publicado en Trabajo y Utopía Nro 102 de setiembre de 2010
Como lo anunciáramos en nuestra nota anterior de Trabajo y Utopía, ya estarían dadas las condiciones para que el gobierno a través de su bancada de diputados presente para su aprobación un Proyecto de Ley, declarando como interpretación auténtica de la Constitución, que determinados derechos ( a la vida, a la integridad personal, a no ser desaparecido, torturado, así como al acceso a la justicia para que esta investigue, persiga y juzgue castigando a los responsable) establecidos en las normas de Derecho Internacional, están incorporadas a la Constitución de la República y deberán ser aplicadas por los tribunales del Uruguay.
De esta manera, la iniciativa reconoce el rango constitucional de las normas internacionales de protección derechos humanos y de derecho internacional humanitario y como resultado de ello, deja sin efecto por resultar inaplicables, la Ley de Caducidad de la Pretensión Punitiva del Estado.
Dicho proyecto, declara a su vez, que la ley de caducidad viola artículos de nuestra constitución, siendo en consecuencia inaplicable.
Parece claro, que si el mencionado proyecto quedara en esos términos, nos encontraríamos ante una simple derogación de la ley de caducidad, y no una anulación como ha pretendido reiteradamente consagrar la movilización popular. Pero, lo dispuesto en su artículo final, aleja esa posibilidad al establecer que toda intervención judicial que haya sido interrumpida, suspendida y/o archivada por aplicación de la ley de caducidad podrá ser reactivada y no se podrá invocar la validez de la ley de caducidad ni de actos que se hubieran dictado en su aplicación, con el fin de obstaculizar, de cualquier manera, indagatorias o acciones penales. Tampoco deja margen el proyecto, a que pudiera invocarse la prescripción de los delitos cometidos, dado el tiempo trascurrido, al establecer en ese mismo artículo final que sin perjuicio de los delitos imprescriptibles, cuando se tratara de delitos de naturaleza prescriptibles, no se computará en ningún caso para el término de prescripción, el comprendido entre el 22/12/86 y la fecha en que finalmente se promulgue la presente ley.
Una ley que termina saldando una situación que afecto la agenda política durante tantos años, es acompañada de una profunda fundamentación jurídica, al mismo tiempo que expresa un clara e inequívoco sentido de ratificar el compromiso del Uruguay con la plena vigencia de los derechos humanos.
Desde las distintas manifestaciones de repudio a la impunidad en nuestro país, hemos hecho centro en la igualdad de todos frente a la ley. Igualdad ante la ley que por otra parte esta establecida en la Declaración Universal de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas, como la garantía de los derechos de la persona humana y base fundacional de toda la sociedad humana y condición imprescindibles de la existencia de un Estado de Derecho.
En esa lógica el mencionado proyecto avanza en el sentido de reconocer el predominio de esas normas por sobre toda otra de carácter interno de los Estados, inclusive, respecto de las normas constitucionales. En resumen se consagra a nivel de nuestro ordenamiento interno, el hecho de que esas normas del derecho internacional constituyen un estándar mínimo indispensable, un bloque inexpugnable, frente al cual ceden las normas internas, aún las de rango constitucional.
En tal sentido, se sostiene que las garantías genéricas esenciales del Estado de Derecho tales como el derecho a la justicia, y la separación de poderes entre otros, constituyen principios universales básicos, que no pueden ser derogados ni aún por mayorías circunstanciales, ya sean de carácter popular o parlamentarias.
Por otra parte, con justeza se establece que la Convención Americana de Derechos Humanos fue aprobada y ratificada por Uruguay en 1985, por lo que la ley de caducidad aprobada posteriormente en 1986 no puede derogar derechos constitucionalmente garantidos.
Sostiene la exposición de motivos que la ley de caducidad ha sido una de las más controvertidas y repudiadas en la historia de nuestro país y que su aplicación e interpretación hasta marzo del 2005, permitió “garantizar la impunidad más absoluta para los autores de los delitos y crímenes más oprobiosos que recuerde la historia nacional utilizando todo el aparato estatal para la consecución de tales crímenes como la ejecución extrajudicial, la desaparición forzada de personas dentro y fuera de fronteras, el secuestro de niños y niñas y la tortura sistemática — incluida la violencia sexual — entre otras prácticas aberrantes cumplidas en forma sistemática, en el marco del terrorismo de estado que asoló la República entre 1973 y 1985”.
Reconoce el proyecto, que a nivel de la movilización popular la ley de caducidad, “ha sido un factor de constante movilización en su repudio, pues los supuestos factores que le dieron origen y justificaban su vigencia, hoy son anacrónicos, y en cambio perduran los efectos mas nocivos de la impunidad que impide a las víctimas y sus familiares acceder al amparo del Estado para la salvaguarda de sus derechos y el ejercicio de los mismos a través de los cometidos constitucionalmente asignados al Poder Judicial de ser salvaguarda última de los derechos inherentes a la persona humana”.
Si bien es cierto que esta iniciativa ha sido activada, también por el hecho de que ha sido presentada una acción contra el Estado uruguayo ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos por parte de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, el ingreso en el parlamento del citado proyecto de ley, no es un hecho parlamentario más. Es, también, el resultado de una larga lucha de nuestro pueblo contra la impunidad. Por eso razón no deberá ser movimiento popular un espectador pasivo de ese acontecimiento. Al igual que cuando se instalo la impunidad, deberemos ser parte activa de ese momento, siguiendo la su tratamiento desde las barras, o en actividades
que nos permitan, reencontrarnos con los que fueron momentos significativos que recorrimos para llegar a que seamos todos, frente a la ley.
Articulos de prensa y trabajo publicados en distintos medios por Raul Olivera Alfaro, fundamentalmente relacionados al tema derechos humanos.
miércoles, 8 de septiembre de 2010
domingo, 8 de agosto de 2010
¿AL FIN EL FIN DE LA IMPUNIDAD?
Publicado en Trabajo y Utopía Nro 101 de agosto de 2010
UNO.
Todo parece indicar que finalmente, luego de recorrer un largo e intrincado camino, se acerca el fin de la caducidad de la pretensión punitiva del Estado establecido en una norma legal. De ser así, se anulara una norma, que pauto casi de forma permanente la agenda política, social y jurídica del Uruguay desde el fin de la dictadura hasta nuestros días. Y al reestablecerse el derecho a la justicia, se empezará a desandar, en parte, un camino que solo nos condujo a frustraciones y afectación de derechos elementales.
Al momento de escribir esta nota, todo parece indicar, que terminaron de anudarse determinadas condiciones que obligaran al Poder Ejecutivo y al Legislativo- con mayor o menor entusiasmo - a materializar una larga aspiración del movimiento popular.
Durante estos últimos casi 24 años (1986 - 2010), se debió recorrer diversos caminos y ensayar distintas estrategias. En ellos, se debieron vivir momentos de inflexión, en los que pareció que las batallas contra la impunidad entraban en callejones sin salida. Momentos en los que se ensayó desde el poder del Estado, ofrecer atajos que desnaturalizaban objetivos sobre los que no cabe más que un comportamiento radical.
Algún día, habrá que hacer un recuento de los esfuerzos y los caminos que condujeron a este resultado que hoy se avizora. Ese recuento será una saludable rendición de cuentas, en el que se reafirmara, sin duda alguna, que a la lucha democrática, no hay nunca que abandonarla.
Este resultado, que nos aventuramos a pronosticar como un dato de la realidad política de los momentos que vivimos, no tiene en el campo del movimiento popular protagonistas que valgan más que otros, ni esfuerzos que deban despreciarse a la hora de hacer ese balance. Tampoco deberemos olvidar, que dentro del sistema judicial, algunos jueces y fiscales, realizaron aportes sustanciales para llevar a buen puerto este desafío democrático. Que también existieron abogados comprometidos radicalmente con la defensa de los derechos humanos, que no calcularon a la hora de ponerse al frente de denuncias, si se trataba de una causa ganable en los estrados judiciales que aumentara su prestigio personal y profesional, y sí, que era una causa esencialmente justa.
Que esta tardía reconciliación del país con sus mejores tradiciones democráticas y republicanas, haya tardado tanto, marca lo dura que debió ser la batalla. No será poca cosa, a nivel de nuestra conciencia y de nuestra moral democrática, el poder ofrecerles al recuerdo de nuestros compañeros asesinados y desaparecidos, que honramos su ejemplo de lucha en el pasado con este presente de nuestros tiempos. Tampoco será poca cosa, el poder ofrecerle a las generaciones futuras, un autentico instrumento para el Nunca Más que deberá fortalecerse y reafirmarse como parte de una tarea continuada y perseverante de los pueblos frente a los desbordes del Estado.
Pero, en este largo camino de lucha por derrotar la impunidad, entrañables compañeros de lucha y sufrimiento, no pudieron ver el fruto de sus desvelos. Pensamos en la Tota Quinteros, en Luz Ibarburu, en Quica Errandonea, en Blanca Artigas; por poner solo algunos nombres.
Muchas veces repetimos, que teníamos que convencernos que cualquier ley y con más razón la ley de caducidad, no sólo tenia que ver con un debate exclusivamente jurídico, sino con situaciones políticas que la promovieron y la defendieron incansablemente en todos estos años. Por lo tanto el esfuerzo realizado para librarnos de ella, necesitaba de batallas en esos dos terrenos específicos. Demostrado pareció quedar esa afirmación, cuando un cambio de gobierno, como el operado en el 2005, tocó una serie de resortes que provocaron algunos cambios que permitieron avances sustanciales pero no suficientes. También, supimos que por razones políticas, no estaría claro, hasta dónde se estaría dispuesto desde el gobierno a seguir avanzando en la defensa de los derechos violados durante la dictadura. Sospechamos con razón, que consolidar esos avances e ir a más, dependían de la anulación de la ley de caducidad.
Habrá que prestar especial atención a los puntos y las comas del texto que termine con una etapa ignominiosa para nuestro país, a la luz de ejemplos recientes ocurridos a nivel parlamentario, sobre los que nos referiremos más adelante.
DOS.
Durante la dictadura con la complicidad y participación de un número no menor de civiles, las Fuerzas Armadas, se apoderaron del Estado. En ese marco, el Estado fue transformado en parte de un aparato al servicio de conductas delictivas de variada índole. Desde allí, se pusieron todos sus recursos materiales y humanos para encarcelar, torturar. Violar, asesinar y desaparecer a cientos de ciudadanos.
Ese uso indiscriminado de los aparatos armados del Estado, se extendió al uso de los dineros públicos y privados. Las probadas operaciones de extorsión, los saqueos de las casas y los bienes de sus víctimas, era moneda corriente.
La impunidad con que se desarrollaban esas prácticas, tenía en los años de dictadura, el sostén del miedo, la prepotencia y la arbitrariedad más absoluta. Desde ella se incrementaron los patrimonios de integrantes de los aparatos armados y sus cómplices civiles. Las desavenencias en el reparto del botín, se solucionaban también con los mismos métodos que se aplicaban a los opositores políticos. Una investigación de los pormenores del caso de desaparición de Américo Soca – casualmente amparado en la ley de caducidad-, arrogaría luz sobre la corrupción en la dictadura.
Ya en democracia, la impunidad sobre las prácticas corruptas de l dictadura, no se asentó en el miedo. Cabalgó a lomo de la caducidad sobre los delitos relacionados con los derechos humanos. Minimizar al menos la corrupción existente en los aparatos armados, debiera haber sido una apuesta de la transición de los años 80. Pero como para eso era imprescindible una limitación de los poderes discrecionales de las autoridades militares, esta continuo sobreviviendo bajo el manto de la cultura de impunidad orquestada en 1986. En ese marco, estructuras creadas en dictadura a partir de la cuales se planificaron y ejecutaron los más atroces asesinatos políticos, sirvieron para orquestar otras conductas no menos delictivas, cuyas motivaciones centrales fueron el enriquecimiento ilícito personal. Ya en democracia, se reciclaron y continuaron teniendo un poder que hasta permitió obviar el propio texto de la ley de caducidad que establecía que no caducaba la acción penal sobre aquellas delitos “que se hubieran cometido con el propósito de lograr, para el autor o para un tercero, un proyecto económico".
Sobre Gregorio Álvarez, por ejemplo, jamás fueron indagadas sus cuentas bancarias ni sus propiedades. Mientras estuvo libre, vivió suntuosamente y le pagamos una jubilación por su usurpación de la Presidencia de la República. A diferencia del dictador Pinochet, el Goyo no ha sido investigado a pesar de los fuertes indicios existentes en ese sentido .
