrado argentino, la nulidad de los indultos, que entre otros, favorecieron a Gavazzo, Cordero, Silveira y Campos Hermida, son “ una consecuencia de la jurisprudencia de la Corte Interamericana en el caso “Barrios Altos” del Perú, o sea, la necesidad de remover todo obstáculo legal que impida el procesamiento regular de los responsables de delitos de esta naturaleza".
Que esa consecuencia también tenga efectos en nuestro país, es lo que preocupa a Gavazzo y compañía.
Sobre los fallidos intentos de pretender afectar la vida y la lucha ejemplar de Tota y de otros luchadores sociales, nos limitamos a repetir lo que expresó al magistrado argentino “Quien ejerció el crimen al amparo del poder es un cobarde por definición”.
Raúl Olivera Alfaro
Integrante de la Secretaria de DD.HH y Políticas Sociales del PIT/CNT
jueves, 1 de noviembre de 2007
Las leyes de juego de los desafios democráticos

Los desafíos democráticos de una sociedad, siempre concluyen produciendo avances en la comprensión ciudadana sobre los temas en debate. Luchar contra la dictadura, para el pueblo uruguayo, significo un grado de compromiso aun mayor con la democracia, que aquel que estuvo planteado en los orígenes del autoritarismo con los desbordes del pachequismo.
Esto es así, tanto porque resolver esos desafíos implica desarrollar esfuerzos cívicos que para que sean efectivos deben contar con un arsenal de razones para ponerlos en acción, como por la confrontación de ideas que se ponen en el debate.
Por otra parte, importa de sobremanera, el escenario en que ese desafió se juega.
Con el desafió democrático que se plantea la Coordinadora por la Nulidad de la Ley de Caducidad, ocurre eso.
Es más, aun con el resultado adverso del desafió del voto verde, también ocurrió que de esa lucha, de esos debates ninguno que haya participado, salió igual a como entro.
Es bueno reconocer, que las expectativas desmedidas que se tenía en torno al resultado de aquel desafío tan desigual, produjo en el movimiento popular efectos negativos inmediatos importantes. Pero pasados esos efectos, la recomposición del movimiento popular se realizó desde bases más firmes. No entenderlo así, implicaría dejar sin una de sus explicación los avances que las ideas del cambio tuvieron en el Uruguay, y más aun los avances en la lucha por la verdad y la justicia que se han operado, desde aquella derrota de 1989 y este 2007 donde connotados represores están procesados y numerosas causas están abiertas.
Decíamos mas arriba que importaba de sobremanera, el escenario donde trascurren las luchas democráticas. En este caso de la lucha que empieza a desarrollarse con fuerza a lo ancho y largo del país, el escenario tiene límites muy precisos. Sin embargo, hay algunos aspectos que deberían resaltarse.
También es cierto que ese escenario, tiene una complejidad adicional: una de las resistencias parece, al menos por ahora, estar ubicada a nivel del gobierno ejercido por fuerzas históricamente comprometidas con la profundización de la democracia..
Gobierno que cuenta con fuerza institucional para resolver la situación, ya que cuenta con los votos suficientes para transitar cualquiera de los caminos posibles para terminar con la impunidad. Ya sea anulando la ley de caducidad por iniciativa parlamentaria, o poniendo sin restricciones su voluntad política para que sea el soberano, quien lo resuelva en última instancia.
Dentro de los aspectos, que creemos que deberían resaltarse en el escenario de esta lucha, hay uno que no es menor.
No es cierto que exista a nivel programático, una definición de la fuerza en el gobierno, que lo obligue a trabajar para mantener la ley de caducidad. Es cierto, que no alcanzaron los votos en el Congreso Héctor Rodríguez para establecer que la adecuación de nuestro ordenamiento legal interno con los compromisos internacionales asumidos por el Estado uruguayo, se hiciera con la anulación de la citada norma. Pero tampoco alcanzaron los votos reglamentarios, por la negativa.
Es bueno recordar, que finalmente este tema se laudo con una amplísima mayoría, reafirmando no solo que la impunidad constituía una traba para la vida democrática, sino que maniataba al futuro gobierno a HACER REALIDAD LA ADECUACIÓN DE NUESTRO ORDENAMIENTO LEGAL A LOS MANDATOS DE LA LEGISLACIÓN INTERNACIONAL.
Pero supongamos que la fuerza política que hoy es gobierno, hubiera sido mandatada por su Congreso, a mantener la ley de caducidad. ¿Qué pasaría?
Existiría un gobierno con una voluntad política contraria a una obligación que ya no es del gobierno, sino del Estado.
Cuando en el Uruguay, alguien comete un asesinato, el Estado a través de uno de sus Poderes, actúa y persigue a los autores de ese delito. Eso lo hace, independientemente que algún familiar del asesinado, reclame el castigo para el autor. Esto es así, porque investigar, hallar el culpable, juzgarlo y castigarlo, es una obligación del Estado. Tan es así, que en caso de delitos de ese tipo, la acusación corre por cuenta del representante del Estado (el fiscal). Es el Estado el que asume la capacidad punitiva de la conducta delictiva.
