viernes, 26 de septiembre de 2008

La Escuela de Primer grado "Maestra Elena Quinteros".



Por Raul Olivera Alfaro
(Artículo publicado en el Organo de difusión interna
del PIT/CNT “Trabajo y Utopía, Semanario Brecha y Semanario Arequita de Minas Nº 558 29 de agosto de 2008)

El próximo 9 de setiembre, día en el que Elena Quinteros debía cumplir 63 años, una escuela de Montevideo llevará su nombre.
En el barrio Flor de Maroñas, - calle Marcos Salcedo 5644 entre Peteroa y Justino Jiménez de Arechaga -, un barrio de gente humilde y trabajadora en el que se encuentran enclavados varios grupos habitacionales y entre ellos muchas Cooperativas de Viviendas, se encuentra la Escuela de Primer Grado que pasara a denominarse “MAESTRA ELENA QUINTEROS”.
En un barrio, que antaño supo albergar grandes industrias como las textiles ILDU, SADIL, SUITEX, aceiteras como la TORINO, lavaderos de lana, y que supo también de la presencia de una generación de jóvenes, que como Elena, bajo la influencia del Sindicato de FUNSA enfrentaban el autoritarismo creciente de aquellos años. La Escuela Nº 181, tendrá el privilegio de ser la segunda escuela en el Uruguay que lleva el nombre de un maestro desaparecido. El 11 de noviembre de 1987, otra ley había designado a la Escuela Nº 269 de Montevideo, con el nombre de "Maestro Julio Castro.
Con esa decisión que partió del propio barrio, que las autoridades de Primaria hicieron suya, y que finalmente el Senado de la República transformó en Ley el 13 de mayo del 2008, se hace honor a quien fuera un ejemplo de resistencia a la dictadura.
En la exposición de motivos de la ley que fuera aprobada por unanimidad por la Cámara alta, se recogen aspectos sustanciales de la vida de Elena Quinteros: “Fue educada en las Dominicas; ingresó a Magisterio, al Instituto Normal, en el año 1962, y egresó en 1966. Eran tiempos en que la formación de Reyna Reyes era fortísima y que libros como la "Vida de un maestro" –de Jesualdo- eran referentes para esa generación.
En esa época, mediados de los sesenta, se vivía en el país una escalada represiva que llevó a profundizar las luchas estudiantiles y obreras.
Allí estaba Elena, entre el pensar y el hacer, que abarcaba lo político, lo gremial, y su formación como maestra, jugándose con cabeza muy clara, con firmeza, desde el amor a la vida.
Si algo definía a Elena era su coherencia, su amor y su compromiso con la libertad de todos, y no con la libertad individual y en exclusiva.
A mediados de 1966, Elena se incorporó a la FAU y fue activa militante de la ROE, la Resistencia Obrero-Estudiantil. Diez años después, ya en 1975, fue una de las primeras que trabajosamente actuó en la fundación del PVP, Partido Por la Victoria del Pueblo, junto con Sarita Méndez, Lilián Celiberti, Yamandú González, Telva Juárez y muchos otros jóvenes estudiantes de la época.
Participó en las misiones sociopedagógicas, en particular en la de 1967 en Capilla de Farruco, en Durazno, con espíritu abierto, sabiendo que no solo iba a aportar sino que era una instancia para nutrirse y aprender mucho del contacto con la gente. Una práctica que implicaba todo un posicionamiento ante la vida.
Alguien alguna vez ha dicho que Elena era misionera, en el sentido de la autoexigencia de sacrificio, de una práctica austera, que para nada quiere decir amargada -porque si había una persona alegre, era Elena-, y de la perseverancia en una especie de trabajo de hormiga; ese trabajo de hormiga que es imprescindible para casi todo en la vida.
Si de alguna tarea se la responsabilizaba a Elena, desde resumir en la biblioteca el "Manual" de Murchison, de cuatrocientas y pico de páginas, hasta sacar un volante clandestino, no había duda de que lo hacía; que nadie tuviera duda, porque lo hacía, tuviera todos los obstáculos que tuviera, y fuera la tarea que fuera.
A pesar de que eran tiempos en los que a veces no había tantas horas para dedicar al estudio, Elena nunca descuidó su formación profesional. Así fue que pasó también por la Facultad de Humanidades.
El 16 de noviembre de 1967 fue detenida por primera vez y liberada al otro día.
En octubre de 1969 fue detenida, procesada y enviada a la cárcel, donde permaneció hasta octubre de 1970.
En junio de 1975 fue destituida, porque un mes antes de cumplirse los dos años del golpe de Estado fue requerida por las Fuerzas Conjuntas.
El 26 de junio de 1976, Elena Quinteros es detenida y llevada al "300 Carlos", que dependía de la División de Ejército I. Allí, en "el infierno", operaban, entre otros, Cordero, Gavazzo, el "Pajarito" Silveira, Ferro, Yannone y Carlos Rosell.
En la mañana del 28 de junio, Elena se hace conducir a las cercanías de la Embajada de Venezuela con el argumento de "entregar" un contacto. Allí intenta fugarse corriendo y saltando hacia adentro de la Embajada, desde donde es secuestrada por la fuerza por policías y militares uruguayos, forcejeando con los funcionarios venezolanos y frente a la complicidad de los policías a cargo de la custodia de la Embajada.
Con una pierna quebrada durante la lucha para introducirla en un auto frente a la Embajada de Venezuela, es llevada al Batallón de Infantería Nº 13, es identificada con el Nº 2537 y sometida a torturas salvajes, según los testimonios de otros presos políticos allí detenidos.
La Embajada de Venezuela y el propio Gobierno venezolano protestan inmediatamente -no podía ser de otra manera-, exigiendo la entrega de esta mujer que había sido claramente secuestrada en su territorio.
El 3 de julio se reúne el COSENA y decide no entregar a Elena, por lo que finalmente, el 5 de julio, Venezuela suspende las relaciones diplomáticas con Uruguay cuando queda claro que los dictadores no están dispuestos a devolver viva a Elena.
Esta mujer, maestra, Elena Cándida Quinteros Almeida, la detenida 2537 en el Batallón Nº 13, nuestra detenida desaparecida, no era una ingenua. Peleó por una sociedad justa, humana, donde cada uno de nosotros nos pudiéramos mirar cara a cara todos los días desde las diferentes miradas, desde la diversidad que tenemos, construyendo salidas para la pública felicidad.
Peleó como militante política, como militante sindical, y PELEÓ COMO MAESTRA; porque sabía muy bien que desde la escuela había mucho que hacer por el hombre, por el niño, por el futuro.
Hoy, en muchas escuelas, muchas Elenas anónimas dan la misma lucha que ella, por la igualdad, por las oportunidades, por la esperanza, por el otro.
Parece justo, y a tiempo, que una escuela lleve su nombre” .