Como vemos, la cultura de impunidad se extendió, hasta esos niveles.
Los recientes escándalos de corrupción en la armada y de convivencia y complicidad de personal policial, nos recuerdan la complicidad de ese mismo estamento con los hechos vinculados al asesinato del agente chileno Eugenio Berrios.
La acción de la Justicia que procesó hasta ahora a unos integrantes de la armada y a un jerarca de Inteligencia policial, en el marco de la investigación del manejo irregular de fondos militares, parece realizar la depuración que el sistema político no tuvo el coraje de hacer en su momento. Nunca es tarde.
TRES
Con la ayuda de una ley aprobada en el año 2008 por el Parlamento, se clausuro uno de los pocos expedientes en lo que se logro castigar las vaciamientos de bancos que luego asumía el Estado con nuestros dineros. Con ello se crearon las condiciones jurídicas para que los hermanos Peirano, quedaran "limpios de antecedentes delictivos".
Sobre este hecho insólito e indignante, al principio se argumento ignorancia por parte de los legisladores a la hora de votarla. Una vocera de los damnificados por los delitos que ahora se “borraron” declaraba: "No sé si decir corrupción, pero sí mucha ignorancia, porque los legisladores no sabían lo que votaban”.
Posteriormente se supo que al momento de ser considerada la citada ley, cierta alarma de un legislador nacionalista dejó planteada la eventualidad de la liberación de culpa de los Peirano que hoy se hizo realidad, Dicho legislador expresó que de aprobarse dicha ley “los que están presos salen y los que deberían estarlo no lo estarán”.
Como el hecho de que alguien este preso y deje de estarlo, no es un hecho baladí, la preocupación del legislador nacionalista dio origen a consultas a un prestigioso jurista del gobierno de izquierda, que debió alejar esa posibilidad de “amnistiar” a los Peirano.
Pero lo cierto es que lo pronosticado por el legislador nacionalista, se hizo realidad, ante el asombro y la indignación generalizada.
Una legisladora del Frente Amplio que votó esa ley, dice hoy que “había sido engañada a la hora de votar. Hubo falta de responsabilidad por parte de los legisladores", indica que ese jurista de izquierda dio luz verde para que se votara. Por si faltaran elementos para pensar eso, la exlegisladora declara: “Yo me siento engañada porque no creo que esto sea fortuito... está claro que la ley que dejó libre a los Peirano, tiene nombre y apellido".
Raúl Olivera
11/08/2010
UNO.
Todo parece indicar que finalmente, luego de recorrer un largo e intrincado camino, se acerca el fin de la caducidad de la pretensión punitiva del Estado establecido en una norma legal. De ser así, se anulara una norma, que pauto casi de forma permanente la agenda política, social y jurídica del Uruguay desde el fin de la dictadura hasta nuestros días. Y al reestablecerse el derecho a la justicia, se empezará a desandar, en parte, un camino que solo nos condujo a frustraciones y afectación de derechos elementales.
Al momento de escribir esta nota, todo parece indicar, que terminaron de anudarse determinadas condiciones que obligaran al Poder Ejecutivo y al Legislativo- con mayor o menor entusiasmo - a materializar una larga aspiración del movimiento popular.
Durante estos últimos casi 24 años (1986 - 2010), se debió recorrer diversos caminos y ensayar distintas estrategias. En ellos, se debieron vivir momentos de inflexión, en los que pareció que las batallas contra la impunidad entraban en callejones sin salida. Momentos en los que se ensayó desde el poder del Estado, ofrecer atajos que desnaturalizaban objetivos sobre los que no cabe más que un comportamiento radical.
Algún día, habrá que hacer un recuento de los esfuerzos y los caminos que condujeron a este resultado que hoy se avizora. Ese recuento será una saludable rendición de cuentas, en el que se reafirmara, sin duda alguna, que a la lucha democrática, no hay nunca que abandonarla.
Este resultado, que nos aventuramos a pronosticar como un dato de la realidad política de los momentos que vivimos, no tiene en el campo del movimiento popular protagonistas que valgan más que otros, ni esfuerzos que deban despreciarse a la hora de hacer ese balance. Tampoco deberemos olvidar, que dentro del sistema judicial, algunos jueces y fiscales, realizaron aportes sustanciales para llevar a buen puerto este desafío democrático. Que también existieron abogados comprometidos radicalmente con la defensa de los derechos humanos, que no calcularon a la hora de ponerse al frente de denuncias, si se trataba de una causa ganable en los estrados judiciales que aumentara su prestigio personal y profesional, y sí, que era una causa esencialmente justa.
Que esta tardía reconciliación del país con sus mejores tradiciones democráticas y republicanas, haya tardado tanto, marca lo dura que debió ser la batalla. No será poca cosa, a nivel de nuestra conciencia y de nuestra moral democrática, el poder ofrecerles al recuerdo de nuestros compañeros asesinados y desaparecidos, que honramos su ejemplo de lucha en el pasado con este presente de nuestros tiempos. Tampoco será poca cosa, el poder ofrecerle a las generaciones futuras, un autentico instrumento para el Nunca Más que deberá fortalecerse y reafirmarse como parte de una tarea continuada y perseverante de los pueblos frente a los desbordes del Estado.
Pero, en este largo camino de lucha por derrotar la impunidad, entrañables compañeros de lucha y sufrimiento, no pudieron ver el fruto de sus desvelos. Pensamos en la Tota Quinteros, en Luz Ibarburu, en Quica Errandonea, en Blanca Artigas; por poner solo algunos nombres.
Muchas veces repetimos, que teníamos que convencernos que cualquier ley y con más razón la ley de caducidad, no sólo tenia que ver con un debate exclusivamente jurídico, sino con situaciones políticas que la promovieron y la defendieron incansablemente en todos estos años. Por lo tanto el esfuerzo realizado para librarnos de ella, necesitaba de batallas en esos dos terrenos específicos. Demostrado pareció quedar esa afirmación, cuando un cambio de gobierno, como el operado en el 2005, tocó una serie de resortes que provocaron algunos cambios que permitieron avances sustanciales pero no suficientes. También, supimos que por razones políticas, no estaría claro, hasta dónde se estaría dispuesto desde el gobierno a seguir avanzando en la defensa de los derechos violados durante la dictadura. Sospechamos con razón, que consolidar esos avances e ir a más, dependían de la anulación de la ley de caducidad.
Habrá que prestar especial atención a los puntos y las comas del texto que termine con una etapa ignominiosa para nuestro país, a la luz de ejemplos recientes ocurridos a nivel parlamentario, sobre los que nos referiremos más adelante.
DOS.
Durante la dictadura con la complicidad y participación de un número no menor de civiles, las Fuerzas Armadas, se apoderaron del Estado. En ese marco, el Estado fue transformado en parte de un aparato al servicio de conductas delictivas de variada índole. Desde allí, se pusieron todos sus recursos materiales y humanos para encarcelar, torturar. Violar, asesinar y desaparecer a cientos de ciudadanos.
Ese uso indiscriminado de los aparatos armados del Estado, se extendió al uso de los dineros públicos y privados. Las probadas operaciones de extorsión, los saqueos de las casas y los bienes de sus víctimas, era moneda corriente.
La impunidad con que se desarrollaban esas prácticas, tenía en los años de dictadura, el sostén del miedo, la prepotencia y la arbitrariedad más absoluta. Desde ella se incrementaron los patrimonios de integrantes de los aparatos armados y sus cómplices civiles. Las desavenencias en el reparto del botín, se solucionaban también con los mismos métodos que se aplicaban a los opositores políticos. Una investigación de los pormenores del caso de desaparición de Américo Soca – casualmente amparado en la ley de caducidad-, arrogaría luz sobre la corrupción en la dictadura.
Ya en democracia, la impunidad sobre las prácticas corruptas de l dictadura, no se asentó en el miedo. Cabalgó a lomo de la caducidad sobre los delitos relacionados con los derechos humanos. Minimizar al menos la corrupción existente en los aparatos armados, debiera haber sido una apuesta de la transición de los años 80. Pero como para eso era imprescindible una limitación de los poderes discrecionales de las autoridades militares, esta continuo sobreviviendo bajo el manto de la cultura de impunidad orquestada en 1986. En ese marco, estructuras creadas en dictadura a partir de la cuales se planificaron y ejecutaron los más atroces asesinatos políticos, sirvieron para orquestar otras conductas no menos delictivas, cuyas motivaciones centrales fueron el enriquecimiento ilícito personal. Ya en democracia, se reciclaron y continuaron teniendo un poder que hasta permitió obviar el propio texto de la ley de caducidad que establecía que no caducaba la acción penal sobre aquellas delitos “que se hubieran cometido con el propósito de lograr, para el autor o para un tercero, un proyecto económico".
Sobre Gregorio Álvarez, por ejemplo, jamás fueron indagadas sus cuentas bancarias ni sus propiedades. Mientras estuvo libre, vivió suntuosamente y le pagamos una jubilación por su usurpación de la Presidencia de la República. A diferencia del dictador Pinochet, el Goyo no ha sido investigado a pesar de los fuertes indicios existentes en ese sentido .
Como vemos, la cultura de impunidad se extendió, hasta esos niveles.
Los recientes escándalos de corrupción en la armada y de convivencia y complicidad de personal policial, nos recuerdan la complicidad de ese mismo estamento con los hechos vinculados al asesinato del agente chileno Eugenio Berrios.
La acción de la Justicia que procesó hasta ahora a unos integrantes de la armada y a un jerarca de Inteligencia policial, en el marco de la investigación del manejo irregular de fondos militares, parece realizar la depuración que el sistema político no tuvo el coraje de hacer en su momento. Nunca es tarde.
TRES
Con la ayuda de una ley aprobada en el año 2008 por el Parlamento, se clausuro uno de los pocos expedientes en lo que se logro castigar las vaciamientos de bancos que luego asumía el Estado con nuestros dineros. Con ello se crearon las condiciones jurídicas para que los hermanos Peirano, quedaran "limpios de antecedentes delictivos".
Sobre este hecho insólito e indignante, al principio se argumento ignorancia por parte de los legisladores a la hora de votarla. Una vocera de los damnificados por los delitos que ahora se “borraron” declaraba: "No sé si decir corrupción, pero sí mucha ignorancia, porque los legisladores no sabían lo que votaban”.
Posteriormente se supo que al momento de ser considerada la citada ley, cierta alarma de un legislador nacionalista dejó planteada la eventualidad de la liberación de culpa de los Peirano que hoy se hizo realidad, Dicho legislador expresó que de aprobarse dicha ley “los que están presos salen y los que deberían estarlo no lo estarán”.
Como el hecho de que alguien este preso y deje de estarlo, no es un hecho baladí, la preocupación del legislador nacionalista dio origen a consultas a un prestigioso jurista del gobierno de izquierda, que debió alejar esa posibilidad de “amnistiar” a los Peirano.
Pero lo cierto es que lo pronosticado por el legislador nacionalista, se hizo realidad, ante el asombro y la indignación generalizada.
Una legisladora del Frente Amplio que votó esa ley, dice hoy que “había sido engañada a la hora de votar. Hubo falta de responsabilidad por parte de los legisladores", indica que ese jurista de izquierda dio luz verde para que se votara. Por si faltaran elementos para pensar eso, la exlegisladora declara: “Yo me siento engañada porque no creo que esto sea fortuito... está claro que la ley que dejó libre a los Peirano, tiene nombre y apellido".
Raúl Olivera
11/08/2010
sábado, 17 de julio de 2010
SANGUINETTI:EL CENSURADOR.Los complices civiles de la dictadura

SANGUINETTI: EL CENSURADOR.
Los cómplices civiles de la dictadura.
Publicado en Trabajo y Utopia Nro 100 de Julio 2010
Por Raúl Olivera
El arma más importante para luchar contra la impunidad, es la construcción sólida y convincente de lo que se ha dado en llamar la memoria histórica.
En esa construcción, cada uno de los testimonios de aquellos que sobrevivían al horror, fueron las primeras actas de acusación a la dictadura. Posteriormente, y luego de enfrentar el ninguneo de los grandes medios de difusión y la complicidad de los aparatos del Estado, lo allí consignado fue transformándose en verdades irrefutables.
Pero esa construcción de la memoria histórica sobre nuestro pasado reciente, ha sido una tarea muy dura en la que fue necesario disputar palmo a palmo, cada avance logrado y donde las verdades de las víctimas fueron y son mil veces negadas y otras tantas tergiversadas. Pero siempre, los hechos terminaron poniendo en su justo lugar las verdades y las falsedades.