Sin embargo, hay asesinatos y delitos más graves que ese, como la desaparición, en la que el Estado no sólo no actúa amparado en la ley de caducidad, sino que tampoco en aquellos que no están incluidos en la caducidad de la Ley 15.848, actúa con la obligación que como Estado tiene de hacer actuar en todos los casos a la Justicia.
El Estado, espera a que algún familiar se presente ante los estrados judiciales, cuando por la índole de los delitos de que se trata, debería de ser él quien se constituyera en parte querellante mediante los Fiscales que están bajo su dependencia. Por esa razón no todos los casos que de acuerdo a la interpretación que de la caducidad realiza este gobierno, no están amparados por la caducidad, son investigados.
Este escenario donde hoy se desarrolla esta batalla para librar al Gobierno de la atadura que le impusieron la aprobación de la ley de caducidad, pasa por dejar claro que no se puede confundir las definiciones de una fuerza política, con las obligaciones que tiene el Estado.
Aceptar esa confusión de roles, conduce a cosas muy graves. Puede conducir, que dentro de tres años en caso de producirse un cambio de la fuerza que detenta el gobierno, ese nuevo gobierno de marcha atrás – porqué así se lo establezcan los organismos de esa fuerza política-,en algunas determinaciones que con relación a los hechos del pasado se tomaron. Y por ejemplo, los casos que permitieron la gran mayoría de los procesamientos de militares y policías, vuelva a estar dentro de la ley de caducidad, y que por esa razón los hoy procesados deban volver a estar libres.
Resumiendo una fuerza política, tiene la soberanía de votar como norte de sus conductas futuras, lo que quiera, siempre y cuando, esas resoluciones no vayan contra las obligaciones que tiene el Estado, independientemente de quien este al frente del gobierno.
Establecer la verdad sobre los crímenes de la dictadura y castigar a todos sus responsables, es una obligación del Estado uruguayo. Y no es un problema de mayor o menor voluntad política de quien coyunturalmente ejerza el gobierno.
Las condenas de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA y de las Naciones Unidas, relacionadas a la ley de caducidad, son al Estado uruguayo.
Si la fuerza en el gobierno, no recorre el camino de anular la ley de caducidad, el voto de los uruguayos, tendrá dos logros: terminar con la impunidad y librar de la incongruencia a una fuerza política que confunde – si existiera- la definición de una fuerza política con una obligación del Estado. Que por otra parte, es irrenunciable.
De ahí, que también debe descartarse de plano, cualquier intención de atribuir esta campaña, como parte de una lucha contra el gobierno. Todo lo contrario.
viernes, 5 de octubre de 2007
PARA QUE LA IMPUNIDAD NO SEA MAS PATRIMONIO DE LOS URUGUAYOS

En nuestro país es ya una costumbre celebrar anualmente en el mes de octubre el Día del Patrimonio. Si bien, como muchas cosas, esta costumbre se adoptó imitando a otros países, los valores nacionales que se intenta difundir son propiamente nuestros, más allá de ciertas similitudes que guarden con otros patrimonios culturales de otros países. A modo de ejemplo, cuando dentro de ese patrimonio se incluye al Tango, ese bien cultural es compartido por nuestros hermanos argentinos.
En ese día, por ejemplo, todos los edificios gubernamentales, museos, instituciones educativas, iglesias, edificios y hasta casas particulares, que tengan interés histórico o arquitectónico están abiertos al público. Esto es así, porque en sus comienzos el énfasis estaba puesto en el patrimonio arquitectónico del país. Con el transcurrir del tiempo se comenzó a ampliar lo que se consideraba como el patrimonio de los uruguayos y por lo tanto se amplió a todo aquello que se valora como integrante de una suerte de herencia que nos dejan nuestros antepasados. De esa manera, hace dos años se dedico el día del patrimonio a Don Carlos Solé, el relator de fútbol que nos dejó de herencia en el paisaje sonoro uruguayo el relato del gol que enmudeció el Estadio de Maracaná en 1950.
Cada año el Día del Patrimonio tiene un tema central de celebración y difusión patrimonial, y junto a él se instalan también otros temas de celebración patrimonial. El año pasado se organizo una suerte de homenaje a las tortas fritas, y a las murgas como uno de los ritmos tradicionales de nuestro Carnaval.
De una manera u otra desde que en 1995 se empezó a celebrar esa fecha, su popularidad se ha acrecentado de manera tal que miles de uruguayos –y aún extranjeros-, visitan, escuchan, miran y recuerdan esas herencias arquitectónicas, musicales y culturales. Herencias que por ser dignas de perdurar en el tiempo, la sociedad no sólo se preocupa por mantenerlas, sino que también se preocupa por darlas a conocer a las generaciones futuras.
Este año, por ejemplo Rosa Luna, Martha Guiarte y Lágrima Ríos serán homenajeadas, destacando los aportes de la raza negra a la cultura del Uruguay y en la conformación nacional, la independencia, la cultura y la identidad del Uruguay.