domingo, 7 de septiembre de 2008

EL NOMBRE DE UNA ESCUELA

Por Raúl Olivera.
(Artículo Publicado en el Diario La República 7/9/08)

"Se me antoja mirarte cantando una canción de la mano de un coro de niños escolares. Se me antoja pensarte vestida de maestra saltando por lo patiosde todas las escuelas”.

El 9 de septiembre, a iniciativa de los vecinos de Flor de Maroñas, el Estado uruguayo cumplirá con el merecido acto de reparación a una de las víctimas del terrorismo de Estado. Ese día se materializará lo impulsado por las autoridades de enseñanza primaria y hecho ley por el parlamento nacional. Por eso, la Escuela montevideana Nº 181, llevara el nombre de “Maestra Elena Quinteros”[1].
La fecha elegida, no es una simple coincidencia, en esa misma fecha, pero 63 años, antes nacía Elena Cándida Quinteros Almeida.
La mayoría de las veces, el ritual de las ceremonias oficiales, transforma el ponerle nombre- como en este caso-, a una escuela, en una ceremonia donde muchos de sus actores y participes no alcanzan a calibrar el profundo significado que el hecho puede llegar a encerrar.
Sin embargo, en este caso, en razón del origen de la iniciativa y sobre todo por el entusiasmo y la valentía con que los docentes de ese centro de enseñanza lo han asumido, el ritual desafiará los años y el silencio que quiso silenciar el grito de aquella mujer que junto a la palabra “Auxilio” y “Asilo”, no olvido su condición de MAESTRA.
Entre marzo y diciembre de 1967, Elena es Maestra Suplente Escuela Nº 178 de Los Aromos en el Departamento de Canelones. Posteriormente desde abril de 1968 a marzo de 1969, actúa como Maestra Interina Escuela 12 grado R1, de Los Poquitos, también en el Departamento de Canelones. Terminada su actuación allí, pasa a ser Maestra efectiva en la Escuela 195 1er Grado, del barrio del Hipódromo, de la ciudad de Pando.