Una atenta lectura de los cientos de folios que se acumulan en diversas sentencias en los tribunales uruguayos y argentinos, comprueba que no se exageró, que no se invento nada.
Decíamos, que esa lucha por la verdad, no es una tarea fácil. Muchas veces, debió desarrollarse contra el peso del Estado en gobiernos elegidos democráticamente, que se hacían cómplices de los atropellos del Estado dictatorial. Aun en las dos ultimas administraciones, en las que no seria justo atribuirle complicidad, no han sido pocas las dificultades que se encontraron para que el Estado asuma como una responsabilidad primordial de su acción, el contribuir a establecer la verdad y desde ella hacer justicia.
Cuando la construcción de la memoria histórica tiene entre sus prioridades, el lograr la acción punitiva del Estado, muchas veces los acentos son puestos, en el esclarecimiento exhaustivo de la acción de la dictadura, descuidando las complicidades más actuales. Complicidades que muchas veces no calibramos en sus justos terminos lo que ellas constituyen: verdaderos actos delictivos.
La cultura de impunidad existente en los países que vivieron largos y sangrientos periodos de terrorismo de Estado, instaló una lógica perversa. En esa lógica ha sido necesaria, la revelación o la aceptación de los artífices de la mentira y el ocultamiento de algunos hechos, para que, lo que venían sosteniendo las víctimas, fuera aceptado como real. Los “vuelos de la muerte” llevados a cabo por la dictadura argentina habían sido reiteradamente denunciados, sin embargo fue necesario que fuera admitido por el marino Schilingo, uno de los participantes, para que recién fueran aceptados como hechos indiscutibles. Lo mismo pasó con los traslados y las ejecuciones masivas de prisioneros uruguayos por parte de la dictadura de nuestro país.
Sobran los ejemplos en los cuales los artífices de la mentira y el ocultamiento, se transforman en una suerte de garantes de verdad. Esa anomalía, es parte de la cultura de impunidad que aún vivimos.
Dentro de esa lógica, ocurrió en democracia un hecho, al que nos queremos referir. Al igual que los ejemplos mencionados, ese hecho fue en su momento denunciado, pero, sin embargo no parecía tener el “certificado de verdad” indiscutible que solo parece estar habilitados para dar los victimarios y sus cómplices por acción u omisión.
El hecho ocurrió en 1989 durante el gobierno del Dr. Sanguinetti, cuando se realizó el primer intento para anular la ley de impunidad mediante el referéndum del voto verde.
El episodio lo encontramos prolijamente recogido en una edición de la editorial “Fin de Siglo”de abril del 2010. Con el titulo de “LA VIDA TE DA SORPRESAS”, José Luis Guntin. da cuenta de una especie de autobiografía.
¿Quién es Guntín? Ocupo la bancada del Senado por el partido colorado, fue fundador y redactor responsable del semanario “OPINAR”, fue hombre de confianza de Enrique Tarigo y en 1994 ocupo la dirección de Canal 5.
Los hechos de los que se da cuenta en las páginas 206 a 210, ocurrieron en los días previos al referéndum de abril de 1989.
Según relata Guntin, Sanguinetti, imposibilitado constitucionalmente por ser el Presidente de la República de ser “el paladín en contra del “voto verde”, le traspasa esta responsabilidad” Enrique Tarigo, quien “sería el vocero del voto amarillo” en el plebiscito”. Y que “para Sanguinetti era más importante el triunfo en el referéndum que la victoria de Tarigo en las elecciones internas, porque de no lograr lo primero, tendría un enorme problema institucional”.
Pero volvamos al plebiscito - continúa escribiendo Guntin-, en las jornadas previas a la votación. El “voto verde” hacía mucho más ruido y las encuestas indicaban que se aproximaba peligrosamente a ser la mayoría. Cada día, descontaba diferencia.
Sanguinetti estaba muy preocupado y, cuanto más inquieto, más eran los avisos que le hacía hacer a Tarigo.
Las cámaras de Canal 10 siempre se encontraban prontas para filmar por orden de De Feo. Los publicistas asesores eran el gordo Ferrero y Roberto Ceruzzi (de Corporación Thompson), y muchas de las reuniones se llevaban a cabo en la residencia presidencial.
Yo, como hombre de confianza de Tarigo, participé en muchas de ellas.
Y así fueron pasando los días y cada vez se fue acercando más la jornada de la votación.
Lo que les voy a contar ahora, sucedió durante la última jornada en que se podía realizar publicidad, es decir, dos días antes del referéndum.
Esa mañana, temprano, serían las nueve, me llamaron urgente de Presidencia para que concurriera al edificio Libertad. Fui lo más rápido que pude.
Subí al séptimo piso y en el despacho del presidente estaban, sentados alrededor de la mesa, Sanguinetti, Tango, Miguel Ángel Semino , secretario de la Presidencia, Jorge de Feo , el ingeniero Horacio Scheck de Canal 12 y Walter Nessi , prosecretario de la Presidencia.
Los saludé rápidamente, porque imaginé que el tema era grave y urgente para convocarnos tan temprano en la mañana.
Apenas terminé de saludarlos, el Presidente me dijo que estaban deliberando acerca de un aviso, un tape, que el día anterior, a última hora, había llegado a los canales proveniente de la Comisión pro Referéndum.
“Queríamos que lo vieras y nos dieras tu opinión”, me dijo Sanguinetti. Le contesté: “bueno”, y salí detrás de Nessi a mirarlo.
Aparecía en la pantalla una señora que inmediatamente reconocí. Era Sara Méndez y en el tape hablaba de su tragedia y la de su hijo, Simón Riquelo, desaparecido años atrás.
Hablaba con mucha calma, mirando a la cámara, y contaba su dolor de madre de no saber dónde estaba su hijo. Y afirmaba que el triunfo del “voto verde” podía ayudar a que lo encontrase, porque las circunstancias de su desaparición se investigarían más a fondo. Y que por eso, ella le pedía a quienes la escuchaban que votaran “verde” el domingo próximo, para que ella pudiera reencontrase con su hijo. Todo dicho de un modo muy convincente.
Le pedí a Nessi que me lo dejara ver varias veces. Lo más impactante del aviso era que, después de hablar Sara Méndez, cuando ella se quedaba callada, la cámara continuaba filmándola unos cinco segundos en silencio.
Su cara, su angustia, sus deseos de recuperar a su hijo, su dolor, estaban todos en esos instantes en que ella no hablaba, pero que seguía en pantalla.
Después de la quinta vez en que lo pasó lo miré y le dije a Nessi:
“Está muy bueno”. Entonces, él me dijo que tenía otro proyecto de comercial que quería mostrarme. “Dale”, le contesté.
Ahí me llevó a otro monitor y lo encendió. Comenzaron a aparecer las imágenes y el audio.
Se trataba de otro aviso, no muy acabado. Se refería a la muerte de Pascasio Báez, el peón rural que asesinaron los tupamaros, con total sangre fría, en una “tatucera” cercana a Pan de Azúcar, simplemente porque podía advertir a los uniformados lo que había visto por casualidad.
Pero el spot filmado era largo y confuso. No estaba bien estructurado, y aunque por supuesto eso se podía arreglar, no era un aviso para nada efectivo si se pasaba solamente durante una jornada. El otro, el de Sara Méndez, sí.
Se lo dije enseguida al prosecretario. Él quedó un poco desanimado ante mis palabras, porque creía que con este comercial neutralizaría el efecto del otro. Le expresé que, para mí, no sería así. El aviso de Sara Méndez era muy efectivo en un único día de salida al aire, el otro no. No le quise señalar que el suyo estaba confuso y mal realizado, porque ése no era el punto, pero le aseguré que, en mi opinión, era muy superior el efecto de la pieza enviada por la Comisión pro Referéndum. El contra aviso no servía de nada.
Walter me miró con cara de desilusión y me dijo que volviéramos al despacho del Presidente para que yo les expresara mi opinión.
Volvimos. Seguían las mismas personalidades sentadas en torno de la misma mesa. Todas las miradas se centraron en mí, cuando me senté en un lugar libre.
Sanguinetti me preguntó qué me habían parecido ambos video-tapes. Contesté, más o menos, lo que le había dicho a Nessi. Que el de Sara Méndez me parecía muy efectivo, aunque se pasara durante un único día; y que el otro, el de Pascasio Báez, no servía de nada, resultaba muy confuso y que, aunque se mejorara, no tendría efecto alguno en una única jornada de proyección.
Los rostros de todos los presentes se tensaron. Qué problema se les había aparecido el día previo al receso publicitario!
Hubo un minuto de silencio en la sala. Por fin, alguien me preguntó si me parecía que con ese aviso podía triunfar el “voto verde”. Les pregunté qué decían las encuestas sobre la diferencia existente ahora.
“Ganamos por poco”, me contestó alguien. “ Cuánto es ese poco?” repliqué. “Unos puntos”, oí decir.
“Entonces, este aviso puede hacer que gane el ‘voto verde”, les expresé.
El silencio y los rostros preocupados aumentaron. Lo rompio De Feo, quien le habló directamente al Presidente.
Le dijo que si era así, bastaba una palabra suya para que esa publicidad no apareciese en ninguno de los canales. Lo miró a Scheck, quien asintió. “Hablamos ahora con Hugo Romay y ninguno de los avisos aparece. Podemos argumentar que llegaron tarde a los canales y que ya teníamos las tandas completas” expresó De Feo entusiasmado.
Sanguinetti lo miró y nos miró a todos con cara preocupada. El silencio se hizo más denso en su despacho. Nadie hablaba. Era el turno de que el Presidente decidiera qué hacer.
Demoró en hablar y, cuando lo hizo, le manifestó a De Feo que sí, que se hiciera así, que no saliese el aviso de Sara Méndez. lo dijo en tono muy bajo, apenas se oyó, pero sí de forma concluyente.
De Feo inmediatamente se dirigió al teléfono a llamar a Romay y todos nos fuimos levantando de la mesa para retirarnos.
Yo estaba impactado por lo que había presenciado. Un presidente constitucional había prohibido una publicidad de la oposición. Sin motivo válido alguno. Sólo para no poner en riesgo el resultado de la votación y salvarse de un grave problema institucional.
Me impresionó mucho, pero me quedé callado.
¿Qué podría haber hecho?, me preguntaba después, cuando me alejaba del edificio Libertad. ¿Decir que era una barbaridad antidemocrática? No me animé. Preferí el cómodo silencio.
Quienes no se quedaron en silencio fueron los perjudicados, los censurados. De lo que voy a contar no fui testigo, pero lo sé por los periodistas de Búsqueda. El día de la prohibición del aviso, concurrieron a este semanario la propia Sara Méndez y el señor Hugo Cores a denunciar lo sucedido. Búsqueda lo consignó y Arbilla denunció ante la SIP esta censura de prensa. Creo que en esos tiempos todos creían que había sido acción exclusiva de los canales privados de televisión. No sabían de la participación directa del presidente Sanguinetti que acabo de relatar.
Tres jornadas después, el “voto amarillo” aventajó al “verde” por un margen no muy grande.
Sanguinetti respiró tranquilo y también todos los que lo rodeábamos”.
Hasta aquí una trascripción textual de lo escrito por Guntin en las mencionadas páginas. Sanguinetti, sigue escribiendo columnas en el Diario El País” de Madrid, dictando cátedra sobre sus valores democráticos, los De Feo, los Romay, los Scheck siguen liderando un monopolio de los grandes medios de difusión. Y el Uruguay sigue conviviendo con la ley de caducidad. ¡Eso es un claro ejemplo de una cultura de impunidad!
miércoles, 9 de junio de 2010
URUGUAY: LOS ESCENARIOS EN LA LUCHA CONTRA LA IMPUNIDAD.
PONENCIA realizada por Raúl Olivera en las “Jornadas sobre Políticas Públicas de Derechos Humanos:
Memoria, Justicia, Reparación, acerca de las “Cuentas
Pendientes” de la Transición Post-Autoritaria” 9 de junio de 2010. (Publicado en Trabajo y Utopía junio 2010)
Hechos sucedidos en el último período como son: los procesamientos y la condena de algunos militares y policías; la declaración de inconstitucional de la ley de caducidad por la Corte, y en el mismo sentido, pronunciamientos recientes del Parlamento y del Ejecutivo, nos plantea un escenario que nos parece importante analizar.