Desde que existe la escritura, los seres humanos se han preocupado por registrar historias, vivencias o productos de su imaginación. Sin embargo, no toda la producción literaria del hombre y la mujer, ha merecido que perdurara. Lo mismo sucede con otras expresiones del arte, del conocimiento o de la técnica.
Es decir que la humanidad, el hombre elige, determina aquellas cosas que ha hecho, para que perduren, para que sean la herencia que dejan a las generaciones futuras. A nadie se le ocurriría, salvo que se trate de la herencia maldita, integrar a nuestro patrimonio el artículo de la Constitución de 1830 que no prohibía la pena de muerte o aquel que excluía a la mujer del derecho a la ciudadanía y la suspendía al tratarse de sirviente a sueldo o peón jornalero.
Algo parecido sucede con la impunidad consagrada por la Ley de caducidad. El patrimonio, la herencia que le dejamos a las generaciones futuras, si no libramos a nuestro ordenamiento legal interno de esta norma nefasta e inconstitucional, será una cultura de impunidad.
¿Que opción ha hecho el Estado uruguayo en sus diversos poderes con relación a nuestro pasado reciente?
No incorporó al patrimonio histórico la versión de la dictadura registrada en el libro “La subversión. Las Fuerzas Armadas al Pueblo Oriental” publicado por la Junta de Comandantes en Jefe en 1977, en la que sostenía que las denuncias internacionales sobre la coordinación represiva que se realizaban contra la dictadura era “una información no siempre veraz y, en ocasiones, decididamente falsa. Y que por ello en dicho libro pretendían “mostrar desnuda toda la verdad, para la real apreciación de los hechos”, a través de “la sacrificada labor cumplida por las Fuerzas Armados, Ejército. Fuerza Aérea y Armada, juntamente con los servicios de Policía, en una lucha sin tregua para erradicar la subversión del suelo de la República”. Según las Fuerzas Armadas“Construido con material irrecusable, este libro constituye una exploración sistemática y paciente del morboso clima de violencia desatado por minúsculos grupos de irascibles, fracasados y resentidos, sin base popular ni apoyo de opinión, en el desesperado intento, fomentado desde afuera, de cuestionar el orden y la legalidad en un auténtico Estado democrático, que pacientemente elaboró su propio progreso y cultura y esforzadamente procuró perfeccionarlos”.
Sí incorporó la visión del Poder Judicial que al referirse a ese pasado reciente ha establecido que integrantes de las Fuerzas Armadas procesados por el Juez Luis Charles: “en el referido marco de conexión entre las fuerzas represivas de ambos países, viajaban constantemente a la República Argentina, intercambiaban información, interrogaban con apremios psico-físicos, efectuaban detenciones y traslados clandestinos (…) Los interrogatorios se realizaban con los detenidos vendados, -aunque ocasionalmente se identificaban o les quitaban las capuchas- sometiéndolos a diversos apremios psico-físicos, tales como colgamientos, picana eléctrica, submarino, golpes, entre otros, que denigraban en su condición de personas”.
También incorporó de la Comisión Para la Paz la “convicción plena acerca de las graves violaciones a los derechos humanos perpetradas durante el régimen de facto. Desde la tortura, la detención ilegítima en centros clandestinos, hasta llegar a los casos más graves de desaparición forzada, se constata la actuación de agentes estatales que, en el ejercicio de su función obraron al margen de la ley y empleando métodos represivos ilegales. La Comisión se permite subrayar, por último, que nadie está habilitado o autorizado, en ninguna circunstancia, a violar o desconocer los derechos humanos fundados en la propia existencia y dignidad de la persona”.
Ahora bien, si existe esa distancia entre como se pensaba la dictadura y como la concibe el Estado y la ciudadanía, ¿por qué la impunidad se mantiene como el patrimonio heredado de la presión militar, el miedo y la mentira?
Porque hasta hoy la sociedad no había tomado la iniciativa de que lo que corresponde es declararla nula con un efecto General para que quede claro que ha sido removida del ordenamiento jurídico y no deje ningún rastro. Para que esa norma deje de ir contra normas de Derecho Internacional inderogables, que prohíben que se dicten normas internas en los países que impidan el juzgamiento de hechos que pudieran ser calificados como crímenes de lesa humanidad. Para que el Uruguay deje de estar en falta frente a la Convención Interamericana de Derechos Humanos que estableció que la ley de caducidad es dictada contra normas que obligan al juzgamiento de crímenes de lesa humanidad. Además la ley de caducidad es manifiestamente inconstitucional, porque reconoce como fuente de la caducidad a la presión militar. Y la presión militar no puede ser fuente de derecho y menos aún incorporar a nuestro patrimonio esta herencia de la debemos avergonzarnos frente a nosotros y a las generaciones nuevas que la han heredado como “peludo de regalo”.
Por eso la impunidad no debe ser más patrimonio de los uruguayos. Para ello la sociedad uruguaya tiene pleno derecho a exigirles a sus representantes que ejerzan el control de legitimidad sobre la Ley y la declaren nula con alcance General y si ello no es posible la voluntad ejercida directamente por la ciudadanía, lo hará.