Tota Quinteros, su madre, también soñó ser maestra “(…) lo negativo fue no haber podido terminar como maestra a pesar de que trabajé desde 1937 hasta, creo, 1964 como Correctora o Asistente de Maestro”, para “de alguna manera suplantar aquello que yo no había podido hacer que era recibirme de maestra que es, sin dudas, mi vocación”. Tota, no tenía dudas “ (…) que Elena vivió todo ese tiempo los trabajos que yo hacía. Pero además soy de familia de maestros de un lado y de otro. Tengo tías por un lado y por el otro que eran maestras. Además de la China o hermana Elvira, por el lado de mamá también tengo tías maestras, así que la cosa andaba por ahí (…)”[2].
Testimonios de quienes fueron sus alumnos, de quienes con ella compartieron la tarea de enseñar, la recordaban recientemente, cuando la esperaban al final del recorrido del ómnibus que la llevaba hasta Pando y recorría el largo camino hasta la Escuela 195. La merienda compartida, la lucha por mejorar las condiciones de aquel barrio pobre de las afueras de Pando.
“Anduvo en los carteles de cuanta marcha hubo; anduvo en mil discursos yotros tantos volantes; entro a muchas reuniones y congresos y actos; abriócarpetas y expedientes; fue el sueño de su madre y muchos compañeros;también fue pesadilla de cancilleres y senadores y embajadores ycharreteras.Sus ojos en la foto no miraban el mundo pero el mundo se veía a través desus ojos, la gente se miraba a través de sus ojos y ocurrió lo increíble:Elena empezó a hablar a través de su boca cerrada. Hablaba por la voz desus compañeros, hablaba a través de las páginas de carpetas que habíanestado cerradas en cajones secretos, hablaba, al fin, a través de suspropios enemigos y de las manos que se levantaron para defenderlos.Y hoy habla a través de estas palabras, desde su pequeña estatura demaestra, de mujer, de compañera. Y no se calla. Nunca se callo, ni callarajamás...."[3].
Hoy, en este Uruguay que busca denodadamente construir un suelo digno y con justicia, Elena vuelve a la escuela, para que los orientales sean además de ilustrados, valientes, como ella.
[1] La Escuela está ubicada en la Calle Marcos Salcedo 5644y Justino Jiménez de Arechaga y el acto sera a las 11 horas.
[2] Del libro de Ignacio Martínez, Tiene la palabra Tota Quinteros.
[3] Del libro Avisa a todos los compañeros pronto.