Siempre hemos sostenido que la impunidad en el Uruguay no es el simple efecto de la ley 15.848, sino fundamentalmente, el resultado de conductas políticas articuladas desde el poder del Estado. De ahí que un análisis del proceso, aun en curso, para desactivar radicalmente los mecanismos de impunidad, deba hacer hincapié en la importancia capital que tuvo y tendrá la construcción del escenario político que lo hace posible.
La importancia de los escenarios políticos para la concreción de los avances de las luchas ciudadanas, encuentra ejemplos sobresalientes, en las campañas del voto verde y rosado. El hecho de que en esas dos acciones no hayan logrado el máximo de los objetivos concretos que se planteaban, no debería oscurecer en los futuros pasos a dar, la importancia de la “construcción del escenario”, como elemento cardinal para la materialización de los actuales objetivos de eliminar de nuestro ordenamiento jurídico la ley de caducidad.
Siempre la lucha que debe desarrollar la sociedad civil en contra de las diversas formas del autoritarismo estatal, se instala en escenarios donde la táctica tiene que analizar con objetividad sus propias fuerzas, las que debe enfrentar y el “momento político” en que se desarrolla cada etapa del desafió concreto. La profundidad y el alcance de las reivindicaciones, están casi siempre determinadas por esas condiciones originales en que se desarrolla cada etapa de lucha. Y sobre todo, es necesario una mirada estratégica que tenga en cuenta el escenario futuro que se ira construyendo en el proceso de la lucha misma.
Esa construcción de los escenarios, no es algo dado. No es una construcción producto de un devenir inexorable. Hay que trabajar en el anudamiento y la articulación de sus distintos componentes. Derrotar uno de los mecanismos de la impunidad mediante la anulación de la ley de caducidad, es también –además de una profundización de la democracia-, un cambio sustancial que producirá efectos múltiples a nivel de la sociedad.
Un error frecuente en la conducción de luchas como esta, es no percibir que los escenarios cambian y si no se asimilan esos cambios se corre el riesgo de perder el tren de la historia. Por ejemplo, congelarse en el escenario de frustración popular, que se instaló con la derrota del voto Verde impide definir con claridad el como recomenzar la lucha, incorporando adecuadamente el dato de ese fracaso y el nuevo escenario existente.
Recordemos que por aquel entonces, se debió en un principio, recluir la lucha, en el limitado derecho a la verdad instalado en el cumplimiento del artículo 4° de una ley que se rechazaba. Instalado aquel escenario y desde él, avanzar hasta materializar los logros hasta hoy alcanzados, nos lleva a concluir, que el mérito de esa estrategia contra la impunidad, es haber desarrollado una táctica que supo identificar adecuadamente los distintos elementos de cada escenario y no congelarse en ellos.
Hay muchos elementos comunes, en el escenario pos voto verde y en este en el que nos encontramos hoy. Y también hay deferencias sustanciales, que debemos tener en cuenta.
Veámoslos: el 19 de octubre pasado, la Corte, dictaminó que la ley de caducidad era inconstitucional. Seis días después, puesta a consideración del cuerpo electoral esa misma ley, el resultado electoral determinó que debíamos seguir conviviendo con una norma que viola la Constitución. Difícil de entender.
Tampoco se entiende que habiéndose pronunciado anteriormente en el mismo sentido que la Corte, los otros dos poderes del Estado (Legislativo y Ejecutivo), ninguno de los dos haya hecho algo para remediar esa situación de absoluta anomalía para un país que pretende mantener entre sus atributos, una profunda y arraigada cultura de salvaguarda del estado de derecho.
Si la Constitución es nuestra ley fundamental, un pronunciamiento como el que se operó el pasado 25 de octubre, que mantiene una norma que es catalogada unánimemente por todos los poderes del Estado como violatoria de la Constitución, nos dejo frente al mundo y a nuestra propia conciencia democrática, en una posición ridícula e incomoda. Nos transforma en un país de mentira.
Y si a eso le sumamos, la obligada relación de respeto que deberíamos mantener como país, con las normas del derecho internacional, el ridículo es de película.
Sin embargo, este escenario, que nos pone en el libro de los record de Guinnes, debió ser previsible para el sistema político uruguayo. La falta de voluntad política de un parlamento que contaba con los presupuestos políticos para tomar la iniciativa, obligó a la sociedad civil a recorrer el camino del plebiscito poniendo a consideración de la ciudadanía -, derechos persistentes y ya consagrados en nuestra Constitución y el derecho internacional.
Con la papeleta rosada, en realidad buscamos instalar algo que en realidad era innecesario y hasta inconveniente poner en juego: el derecho a la Justicia, preexistente en nuestra Constitución.
Que la opción puesta a consideración de la ciudadanía, no haya sido acompañada por el voto manifiesto de la mayoría, ni cambia la Constitución ni los Convenios internacionales suscritos por el país.
Menos aun, la relación de la ley de caducidad con ambas cosas: una relación de abierto apartamiento de las normas constitucionales y las obligaciones emergentes del derecho internacional.
Dicho de otra manera, este desajuste instalado desde hace 23 años en nuestro país y puesto de manifiesto una vez más por el dictamen de la Corte y los informes 35/91 y 29/92 de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA, no puede continuar existiendo en un país que quiere ser en serio y de primera. Y para ello, solo caben una posible conducta: el de adecuar nuestro derecho interno a las obligaciones internacionales. Sin cumplir esa obligación sustantiva difícilmente la izquierda pueda desempeñar el rol que pretende en el concierto internacional.
También es cierto que un pronunciamiento insólito como el materializado el 25 de octubre, también puede transitarse por otro camino, no menos insólito y totalmente inverso: el que el Uruguay renuncie a sus compromisos internacionales, y modifique su Constitución para que la ley de caducidad no colisione con ella. Es decir que se apreste, a suprimir la separación de poderes, entre otros aspectos que hacen a la esencia de la vida democrática y republicana.
Pero las cosas insólitas no terminan ahí. La sentencia de inconstitucionalidad de la Corte, nos pone frente a otra dimensión de ellas. Recordemos que ese pronunciamiento se produjo a raíz de que un caso fue comprendido, en la ley de caducidad por el Poder Ejecutivo. Y que para que esa respuesta existiera, debió existir una pregunta de un Juez penal. Dicho de otra manera, pregunta y respuesta estuvieron inscriptas en una lógica existente en el país desde los años en que la Corte de finales de los años 80, entendió que la ley de caducidad estaba investida del atributo de Constitucionalidad. Dicho de otra manera, hasta el 19 de octubre del año pasado, se podía presumir que las preguntas que realizaban los jueces y las respuestas que daba el Ejecutivo, eran actos que podían catalogarse de legítimos y legales.
Esas mismas acciones, a partir de la sentencia del 19 de octubre, el sentido común nos indica, que ya perdieron el carácter de acto legítimo y legal.
¿Ante nuevos casos futuros que se le presenten a los jueces penales por violaciones a los derechos humanos cometidas durante la dictadura, éstos continuaran pidiendo autorización al Ejecutivo para indagar, y eventualmente castigar a los responsables, por mandato de una ley catalogada de inconstitucional? ¿Y si esto fuera así, el Poder Ejecutivo asumiría una potestad que desde el 19 de octubre, es considerada inconstitucional?
Hay un último aspecto que nos parece importante resaltar, ahora que los votos manifiestos por la nulidad no superaron, a los que por distintas razones, no se pronunciaron por declarar la nulidad de la ley. Ese aspecto tiene que ver con el grado de validez que dichos pronunciamientos tienen cuando se están considerando derechos fundamentales.
Dice la Corte y en el mismo sentido seguramente lo dirá próximamente la Corte Interamericana: que no se puede desconocer que la ley de caducidad fue ratificada por el Cuerpo Electoral, pero que ese pronunciamiento “no proyecta consecuencia relevante alguna con relación al análisis de constitucionalidad”. Por otra parte, -continua diciendo la Corte- , el rechazo por parte de la ciudadanía no extiende su eficacia al punto de otorgar una cobertura de constitucionalidad a una norma legal que transgrede normas o principios consagrados o reconocidos por la Constitución.
Más delante la Corte dice que es una “falacia metajurídica la confusión que existe entre el paradigma del Estado de Derecho y el de la democracia política, según la cual una norma es legítima solamente si es querida por la mayoría”. Y continua “De forma distinta las cuestiones pertenecientes a la que he llamado esfera de lo decidible’, los derechos fundamentales están sustraídos a la esfera de la decisión política y pertenecen a la que he llamado esfera de lo no“decidible’ (qué si y qué no). Esta es por tanto su característica específica: tales derechos son establecidos en las constituciones como límites y vínculos a la mayoría justamente porque están siempre - de los derechos de libertad a los derechos sociales -contra las contingentes mayorías. Es más: ésta es la forma lógica que asegura su garantía. Siempre que se quiere tutelar un derecho como fundamental se lo sustrae a la política, es decir, a los poderes de la mayoría, .como derecho inviolable, indisponible, e inalienable. Ninguna mayoría, ni siquiera por unanimidad, puede decidir su abolición o reducción”. “Entonces, - culmina afirmando la Corte -, ninguna mayoría alcanzada en el Parlamento o la ratificación por el Cuerpo Electoral - ni aún si lograra la unanimidad -podría impedir que la Suprema Corte de Justicia declarara inconstitucional una ley que consagre la pena de muerte en nuestro país, la cual está prohibida.. De la misma manera, tampoco la mayoría legislativa ratificada por el Cuerpo Electoral puede desplazar hacia el Poder Ejecutivo el ejercicio de la función jurisdiccional que le compete exclusivamente al Poder Judicial”..Con relación a la afectación de las normas internacionales por parte de la ley de caducidad, la Corte sostiene que: “En el Uruguay, los principios generales de derecho ‘inherentes a la personalidad humana,’(…): quedan, pues, al margen del arbitrio legislativo y judicial y se benefician con el control de inaplicabilidad de las leyes inconstitucionales, en caso de desconocimiento legislativo ordinario”.
Las expectativas de terminar con una cultura de impunidad que se empezó a construir en los prolegómenos que precedieron al autoritarismo militar, no es una tarea sencilla. Como toda cultura esta incrustada en los resquicios más profundos de la sociedad. Una cultura de impunidad, que es algo más que la falta de castigo a los delincuentes militares y civiles de la dictadura, es la desvalorización del ser humano como sujeto de derechos. Los avances que la humanidad ha ido construyendo trabajosamente, muchas veces empieza con plasmar esos derechos en instrumentos legales, y otras veces, los instrumentos legales no hacen más que instituir derechos conquistados por los pueblos.Esas construcciones por lo general, no se realizan en terrenos fértiles, en espacios libres de presiones indebidas. Como en el caso que nos ocupa, terminar con una cultura de impunidad implica desmontar mecanismos legales, como las leyes de impunidad, y construir o restaurar y legitimizar aquellos instrumentos que los garanticen y consagren.Medir en su justo termino a las dificultades que hay que vencer en estas batallas de los pueblos, nos ayuda- no para consuelo -, sino para ubicarnos en la etapa en que estamos como sociedad para tener una verdadera cultura de los derechos humanos. Y no se trata, de una mirada desde afuera. Quienes pretendemos ser parte de las fuerzas del cambio, aquella que caminaba hacia una sociedad del pan y las rosas, debemos ser concientes de que una gran responsabilidad esta en nuestras filas y que el adversario juega.Nos falto muy poco, para que una mayoría muy calificada declarara la nulidad de la ley de caducidad. Estuvimos arañando una voluntad manifiesta de casi el 50 por ciento, y no es poca cosa. No es poca cosa frente al ninguneo de los grandes medios de difusión, al discurso confuso y muchas veces contradictorio de los lideres de la izquierda, y resoluciones que se acatan pero no se cumplían. El escenario trabajosamente construido tras largos años de lucha en torno a la necesidad de vencer la impunidad, no contó con primeros actores convencidos del papel que ello puede jugar en la construcción de un país mas justo y sobre todo, más solidario. En eso estamos.
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miércoles, 9 de diciembre de 2009
A 3 AÑOS DE LA MUERTE DE HUGO CORES
Intervencion en acto realizado en la sede del PIT/CNT.
Hace unos días, mas precisamente el 6 de diciembre, se cumplieron tres años de la desaparición física de quien fuera durante muchos años el Secretario General del Partido por la Victoria del Pueblo.
Es indiscutible, que Hugo, fue algo más que el Secretario General del PVP. También es cierto, que cada uno individualmente o colectivamente, tiene la libertad de recordarlo, homenajearlo desde alguno de esos lugares en los que Hugo eligió volcar su aporte, en la lucha por la libertad y el socialismo.
Cores, fue para nosotros, esencialmente un hombre de partido. Lo fue en la doble significación del término. Porque tomó partido por los explotados, los desposeídos, los marginados; y porque para terminar con la explotación, la pobreza y la marginación de hombres y mujeres por los que tomó partido, lo hizo desde una de las formas de organización política: El partido.
Por esa razón, permítanme que hoy compartiendo esta mesa con quienes pusieron el acento en otros aspectos relevantes de la larga trayectoria de Hugo, hable desde su condición de hombre de partido.
Como hombre de partido, Hugo tenía muy claro que ese instrumento imprescindible para los cambios políticos es también una reserva de la memoria. En la que fuera su ultimo producción bibliografía, “Memoria de la Resistencia”, Hugo trascribe del filosofo argentino Enrique Mari, esta frase: “Aunque la muerte es el más poderoso agente del olvido, éste no es omnipotente, porque desde siempre contra el olvido, los hombres han levantado las murallas del recuerdo, de modo tal que las huellas que permiten seguir su memoria conforman los signos más seguros de la existencia de una cultura humana”.
Permítanme a un a costa de alguna omision nombrar y hacer memoria de Jaime Machado, Dagoberto Anglet, Asilú Maceiro, Erley Quinteros, Mauricio Gatti, Raul Cariboni, la Tota, Marlene Chanquet; compañeros que se nos han ido físicamente en estos últimos años. A Luz Ibarburu, a Quica Errandonea y otras madres de compañeros.
De ahí que esta actividad de recuerdo, es la de la construcción de esas murallas de las que habla Mari. . La contribución que Hugo realizó en su pensamiento y en su acción, es de suma importancia en estos momentos de la historia política del Uruguay, cuando la izquierda logro un segundo gobierno a nivel nacional y los resultados de esa parte de las contiendas políticas del sistema lectoral de nuestro país, auguran avances importantes en las elecciones departamentales y también municipales. En esos escenarios, es imprescindible rescatar, reafirmar, reasignar la importancia de mantener una cultura de partido.
Las experiencias, buenas, malas o mas o menos que nos dejó este primer gobierno a nivel nacional, son siempre un punto de partida que debe ser visto sin contemplaciones, con rigor y autocrítica. Sobre parte de este primer periodo a que hacemos referencia, Hugo tuvo oportunidad de reflexionarlo desde esa óptica mediante sus columnas en La República.
Si bien es cierto, que desde la visión de un partido político, no es aceptable pensar la realidad de otra manera, muchas veces en estos tiempos que vivimos de debilitamiento de los proyectos colectivos, de raquitismo de las utopías y de anemia del entusiasmo, las tentaciones al pragmatismo condescendiente y permisivo son fuertes. Hugo realizo un enorme esfuerzo para que sus reflexiones y sus acciones concretas en la acción política estuvieran enmarcadas en un proyecto de largo aliento sobre la realidad nacional y latinoamericana. Sentía el desvelo político, de los desafíos que para los gobiernos de izquierda de América, significa en el marco de los procesos de la integración latinoamericana, la construcción de un modelo anticapitalista, socialista.
En esos desvelos Cores actuó y defendió sus ideas con enorme precisión y contundencia argumental. Contundencia argumental que era siempre simple, clara y unitaria.
Permítanme aquí realizar un comentario a propósito de algo que atribuí a una suerte de estado de ánimo de Hugo con relación a sus preocupaciones políticas. Hable hace unos momentos de “desvelo político”. El desvelo suele atribuirse a la perdida del sueño. Es claro que Hugo si algo no perdió nunca fue soñar con un mundo más justo, con más libertad, con más justicia, sin impunidad. Sin esos sueños, la acción política revolucionaria, no tiene sentido.
Generalmente el desvelo de un hombre, de una mujer, uno se lo imagina como un acto de perdida del sueño que se vive en soledad, en la oscuridad de la noche. El desvelo político del que hable, necesita transformarse en un acto colectivo. Hugo solía ser nuestro despertador, solía ser el que prendía la luz, el que aun en los momentos más dramáticos y duros para una fuerza política ¡y vaya si esta fuerza política, los tuvo!, nos asaltaba con un análisis que era fundamental para la acción, nos insinuaba un camino, un gesto político a materializar.
Para Hugo, era importante el análisis político, los programas, las plataformas, pero todo eso decía, debía ser acompañado de “gestos” políticos. Sin gestos políticos claros, poco sirven los análisis sesudos de la realidad.
Hace unas horas, un periodista nos preguntaba a nuestro entender en cual faceta ubicábamos el mayor aporte de Hugo. Constanza Moreira en el prologo de un libro en el que publicamos parte del pensamiento de Hugo, decía que su mirada era al mismo tiempo, la de un sindicalista, la de un historiador, y la de un militante partidario y que desde esas tres miradas, siempre destacaba el del papel que cumple la clase obrera. Las contribuciones del movimiento obrero. La conjugación de todos esos elementos, desarrolladas ya para orientar las conductas del movimiento obrero, para registrar la historia del movimiento popular o para desarrollar la acción política específica, contribuyeron a la formación de cientos de jóvenes con los que Hugo privilegiaba su vinculación política y humana.
Hugo sentía un profundo rechazo a la idea del partido único, pero creía que era imprescindible un ámbito donde se tomaran las decisiones políticas, un lugar decía: “donde se combina la teoría con la práctica, la táctica con la estrategia, el pasado con el presente, y donde se deciden las distintas formas de lucha que se impulsarán”. Y las formas de lucha, también implica las decisiones que ponen o marginan a determinados compañeros al frente de responsabilidades políticas.
Hugo sostenía que para: “terminar con las injusticias de la vieja sociedad y transitar hacia la construcción de otra, exigirá un componente moral que sólo puede ser solventado en una gran participación de las masas y una gran voluntad por “revolucionarlo” y concluía que esa gran componente moral de voluntad no puede existir si en la organización política funciona el estilo de “ordeno y mando”, el verticalismo, la concentración de la información y el poder de la decisión en manos de una cúpula. Sostenía que el funcionamiento de la institucionalidad partidaria “ejerce una especie de contralor hacia las autoridades del Frente, hacia sus gobernantes y hacia sus legisladores”.
Cores implantó en nuestra organización política conceptos muy claros en torno a la unidad. Desde el PVP, siempre intentamos participar de una manera franca y fraterna en los debates. Decía Cores, “Vamos a fondo en el debate pero si no hay acuerdo lo aceptamos, y si algo que nosotros propusimos no se acepta, no rompemos la baraja. Partimos de la base que ese es el pensamiento de la mayoría y lo respetamos”. Por esa razón. Nunca aceptamos como practica política sería, el ninguneo.
Hugo planteaba que el Frente debía levantarse como un punto de referencia frente al desaliento y la disgregación social: que tenía que generar la confianza de que el cambio era posible, pero para eso había que vencer el fatalismo, que había que organizarse y luchar desde los barrios, los sindicatos y las cooperativas. Que sólo a partir de un gran fortalecimiento del componente más humilde, más golpeado, más explotado de nuestra sociedad, se podía generar las condiciones para que una alianza con los sectores de la burguesía media no terminara poniendo a la izquierda en una situación de subordinación política a ella.
Un último aspecto que no quería dejar de señalar en esta oportunidad. La muerte y la desaparición, de muchos de nuestros más entrañables compañeros de partido, es para nosotros un compromiso de vida y por vida. Es algo más que una marca a fuego personal. Por eso los esfuerzos que Hugo realizaba y nos impulsaba a realizar para trasmitírsela a otros, que se criaron y nacieron en dictadura. Sin ese dato, sin esa contextualización de estos años en los que junto a Hugo, pusimos nuestros máximos esfuerzos por terminar con los efectos que perduraban con la existencia de la impunidad en el Uruguay, no se pueden entender muchas cosas.
Desde su predica Hugo realizo un gran esfuerzo por graficar los efectos, muchas veces no cuantificados adecuadamente, de la prolongación en el tiempo de las consecuencias de todos los componentes del terrorismo de Estado.
Era conciente que no han sido aun suficientes los intentos de expresar aquello que se podría denominar como una suerte de cotidianidad del drama. Aquel que acompaña, a veces silenciosamente y otras tumultuosamente, todos y a cada uno de los momentos de nuestra cotidianidad Se trata de una reconstrucción, que era y es imprescindible hacer.
El pianista y compositor ruso Sergei Rachmaninov decía que “la música de un compositor debe expresar el país donde nació, sus experiencias amorosas, los libros que le han marcado, los cuadros que ama. Debe ser la suma total de las experiencias de un compositor”.
La acción de un militante político como lo fue sin duda Hugo, también debió expresar lo que decía Rachmaninov. Pero como casi la mitad de la vida de Hugo, trascurrió en ese escenario de impunidad, su acción política también debió ser eso, más las alegrías y los dolores. Las alegrías que nos dan las Marianas, sumándose al compromiso de vida de sus padres; los dolores de las Totas que se mueren sin respuesta sobre el paradero de los restos de sus hijos. En ese escenario que instalo el terrorismo de Estado, somos protagonistas de un lucha de todos los días y en todos los lugares. Allí, seguiremos reconstruyendo nuestras vidas, amando, riendo y porque no, llorando, a la vez que intentamos instalar otro escenario sin impunidad.
Esa es una tarea inconclusa, los deberes pendientes. Hugo Cores, compañero del alma, también hasta esa puntual victoria, siempre.
Hace unos días, mas precisamente el 6 de diciembre, se cumplieron tres años de la desaparición física de quien fuera durante muchos años el Secretario General del Partido por la Victoria del Pueblo.
Es indiscutible, que Hugo, fue algo más que el Secretario General del PVP. También es cierto, que cada uno individualmente o colectivamente, tiene la libertad de recordarlo, homenajearlo desde alguno de esos lugares en los que Hugo eligió volcar su aporte, en la lucha por la libertad y el socialismo.
Cores, fue para nosotros, esencialmente un hombre de partido. Lo fue en la doble significación del término. Porque tomó partido por los explotados, los desposeídos, los marginados; y porque para terminar con la explotación, la pobreza y la marginación de hombres y mujeres por los que tomó partido, lo hizo desde una de las formas de organización política: El partido.
Por esa razón, permítanme que hoy compartiendo esta mesa con quienes pusieron el acento en otros aspectos relevantes de la larga trayectoria de Hugo, hable desde su condición de hombre de partido.
Como hombre de partido, Hugo tenía muy claro que ese instrumento imprescindible para los cambios políticos es también una reserva de la memoria. En la que fuera su ultimo producción bibliografía, “Memoria de la Resistencia”, Hugo trascribe del filosofo argentino Enrique Mari, esta frase: “Aunque la muerte es el más poderoso agente del olvido, éste no es omnipotente, porque desde siempre contra el olvido, los hombres han levantado las murallas del recuerdo, de modo tal que las huellas que permiten seguir su memoria conforman los signos más seguros de la existencia de una cultura humana”.
Permítanme a un a costa de alguna omision nombrar y hacer memoria de Jaime Machado, Dagoberto Anglet, Asilú Maceiro, Erley Quinteros, Mauricio Gatti, Raul Cariboni, la Tota, Marlene Chanquet; compañeros que se nos han ido físicamente en estos últimos años. A Luz Ibarburu, a Quica Errandonea y otras madres de compañeros.
De ahí que esta actividad de recuerdo, es la de la construcción de esas murallas de las que habla Mari. . La contribución que Hugo realizó en su pensamiento y en su acción, es de suma importancia en estos momentos de la historia política del Uruguay, cuando la izquierda logro un segundo gobierno a nivel nacional y los resultados de esa parte de las contiendas políticas del sistema lectoral de nuestro país, auguran avances importantes en las elecciones departamentales y también municipales. En esos escenarios, es imprescindible rescatar, reafirmar, reasignar la importancia de mantener una cultura de partido.
Las experiencias, buenas, malas o mas o menos que nos dejó este primer gobierno a nivel nacional, son siempre un punto de partida que debe ser visto sin contemplaciones, con rigor y autocrítica. Sobre parte de este primer periodo a que hacemos referencia, Hugo tuvo oportunidad de reflexionarlo desde esa óptica mediante sus columnas en La República.