EL CUMPLEAÑOS DE ELENA QUINTEROS

“Vive como si fueras a morir mañana
y lucha como si fueras a vivir siempre”.
Ernesto “Ché” Guevara
El 9 de setiembre del 2008, Elena hubiera cumplido 63 años. Al igual que cualquier ser humano, durante su vida, ese día, sumó un año a su vida. Eso hizo Elena, durante 30 años. Los primeros junto a su madre y su padre en el barrio obrero de Jacinto Vera. Otros, después, con sus compañeras del colegio de las “Dominicas”. Luego, junto a algunos de sus compañeros de magisterio. Ya en los años convulsionados de los 60, junto a sus compañeros de la Resistencia Obrero-Estudiantil y la FAU. Luego, junto a los compañeros del Partido por la Victoria del Pueblo.
Algunos de esos aniversarios, trascurrieron en momentos muy especiales para Elena. Sus 25 años los cumplió en la cárcel de Cabildo. Y de creerle a las “verdades posibles” de la Comisión para la Paz, sus 31 años la encontró aún con vida en el Batallón 13 de Infantería.
Allí posiblemente, se le puso fin al transcurso de su tiempo y fue su último cumpleaños. En ese lugar Elena sufrió y resistió, porque aún allí era posible seguir resistiendo y seguir peleando.
Si esa parte de la “verdad posible” referida a la ejecución de Elena en los primeros días de noviembre de 1976, fuera cierta, probablemente “la Parda” se reencontró con la veintena de sus compañeros del pvp trasladados en el segundo vuelo y juntos fueron ejecutados cobardemente por la dictadura.
Para Elena, los años no pasan, se pasea aun con su sonrisa fresca o su seriedad respetuosa en los carteles que Tota ya no puede portar por las calles de este Montevideo, pero que, como solía decir el “Loco” Duarte, hoy levantan “manos amigas y brazos compañeros”.
Desde aquel 26 de junio y más precisamente desde su intento de conquistar la libertad del 28 de junio en la embajada de Venezuela, Elena sigue resistiendo.
Pero esta vez, Elena festejara su cumpleaños de la forma que seguramente nunca soñó: en un barrio de gente humilde y trabajadora, una Escuela de Primer Grado pasara a denominarse “Maestra Elena Quinteros”. En un barrio, que antaño supo albergar grandes industrias y que supo también de la presencia de una generación de jóvenes, que como Elena, bajo la influencia del Sindicato de FUNSA enfrentaban el autoritarismo creciente de aquellos años. La Escuela Nº 181, tendrá el privilegio de ser la segunda escuela en el Uruguay que lleva el nombre de un maestro desaparecido[1].
Con esa decisión que partió del propio barrio, que las autoridades de Primaria hicieron suya, y que finalmente el Senado de la República transformó en Ley el 13 de mayo del 2008, se hace honor a quien fuera un ejemplo de resistencia a la dictadura.
En la exposición de motivos de la ley que fuera aprobada por unanimidad por la Cámara alta, se expresa:” Esta mujer, maestra, Elena Cándida Quinteros Almeida, la detenida 2537 en el Batallón Nº 13, nuestra detenida desaparecida, no era una ingenua. Peleó por una sociedad justa, humana, donde cada uno de nosotros nos pudiéramos mirar cara a cara todos los días desde las diferentes miradas, desde la diversidad que tenemos, construyendo salidas para la pública felicidad.
Peleó como militante política, como militante sindical, y PELEÓ COMO MAESTRA; porque sabía muy bien que desde la escuela había mucho que hacer por el hombre, por el niño, por el futuro.
Hoy, en muchas escuelas, muchas Elenas anónimas dan la misma lucha que ella, por la igualdad, por las oportunidades, por la esperanza, por el otro. Parece justo, y a tiempo, que una escuela lleve su nombre”[2].
Por su parte el Discurso pronunciado en esa oportunidad por la Directora de la Escuela, Maria Cristina dos Santos de los Santos, entre otros conceptos, expresaba: “… la gente, muchas madres, abuelas, tías, querían darle un nombre a esta Escuela, que porfiada seguía educando a sus niños y niñas… Una madre alzó la voz: Nombre de Maestra tiene que llevar, de Maestra sí, por la dignidad que esta profesión encierra, por el compromiso que con la sociedad tiene… Nombre de Maestra tiene que ser “Maestra. Elena Quinteros” se decidió… Y en el verano del 2006, con el calor de los días y el calor de la gente, se golpean puertas para juntar firmas, puertas se abren, ventanas se entrecierran, firmas y más firmas se juntan, y en su solicitud exponen: “La valentía y entrega de esta mujer al defender una sociedad más justa y equitativa, honraría a nuestra Escuela” Dos años llevaron los trámites, hasta que un Proyecto parlamentario le otorgó el nombre tan ansiado.Muchas de estas mismas madres y otros padres que se sumaron vistieron de fiesta al local, pintando, buscando sillas, repartiendo tarjetas, juntándose para preparar los recuerdos que hoy llevarán. Las Maestras y los Auxiliares, en su inagotable fuente de trabajo y creatividad, prepararon esta fiesta, que es de los niños y niñas, pero también de todos lo que dejaron su huella para pintar un trozo de historia en esta comunidad.Y estamos aquí reunidos para nominar nuestra querida Escuela y brindar homenaje a esta Maestra, que en otros tiempos, como en el presente lo hacen otras maestras, luchó por construir una sociedad mejor.Hoy, 9 de setiembre, su espíritu alegre, vivaz y gentil nos acompaña. Esta pudo ser la Escuela que albergó su trabajo, el patio donde compartió la merienda con sus alumnos y, por eso, a partir de hoy será para siempre su Escuela.Porque no te fuiste Elena, te sembraste, y terca germinaste en cientos, en miles de mujeres y de niñas que hoy te recuerdan y te homenajean. Y no solo le ponen nombre a su Escuelita, sino que se sienten identificados con tus ideales, están construyendo un mundo nuevo, el mundo que tú soñaste, y desde este pequeño lugar te lo regalan, para que sigas naciendo, para que sigas viviendo… “Por detrás de mi voz, escúchalos, escucha- Elena, que ahora viven en tu mirada”.

De esta forma y con el acompañamiento de cientos de personas, el Estado uruguayo cumplió, aunque tardíamente con el merecido acto de reparación a una de las víctimas del terrorismo de Estado.



[1] El 11 de noviembre de 1987, otra ley había designado a la Escuela Nº 269 de Montevideo, con el nombre de "Maestro Julio Castro.

[2] COMISIÓN DE EDUCACIÓN Y CULTURA, CARPETA Nº 1892 DE 2007. REPARTIDO Nº 1005, JULIO DE 2007. MAESTRA ELENA QUINTEROS, Designación a la Escuela Nº 181 de la ciudad de Montevideo.

lunes, 1 de septiembre de 2008

Biografia de Elena Quinteros.