Si bien es cierto, que desde la visión de un partido político, no es aceptable pensar la realidad de otra manera, muchas veces en estos tiempos que vivimos de debilitamiento de los proyectos colectivos, de raquitismo de las utopías y de anemia del entusiasmo, las tentaciones al pragmatismo condescendiente y permisivo son fuertes. Hugo realizo un enorme esfuerzo para que sus reflexiones y sus acciones concretas en la acción política estuvieran enmarcadas en un proyecto de largo aliento sobre la realidad nacional y latinoamericana. Sentía el desvelo político, de los desafíos que para los gobiernos de izquierda de América, significa en el marco de los procesos de la integración latinoamericana, la construcción de un modelo anticapitalista, socialista.
En esos desvelos Cores actuó y defendió sus ideas con enorme precisión y contundencia argumental. Contundencia argumental que era siempre simple, clara y unitaria.
Permítanme aquí realizar un comentario a propósito de algo que atribuí a una suerte de estado de ánimo de Hugo con relación a sus preocupaciones políticas. Hable hace unos momentos de “desvelo político”. El desvelo suele atribuirse a la perdida del sueño. Es claro que Hugo si algo no perdió nunca fue soñar con un mundo más justo, con más libertad, con más justicia, sin impunidad. Sin esos sueños, la acción política revolucionaria, no tiene sentido.
Generalmente el desvelo de un hombre, de una mujer, uno se lo imagina como un acto de perdida del sueño que se vive en soledad, en la oscuridad de la noche. El desvelo político del que hable, necesita transformarse en un acto colectivo. Hugo solía ser nuestro despertador, solía ser el que prendía la luz, el que aun en los momentos más dramáticos y duros para una fuerza política ¡y vaya si esta fuerza política, los tuvo!, nos asaltaba con un análisis que era fundamental para la acción, nos insinuaba un camino, un gesto político a materializar.
Para Hugo, era importante el análisis político, los programas, las plataformas, pero todo eso decía, debía ser acompañado de “gestos” políticos. Sin gestos políticos claros, poco sirven los análisis sesudos de la realidad.
Hace unas horas, un periodista nos preguntaba a nuestro entender en cual faceta ubicábamos el mayor aporte de Hugo. Constanza Moreira en el prologo de un libro en el que publicamos parte del pensamiento de Hugo, decía que su mirada era al mismo tiempo, la de un sindicalista, la de un historiador, y la de un militante partidario y que desde esas tres miradas, siempre destacaba el del papel que cumple la clase obrera. Las contribuciones del movimiento obrero. La conjugación de todos esos elementos, desarrolladas ya para orientar las conductas del movimiento obrero, para registrar la historia del movimiento popular o para desarrollar la acción política específica, contribuyeron a la formación de cientos de jóvenes con los que Hugo privilegiaba su vinculación política y humana.
Hugo sentía un profundo rechazo a la idea del partido único, pero creía que era imprescindible un ámbito donde se tomaran las decisiones políticas, un lugar decía: “donde se combina la teoría con la práctica, la táctica con la estrategia, el pasado con el presente, y donde se deciden las distintas formas de lucha que se impulsarán”. Y las formas de lucha, también implica las decisiones que ponen o marginan a determinados compañeros al frente de responsabilidades políticas.
Hugo sostenía que para: “terminar con las injusticias de la vieja sociedad y transitar hacia la construcción de otra, exigirá un componente moral que sólo puede ser solventado en una gran participación de las masas y una gran voluntad por “revolucionarlo” y concluía que esa gran componente moral de voluntad no puede existir si en la organización política funciona el estilo de “ordeno y mando”, el verticalismo, la concentración de la información y el poder de la decisión en manos de una cúpula. Sostenía que el funcionamiento de la institucionalidad partidaria “ejerce una especie de contralor hacia las autoridades del Frente, hacia sus gobernantes y hacia sus legisladores”.
Cores implantó en nuestra organización política conceptos muy claros en torno a la unidad. Desde el PVP, siempre intentamos participar de una manera franca y fraterna en los debates. Decía Cores, “Vamos a fondo en el debate pero si no hay acuerdo lo aceptamos, y si algo que nosotros propusimos no se acepta, no rompemos la baraja. Partimos de la base que ese es el pensamiento de la mayoría y lo respetamos”. Por esa razón. Nunca aceptamos como practica política sería, el ninguneo.
Hugo planteaba que el Frente debía levantarse como un punto de referencia frente al desaliento y la disgregación social: que tenía que generar la confianza de que el cambio era posible, pero para eso había que vencer el fatalismo, que había que organizarse y luchar desde los barrios, los sindicatos y las cooperativas. Que sólo a partir de un gran fortalecimiento del componente más humilde, más golpeado, más explotado de nuestra sociedad, se podía generar las condiciones para que una alianza con los sectores de la burguesía media no terminara poniendo a la izquierda en una situación de subordinación política a ella.
Un último aspecto que no quería dejar de señalar en esta oportunidad. La muerte y la desaparición, de muchos de nuestros más entrañables compañeros de partido, es para nosotros un compromiso de vida y por vida. Es algo más que una marca a fuego personal. Por eso los esfuerzos que Hugo realizaba y nos impulsaba a realizar para trasmitírsela a otros, que se criaron y nacieron en dictadura. Sin ese dato, sin esa contextualización de estos años en los que junto a Hugo, pusimos nuestros máximos esfuerzos por terminar con los efectos que perduraban con la existencia de la impunidad en el Uruguay, no se pueden entender muchas cosas.
Desde su predica Hugo realizo un gran esfuerzo por graficar los efectos, muchas veces no cuantificados adecuadamente, de la prolongación en el tiempo de las consecuencias de todos los componentes del terrorismo de Estado.
Era conciente que no han sido aun suficientes los intentos de expresar aquello que se podría denominar como una suerte de cotidianidad del drama. Aquel que acompaña, a veces silenciosamente y otras tumultuosamente, todos y a cada uno de los momentos de nuestra cotidianidad Se trata de una reconstrucción, que era y es imprescindible hacer.
El pianista y compositor ruso Sergei Rachmaninov decía que “la música de un compositor debe expresar el país donde nació, sus experiencias amorosas, los libros que le han marcado, los cuadros que ama. Debe ser la suma total de las experiencias de un compositor”.
La acción de un militante político como lo fue sin duda Hugo, también debió expresar lo que decía Rachmaninov. Pero como casi la mitad de la vida de Hugo, trascurrió en ese escenario de impunidad, su acción política también debió ser eso, más las alegrías y los dolores. Las alegrías que nos dan las Marianas, sumándose al compromiso de vida de sus padres; los dolores de las Totas que se mueren sin respuesta sobre el paradero de los restos de sus hijos. En ese escenario que instalo el terrorismo de Estado, somos protagonistas de un lucha de todos los días y en todos los lugares. Allí, seguiremos reconstruyendo nuestras vidas, amando, riendo y porque no, llorando, a la vez que intentamos instalar otro escenario sin impunidad.
Esa es una tarea inconclusa, los deberes pendientes. Hugo Cores, compañero del alma, también hasta esa puntual victoria, siempre.
sábado, 31 de octubre de 2009
La ley de Descentralización Local:CUANDO A ORILLAS DEL PERICO FLACO ENGORDA LA DEMOCRACIA.
La ley de Descentralización Local:
CUANDO A ORILLAS DEL PERICO FLACO, ENGORDA LA DEMOCRACIA.
POR: Raúl Olivera (*)
El pasado 4 de febrero la cámara de diputados, aprobó una iniciativa de ponerle nombre a un centro poblado del departamento de Soriano, ubicado en una de las márgenes del arroyo Perico Flaco. Ese hecho, salvo para sus pobladores, carecería de gran significación, si no se analizara el contexto y el proceso que se debió recorrer para que finalmente esa villa se llame, por decisión de sus pobladores y resolución parlamentaria, “Sacachispas”.
El contexto que rodeó el ponerle un nombre oficialmente a esa localidad, fue de opiniones encontradas entre quienes optaban por ese nombre y los que aspiraban que fuera el de "Villa Darwin".
El proceso por el que finalmente se optó para resolver ese conflicto de opiniones, consistió en que ambos nombres fueron puestos a consideración de una asamblea del pueblo. El pueblo soberano de esa villa, fue quien resolvió el nombre que identificaría de aquí en más a ese lugar[1].
Según registran las actas parlamentarias, luego de una intensa campaña electoral, donde nunca se había visto tan pintada la localidad - ni siquiera en campañas electorales, cuando se definen los Gobiernos nacionales y departamentales-, la votación se realizo con total normalidad y de las 488 personas que participaron en la consulta popular, 248 votaron por el nombre "Sacachispas" y 237 por "Villa Darwin"[2].
Para asegurar la efectividad de un acto democrático de esa naturaleza, que no esta reconocido en nuestras normas constitucionales[3], los participantes debieron llegar a un acuerdo político básico: que el resultado del pronunciamiento popular se iba a respetar.
Sin embargo, pese a ello, un numero considerable de vecinos denunciaron posteriormente como ilegítima la consulta ciudadana. Fundaron el cuestionamiento en que muchos de los que votaron por el nombre que resulto mayoritario, provenían, en su mayoría, de personas “que poco o nada han tenido que ver con nuestra localidad; en algunos casos nunca residieron en la misma, o simplemente, no se encuentran desde hace décadas en el lugar”.
El ponerle nombre a una calle, un espacio público, un centro de estudio o una localidad, es un acto de gobierno. Como tal, está establecido en nuestras normas legales, quién y cómo se debe dictar el acto que lo oficializa. Según el caso, lo puede hacer una Junta Departamental y en otros el parlamento nacional. Según el caso, se hacen necesarias o no, mayorías especiales.
Aunque no es obligación, algunas administraciones departamentales reclaman para tomar la iniciativa, la opinión de los gobiernos locales y exponen en los fundamentos de sus resoluciones -como un atributo significativo-, que atrás de cada iniciativa aparezca manifestada la opinión de los vecinos.
Sabido es la cantidad de formas y matices que adquieren los conflictos a nivel de la vida de las comunidades. Conflictos entre los vecinos, como el caso que relatamos; de los vecinos con los gobiernos locales, y aun entre distintas esferas de la actividad estatal. Quienes trabajamos a nivel de los procesos de descentralización, tenemos una vasta y rica experiencia de los distintos niveles de articulación que hay que realizar ante esas situaciones, para que esas experiencias se salden de forma que impliquen un fortalecimiento de la profundización democrática.
Se ha expresado reiteradamente en el Programa de gobierno de Canelones de la izquierda, que la implementación de una política de descentralización era y es pieza clave para una gestión progresista del Gobierno Departamental. Por esa razón en los objetivos del Presupuesto Municipal de este departamento, el Intendente Marcos Carambula ha expresado que ese instrumento fundamental para la acción de gobierno, debe apuntar a la “creación de instrumentos que permitan la apertura del gobierno municipal a los ciudadanos e instituciones dándoles un espacio en el diseño de políticas y en el control creciente sobre el gobierno para garantizar el pluralismo y la transparencia de la gestión”.
Y a expresado, que eso debe ser así en función de dos razones: una ideológica y ética, y otra razón practica de gestión. La razón ideológica refiere a que la mirada progresista se sustenta en que el gobierno debe ser para y con la gente. Y que para hacer realidad esto, es imprescindible acercar el gobierno a la gente, y que la descentralización es el mecanismo que puede producir ese acercamiento físico.
La razón ética, refiere a la necesidad de transparencia en la gestión. Para lograr implementar eficazmente esta transparencia, descentralizar las decisiones es una herramienta fundamental.
Finalmente, en la esfera de las razones prácticas de gestión, dice que es importante tener en cuenta que para lograr eficacia y eficiencia en la gestión de gobierno, es necesario sortear numerosos vicios de funcionamiento, corrupciones varias y opacidad en la información. En este aspecto, el presupuesto canario se planteó como objetivo:“Contribuir a la idea de un nuevo pacto social basado en una nueva ética de lo público que tenga como meta desarrollar instituciones políticas y sociales que busquen como su primer objetivo beneficiar a la comunidad, para lo cual será necesario un gobierno local que asuma un rol de primacía y promoción del proceso de participación como compromiso social”.
Todo lo expresado, lleva a concluir sin ningún tipo de ambigüedad, que uno de los instrumentos más poderosos para atacar estos problemas, es la participación ciudadana que, además, se sustenta en el principio de gobierno con la gente. Sin embargo esa mirada vigilante y comprometida de la población informada sobre las decisiones gubernamentales, que permite un seguimiento participativo de la gestión, potenciando las posibilidades de transformarla en sentido progresista, solo esta tímidamente señalada en la Ley de Descentralización Local recientemente aprobada por el parlamento[4].
Esa participación de los involucrados que sólo puede ser posible en la medida en que el gobierno esté cerca de la gente, las decisiones sean transparentes, y que exista la posibilidad de que se pueda efectivamente realizar el seguimiento de la gestión, queda en la nueva normativa, pese a decir que se trata de un principio cardinal, limitada a que anualmente en régimen de audiencia pública, se informe sobre la gestión desarrollada.
Ese acotamiento de la participación ciudadana, mantiene latente los riesgos de supervivencia de nichos oscuros, eventualmente corruptos o por lo menos ineficientes. Por esa razón, en el marco de la generalidad no preceptiva que establece su artículo 5°[5], el desafió para la transición que necesariamente deberá irse instrumentando desde ahora, estriba que en las administraciones departamentales de la izquierda se trabaje en la elaboración de una reglamentaciones de la ley (departamental y nacional), para implementar un diseño institucional adecuado para generar incentivos a la participación ciudadana en la gestión del gobierno de los municipios y hacerlo realidad.
Ante una situación como la que se planteo a orillas del arroyo Perico Flaco, en el marco de la reciente Ley de Descentralización Local, es posible, pero no deseable que cada Municipio tenga visiones distintas de cómo instrumentar la participación activa de la sociedad. Es un riesgo para la calidad democrática de la participación social, dejar al libre arbitrio, cuales son los ámbitos necesarios y los mecanismos adecuados para ello. De las respuestas a ese desafió, estará en juego, la flacura o el buen peso de la calidad democrática de la participación social.
(*) Integra el Área de Descentralización y Participación de la Comuna Canaria. Integrante del PVP- candidato a Diputado por Canelones –Lista 609.Frente Amplio
[1] Se hicieron dos asambleas previas de los vecinos, acordándose que formarían parte del padrón electoral, quienes tuvieran credencial cívica del lugar, sin importar dónde residieran, los mayores de dieciséis años y quienes comprobaran su afincamiento con una constancia Policial o de otra repartición pública.
[2] Existieron 2 votos anulados y uno en blanco.
[3] La Corte Electoral, declinó participar en la instrumentación de ese tipo de consulta popular.
[4] Fue finalmente aprobado el 2-IX-09, y espera actualmente la promulgación del Poder Ejecutivo y posterior reglamentación.
[5] Artículo 5°: “Los Municipios instrumentaran la participación activa de la sociedad en las cuestiones de gobierno. Cada Municipio creará los ámbitos necesarios y los mecanismos adecuados, dependiendo de la temática y de los niveles organizativos de la sociedad, para que la población participe de la información, consulta, iniciativa y control de los asuntos de su competencia”.
CUANDO A ORILLAS DEL PERICO FLACO, ENGORDA LA DEMOCRACIA.
POR: Raúl Olivera (*)
El pasado 4 de febrero la cámara de diputados, aprobó una iniciativa de ponerle nombre a un centro poblado del departamento de Soriano, ubicado en una de las márgenes del arroyo Perico Flaco. Ese hecho, salvo para sus pobladores, carecería de gran significación, si no se analizara el contexto y el proceso que se debió recorrer para que finalmente esa villa se llame, por decisión de sus pobladores y resolución parlamentaria, “Sacachispas”.
El contexto que rodeó el ponerle un nombre oficialmente a esa localidad, fue de opiniones encontradas entre quienes optaban por ese nombre y los que aspiraban que fuera el de "Villa Darwin".
El proceso por el que finalmente se optó para resolver ese conflicto de opiniones, consistió en que ambos nombres fueron puestos a consideración de una asamblea del pueblo. El pueblo soberano de esa villa, fue quien resolvió el nombre que identificaría de aquí en más a ese lugar[1].
Según registran las actas parlamentarias, luego de una intensa campaña electoral, donde nunca se había visto tan pintada la localidad - ni siquiera en campañas electorales, cuando se definen los Gobiernos nacionales y departamentales-, la votación se realizo con total normalidad y de las 488 personas que participaron en la consulta popular, 248 votaron por el nombre "Sacachispas" y 237 por "Villa Darwin"[2].
Para asegurar la efectividad de un acto democrático de esa naturaleza, que no esta reconocido en nuestras normas constitucionales[3], los participantes debieron llegar a un acuerdo político básico: que el resultado del pronunciamiento popular se iba a respetar.
Sin embargo, pese a ello, un numero considerable de vecinos denunciaron posteriormente como ilegítima la consulta ciudadana. Fundaron el cuestionamiento en que muchos de los que votaron por el nombre que resulto mayoritario, provenían, en su mayoría, de personas “que poco o nada han tenido que ver con nuestra localidad; en algunos casos nunca residieron en la misma, o simplemente, no se encuentran desde hace décadas en el lugar”.
El ponerle nombre a una calle, un espacio público, un centro de estudio o una localidad, es un acto de gobierno. Como tal, está establecido en nuestras normas legales, quién y cómo se debe dictar el acto que lo oficializa. Según el caso, lo puede hacer una Junta Departamental y en otros el parlamento nacional. Según el caso, se hacen necesarias o no, mayorías especiales.
Aunque no es obligación, algunas administraciones departamentales reclaman para tomar la iniciativa, la opinión de los gobiernos locales y exponen en los fundamentos de sus resoluciones -como un atributo significativo-, que atrás de cada iniciativa aparezca manifestada la opinión de los vecinos.
Sabido es la cantidad de formas y matices que adquieren los conflictos a nivel de la vida de las comunidades. Conflictos entre los vecinos, como el caso que relatamos; de los vecinos con los gobiernos locales, y aun entre distintas esferas de la actividad estatal. Quienes trabajamos a nivel de los procesos de descentralización, tenemos una vasta y rica experiencia de los distintos niveles de articulación que hay que realizar ante esas situaciones, para que esas experiencias se salden de forma que impliquen un fortalecimiento de la profundización democrática.
Se ha expresado reiteradamente en el Programa de gobierno de Canelones de la izquierda, que la implementación de una política de descentralización era y es pieza clave para una gestión progresista del Gobierno Departamental. Por esa razón en los objetivos del Presupuesto Municipal de este departamento, el Intendente Marcos Carambula ha expresado que ese instrumento fundamental para la acción de gobierno, debe apuntar a la “creación de instrumentos que permitan la apertura del gobierno municipal a los ciudadanos e instituciones dándoles un espacio en el diseño de políticas y en el control creciente sobre el gobierno para garantizar el pluralismo y la transparencia de la gestión”.
Y a expresado, que eso debe ser así en función de dos razones: una ideológica y ética, y otra razón practica de gestión. La razón ideológica refiere a que la mirada progresista se sustenta en que el gobierno debe ser para y con la gente. Y que para hacer realidad esto, es imprescindible acercar el gobierno a la gente, y que la descentralización es el mecanismo que puede producir ese acercamiento físico.
La razón ética, refiere a la necesidad de transparencia en la gestión. Para lograr implementar eficazmente esta transparencia, descentralizar las decisiones es una herramienta fundamental.
Finalmente, en la esfera de las razones prácticas de gestión, dice que es importante tener en cuenta que para lograr eficacia y eficiencia en la gestión de gobierno, es necesario sortear numerosos vicios de funcionamiento, corrupciones varias y opacidad en la información. En este aspecto, el presupuesto canario se planteó como objetivo:“Contribuir a la idea de un nuevo pacto social basado en una nueva ética de lo público que tenga como meta desarrollar instituciones políticas y sociales que busquen como su primer objetivo beneficiar a la comunidad, para lo cual será necesario un gobierno local que asuma un rol de primacía y promoción del proceso de participación como compromiso social”.
Todo lo expresado, lleva a concluir sin ningún tipo de ambigüedad, que uno de los instrumentos más poderosos para atacar estos problemas, es la participación ciudadana que, además, se sustenta en el principio de gobierno con la gente. Sin embargo esa mirada vigilante y comprometida de la población informada sobre las decisiones gubernamentales, que permite un seguimiento participativo de la gestión, potenciando las posibilidades de transformarla en sentido progresista, solo esta tímidamente señalada en la Ley de Descentralización Local recientemente aprobada por el parlamento[4].
Esa participación de los involucrados que sólo puede ser posible en la medida en que el gobierno esté cerca de la gente, las decisiones sean transparentes, y que exista la posibilidad de que se pueda efectivamente realizar el seguimiento de la gestión, queda en la nueva normativa, pese a decir que se trata de un principio cardinal, limitada a que anualmente en régimen de audiencia pública, se informe sobre la gestión desarrollada.
Ese acotamiento de la participación ciudadana, mantiene latente los riesgos de supervivencia de nichos oscuros, eventualmente corruptos o por lo menos ineficientes. Por esa razón, en el marco de la generalidad no preceptiva que establece su artículo 5°[5], el desafió para la transición que necesariamente deberá irse instrumentando desde ahora, estriba que en las administraciones departamentales de la izquierda se trabaje en la elaboración de una reglamentaciones de la ley (departamental y nacional), para implementar un diseño institucional adecuado para generar incentivos a la participación ciudadana en la gestión del gobierno de los municipios y hacerlo realidad.
Ante una situación como la que se planteo a orillas del arroyo Perico Flaco, en el marco de la reciente Ley de Descentralización Local, es posible, pero no deseable que cada Municipio tenga visiones distintas de cómo instrumentar la participación activa de la sociedad. Es un riesgo para la calidad democrática de la participación social, dejar al libre arbitrio, cuales son los ámbitos necesarios y los mecanismos adecuados para ello. De las respuestas a ese desafió, estará en juego, la flacura o el buen peso de la calidad democrática de la participación social.
(*) Integra el Área de Descentralización y Participación de la Comuna Canaria. Integrante del PVP- candidato a Diputado por Canelones –Lista 609.Frente Amplio
[1] Se hicieron dos asambleas previas de los vecinos, acordándose que formarían parte del padrón electoral, quienes tuvieran credencial cívica del lugar, sin importar dónde residieran, los mayores de dieciséis años y quienes comprobaran su afincamiento con una constancia Policial o de otra repartición pública.
[2] Existieron 2 votos anulados y uno en blanco.
[3] La Corte Electoral, declinó participar en la instrumentación de ese tipo de consulta popular.
[4] Fue finalmente aprobado el 2-IX-09, y espera actualmente la promulgación del Poder Ejecutivo y posterior reglamentación.
[5] Artículo 5°: “Los Municipios instrumentaran la participación activa de la sociedad en las cuestiones de gobierno. Cada Municipio creará los ámbitos necesarios y los mecanismos adecuados, dependiendo de la temática y de los niveles organizativos de la sociedad, para que la población participe de la información, consulta, iniciativa y control de los asuntos de su competencia”.
martes, 27 de octubre de 2009
Las Palabras que no llegaron

POR: Raúl Olivera
(Publicado en Trabajo & Utopia Nº 93)de octubre de 2009
UN PAIS DE MENTIRA.
El 19 de octubre, el máximo órgano judicial de nuestro país, dictaminó que la ley de caducidad violaba la Constitución[1]. Seis días después, el 25 de octubre, puesta a consideración del cuerpo electoral esa misma ley, el resultado determina que debemos seguir conviviendo con una norma que viola la Constitución. Difícil de entender, imposible salir del asombro y escapar a un sentimiento de indignación y desasosiego democrático.
Cierto es que no hace mucho tiempo, habiéndose expresado los poderes Legislativo y Ejecutivo en el mismo sentido que la Suprema Corte de Justicia, ninguno de los dos hizo algo para remediar esa situación de absoluta anomalía para un país que pretende mantener entre sus atributos, una profunda y arraigada cultura de salvaguarda de los derechos humanos.
Si la Constitución es nuestra ley fundamental, un pronunciamiento como el que se operó el pasado 25 de octubre, que mantiene una norma que es catalogada de inconstitucional por el Poder Judicial, nos pone como sociedad en un limbo jurídico. Pone al propio Estado y a sus instituciones, en abierta violación a su máximo ordenamiento legal, aquel que emana de su carta constitutiva. En resumen, nos transforma en un país de mentira.
Y si a eso le sumamos, la obligada relación de respeto que deberíamos mantener con las normas del derecho internacional, el ridículo es de película.
UN ESCENARIO PREVISIBLE.
Este escenario, que amenaza con ponernos en el libro de los record de Guinnes, debió ser previsible para el sistema político uruguayo. La falta de voluntad política de un parlamento que contaba con los presupuestos políticos para tomar la iniciativa, obligó a la sociedad civil a recorrer el camino de la recolección de firmas primero y a poner en juego - a partir de la puesta en consideración de la ciudadanía -, derechos ya consagrados en nuestra Constitución y el derecho internacional.
No se trataba,- y esto es un aspecto importante a tener en cuenta-, como en el caso de la papeleta blanca o voto epistolar, de instalar o ampliar un derecho que no existía en nuestra Constitución. La papeleta rosada, en realidad buscaba algo que en puridad debería ser innecesario y hasta inconveniente: poner en cuestión el derecho a la Justicia, preexistente en nuestra Constitución
Que la opción puesta a consideración de la ciudadanía, no haya sido acompañada por el voto manifiesto de la mayoría, ni cambia la Constitución ni los Convenios internacionales suscritos por el país. Menos aun, la relación de la ley de caducidad con ambas cosas: una relación de abierto apartamiento de las normas constitucionales y las obligaciones emergentes del derecho internacional.
Dicho de otra manera, este desajuste instalado desde hace 23 años en nuestro país y puesto de manifiesto una vez más por el dictamen de la Suprema Corte de Justicia y los informes 35/91 y 29/92 de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA, no puede continuar existiendo en un país que quiere ser en serio y de primera. Y para ello, solo caben dos posibles conductas que están en la línea de los mandatos programáticos con los que la izquierda llego al gobierno: el de adecuar nuestro derecho interno a las obligaciones internacionales.
Esa obligación sustantiva para una fuerza política que pretende cumplir un rol en el concierto internacional, se ve - a partir de la sentencia de inconstitucionalidad – incrementado. Esa adecuación también se refiere ahora, a su carta magna.
Es cierto que un pronunciamiento insólito como el materializado el 25 de octubre, también puede transitarse por otro camino, no menos insólito y totalmente inverso: el que el Uruguay renuncie a sus compromisos internacionales, y modifique su Constitución para que la ley de caducidad no colisione con ella. Es decir que se apreste, a suprimir la separación de poderes, entre otros aspectos que hacen a la esencia de la vida democrática y republicana.
EL REY ESTÁ DESNUDO.
Pero las cosas insólitas no terminan ahí. La sentencia de inconstitucionalidad, nos pone frente a otra dimensión de ellas.
El juez de la causa del asesinato de Nibia Sabalsagaray, le había solicitado al Ejecutivo que se pronunciara acerca de si ese caso estaba o no comprendido en la ley de caducidad, y el Ejecutivo le respondió afirmativamente y ello dio origen a la acción de la Fiscal Guianze.
Tanto la pregunta del Juez, como la respuesta del Ejecutivo, están inscriptas en una lógica existente en el país desde los años en que la Suprema Corte de Justicia de finales de los años 80, entendió que la ley de caducidad estaba investida del atributo de Constitucionalidad. Dicho de otra manera, hasta el 19 de octubre de este año, se podía presumir que las consultas que al Ejecutivo le realizaban los jueces, pidiéndoles permiso para actuar en lo que constitucionalmente es de su exclusiva competencia, era un acto que podía catalogarse de legítimo y legal. También lo era, toda respuesta -arbitraria o no-, que daba el Ejecutivo amparando o no un caso en la ley de caducidad.
Esas mismas acciones, a partir de la sentencia del 19 de octubre, el sentido común nos indica, que ya perdieron el carácter de acto legítimo y legal.
¿Ante nuevos casos futuros que se le presenten a los jueces penales por violaciones a los derechos humanos cometidas durante la dictadura, éstos continuaran pidiendo autorización al Ejecutivo para indagar, y eventualmente castigar a los responsables, por mandato de una ley catalogada de inconstitucional? ¿Y si esto fuera así, el Poder Ejecutivo asumiría una potestad que desde el 19 de octubre, es considerada inconstitucional?[2]
En estos días, los sectores que abiertamente se opusieron a la iniciativa que pretendía anular la ley de caducidad, se las ingeniaron para encontrar fundamentos que justificaran tal oprobiosa conducta. Entre ellos, los integrantes del Partido Independiente apelaron a una supuesta inseguridad jurídica que se instalaría en el país, de anularse la ley de caducidad. ¿Qué seguridad jurídica nos dejó el supuesto pronunciamiento ciudadano, que ellos hicieron posible con su abstención permitiendo que una norma inconstitucional se mantuviera?
UNA INICIATIVA CON CORAJE Y UN FALLO CON FUNDAMENTOS.
Frente a esa piedra que se atravesaba en el camino de las normas nacionales e internacionales, la Fiscal Mirta Guianze, tomo la iniciativa de quitarla, solicitando la declaración de inconstitucionalidad de la ley de caducidad. En el entendido que esa norma violaba la Constitución de la República y transgredía los Tratados internacionales.
Sobre la violación a la Constitución, la Fiscal sostuvo, que no se podía “bajo ningún concepto”, aceptarse que la “lógica de los hechos” se invocara como una fuente de derecho y, mucho menos, “que deba tolerarse una solución dada por el Parlamento frente a la indebida presión que ejercieron sobre él las Fuerzas Armadas”.
Argumentó que no podía considerarse a la ley de caducidad como una amnistía, y que era inconstitucional al “atribuir al Ejecutivo funciones propias del Poder Judicial.”
Sobre la trasgresión al derecho internacional, sostuvo que al sancionarse la ley no se contempló la Convención Interamericana de Derechos Humanos, y que no puede invocarse “el derecho interno para no cumplir los tratados internacionales”.
A cada uno de estos cuestionamientos, la Sentencia de la Corte los acoge con contundencia, compartiendo en general, los argumentos expuestos en minoría en 1988 por los Ministros Balbela y García Otero, defendiendo el argumento de la inconstitucionalidad de la ley de caducidad.
Hay un último aspecto que nos parece importante resaltar, ahora que los votos manifiestos por la nulidad no superaron, a los que por distintas razones, no se pronunciaron por declarar la nulidad de la ley. Ese aspecto tiene que ver con el grado de validez que dichos pronunciamientos tienen cuando se están considerando derechos fundamentales.
Dice la Corte al referirse a los efectos del referéndum contra la ley votado en el año 1989, que no se puede desconocer que la ley de caducidad fue ratificada en aquella oportunidad por el Cuerpo Electoral, al rechazarse el recurso de referéndum promovido contra dicha ley, pero que ese pronunciamiento “no proyecta consecuencia relevante alguna con relación al análisis de constitucionalidad”. “Por otra parte, -continua diciendo la Corte- , el ejercicio directo de la soberanía popular por la vía del referéndum derogatorio de las leyes sancionadas por el Poder Legislativo sólo tiene el referido alcance eventualmente abrogatorio, pero el rechazo de la derogación por parte de la ciudadanía no extiende su eficacia al punto de otorgar una cobertura de constitucionalidad a una norma legal viciada “ab origine” por transgredir normas o principios consagrados o reconocidos por la Carta”.
Más delante citando opiniones de juristas la sentencia de la Corte dice que es una “falacia metajurídica la confusión que existe entre el paradigma del Estado de Derecho y el de la democracia política, según la cual una norma es legítima solamente si es querida por la mayoría”. Y continua “De forma distinta las cuestiones pertenecientes a la que he llamado esfera de lo decidible’, los derechos fundamentales están sustraídos a la esfera de la decisión política y pertenecen a la que he llamado esfera de lo no“decidible’ (qué si y qué no). Esta es por tanto su característica específica: tales derechos son establecidos en las constituciones como límites y vínculos a la mayoría justamente porque están siempre - de los derechos de libertad a los derechos sociales -contra las contingentes mayorías. Es más: ésta es la forma lógica que asegura su garantía. Siempre que se quiere tutelar un derecho como fundamental se lo sustrae a la política, es decir, a los poderes de la mayoría, .como derecho inviolable, indisponible, e inalienable. Ninguna mayoría, ni siquiera por unanimidad, puede decidir su abolición o reducción”
“Entonces, - culmina afirmando la Corte -, ninguna mayoría alcanzada en el Parlamento o la ratificación por el Cuerpo Electoral - ni aún si lograra la unanimidad -podría impedir que la Suprema Corte de Justicia declarara inconstitucional una ley que consagre la pena de muerte en nuestro país, la cual está prohibida.. De la misma manera, tampoco la mayoría legislativa ratificada por el Cuerpo Electoral puede desplazar hacia el Poder Ejecutivo el ejercicio de la función jurisdiccional que le compete exclusivamente al Poder Judicial”..
Con relación a la afectación de las normas internacionales por parte de la ley de caducidad, la Corte sostiene que comparte la línea de pensamiento según la cual las convenciones internacionales de derechos humanos se integran a la Constitución, por tratarse de derechos inherentes a la dignidad humana que la comunidad internacional reconoce en tales pactos. “En el Uruguay, los principios generales de derecho ‘inherentes a la personalidad humana,’(…): quedan, pues, al margen del arbitrio legislativo y judicial y se benefician con el control de inaplicabilidad de las leyes inconstitucionales, en caso de desconocimiento legislativo ordinario”.
A modo de síntesis, termina sosteniendo la sentencia de la Suprema Corte de Justicia, la ilegitimidad de una ley de amnistía dictada en beneficio de funcionarios militares y policiales que cometieron delitos de esta naturaleza, gozando de impunidad durante regímenes de facto, ha sido declarada por órganos jurisdiccionales, tanto de la comunidad internacional como de los Estados que pasaron por procesos similares al vivido por el Uruguay en la misma época. Tales pronunciamientos, por la similitud con la cuestión analizada y por la relevancia que han tenido, no podrían soslayarse en el examen de constitucionalidad de la Ley Nº 15.848 y han sido tenidos en cuenta por la Corporación para dictar el presente fallo.
EL DIA DESPUES.
¿Cuál es el día después? ¿El 26 de octubre, o el 20 de octubre?
Las expectativas de terminar con una cultura de impunidad no es una tarea sencilla. Como toda cultura esta incrustada en los resquicios más profundos de la sociedad. La cultura de impunidad en nuestro país se empezó a construir en los prolegómenos que precedieron al autoritarismo militar de la dictadura. Continuo en los años del terrorismo de estado y bajo nuevas formas marco la existencia de la vida de las democracias que la siguieron hasta nuestros días.
Una cultura de impunidad, que es algo más que la falta de castigo a los delincuentes militares y civiles de la dictadura. Es la desvalorización del ser humano como sujeto de derechos. Los avances que la humanidad ha ido construyendo trabajosamente a lo largo de la historia, muchas veces empieza con plasmar esos derechos en instrumentos legales, y otras veces, los instrumentos legales no hacen más que instituir derechos conquistados por los pueblos.
Esas construcciones por lo general, no se realizan en terrenos fértiles, en espacios libres de presiones indebidas. Como en el caso que nos ocupa, terminar con una cultura de impunidad implica desmontar mecanismos legales, como las leyes de impunidad, y construir o restaurar y legitimizar aquellos instrumentos que los garanticen y consagren.
Medir en su justo termino a las dificultades que hay que vencer en estas batallas de los pueblos, nos ayuda- no para consuelo -, sino para ubicarnos en la etapa en que estamos como sociedad para tener una verdadera cultura de los derechos humanos. Y no se trata, de una mirada desde afuera. Quienes pretendemos ser parte de las fuerzas del cambio, aquella que caminaba hacia una sociedad del pan y las rosas, debemos ser concientes de que una gran responsabilidad esta en nuestras filas y que el adversario juega.
Nos falto muy poco, para que una mayoría muy calificada declarara la nulidad de la ley de caducidad. Estuvimos arañando una voluntad manifiesta de casi el 50 por ciento, y no es poca cosa. No es poca cosa frente al ninguneo de los grandes medios de difusión, al discurso confuso y muchas veces contradictorio de los lideres de la izquierda, y resoluciones que se acatan pero no se cumplían. El escenario trabajosamente construido tras largos años de lucha en torno a la necesidad de vencer la impunidad, no contó con primeros actores convencidos del papel que ello puede jugar en la construcción de un país mas justo y sobre todo, más solidario.
[1] Sentencia Nº 365, de la Suprema Corte de Justicia en la causa “SABALSAGARAY CURUTCHET, BLANCA STELA. DENUNCIA. EXCEPCIÓN DE INCONSTITUCIONALIDAD ARTS. 1, 3 Y 4 DE LA LEY Nº 15.848”, FICHA 97-397/2004.
[2] La referida Sentencia de inconstitucionalidad establece:“… que esta interpretación que realiza la Corporación se adopta al sólo efecto de resolver el presente caso, pero que, como no puede ser de otra manera, la opinión que se forme cada Magistrado que esté llamado a aplicar estas normas acerca de su eficacia temporal permanece, enteramente, en el ámbito de su plena independencia técnica”.
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