Publicado en Trabajo & Utopía setiembre 2008

Nació en Montevideo el 9 de setiembre de 1945. Su madre fue María del Carmen Lidia Almeida Buela (“Tota”) y su padre Roberto Luis Quinteros Pujadas.
Cursó primaria en el colegio de las hermanas Dominicas. Profesó y practicó la religión católica hasta el comienzo de su actividad gremial. Comienza los estudios de magisterio en 1962. A edad de 21 años obtiene el título de maestra. Luego, curso estudios de pedagogía de la educación en la Facultad de Humanidades.
Siendo muy joven se integra a la Federación Anarquista Uruguaya (FAU). Desde esa opción libertaria, realiza una activa militancia en la Resistencia Obrero Estudiantil (ROE). será una de las fundadoras, en 1975, del Partido por la Victoria del Pueblo (PVP).
Como estudiante y luego como maestra tuvo una actividad sindical importante, en la agrupación 3 de la Asociación de Estudiantes Magisteriales de Montevideo (AEMM) y en el gremio de la Federación Uruguaya de Magisterio (FUM), integrante de la Convención Nacional de Trabajadores (CNT).
En abril de 1967, con 22 años, participa en la reanudación de las Misiones Sociopedagógicas en Capilla de Farruco en el departamento de Durazno.
Ya como maestra, comenzó a trabajar en una escuela 195 de la ciudad de Pando, en Canelones.
El 16 de noviembre de 1967 fue detenida, y es liberada a las pocas horas. El 22 de octubre de 1969, con 24 años, es nuevamente detenida, procesada y recluida en la cárcel de Cabildo. Luego que de dicho establecimiento carcelario se fugaran el 8 de marzo de 1970, 13 de las mujeres recluidas en dicho establecimiento, fue trasladada a Cárcel Central. A mediados del año 70 participa con las demás presas de Cárcel Central en una huelga de hambre y logran con ella el traslado nuevamente a la cárcel de Cabildo.
El 16 de octubre de 1970 fue liberada y vuelve a desempeñar sus tareas como maestra en la misma escuela en la que anteriormente había trabajado, donde es recibida con júbilo por niños y vecinos de la zona.
Recobrada la libertad, nuevamente va a vivir con su madre Tota Quinteros, en una casa de la calle Carreras Nacionales. En enero de 1971, se mudan a la calle Escalada 4101 en el Prado, cerca de Magisterio. Allí vivirá con su madre hasta 1973, cuando se casa y pasa a vivir con sus suegros.
El 26 de noviembre de 1972 es nuevamente detenida en averiguaciones. En esos años, desde el sindicato de FUNSA participa de las reuniones de familiares de presos políticos que preparaban los paquetes de comestibles que después se llevaban a las cárceles.
El golpe de Estado del 27 de junio de 1973 sumerge a Elena en la organización de la resistencia que se manifiesta en la huelga general. Posteriormente trabaja en la reorganización clandestina del activo militante que permanece aún en el país. Luego participará en un largo proceso de conformación del PVP, lo que la obliga a desplazarse asiduamente entre Uruguay y Argentina.
El 5 de mayo de 1975, en el marco de un nuevo embate represivo contra su organización política, Elena es requerida por la dictadura y se traslada a Buenos Aires.
El 24 de junio de 1975 es destituida por la dictadura de su cargo como maestra.En los primeros meses del 76 regresa en forma clandestina a Montevideo. Bajo otra identidad, vive en un apartamento en la calle Massini 3044, hasta su detención.
Elena fue secuestrada por la dictadura uruguaya el 26 de junio de 1976, cuando aún no había cumplido 31 años. El 28 de junio con la excusa de conducir a sus captores a la detención de un compañero suyo, se hace llevar a las inmediaciones de la embajada de Venezuela, donde solicita asilo y es sacada a la fuerza por sus captores. Es conducida al Batallón de Infantería Nº 13, donde es torturada y posteriormente ejecutada. Venezuela a raíz de su secuestro de los jardines de la embajada, rompe relaciones diplomáticas con Uruguay hasta el 1º de marzo de 1985. Elena continúa hasta hoy desaparecida. Su madre Tota Quinteros, el 8 de octubre de 1976 abandona la Argentina bajo la protección de Naciones Unidas y se refugia en Suecia. A partir de allí, hasta su muerte en enero del 2001 desarrollara una intensa búsqueda de su hija.

Elena, La maestra en la evocacion de sus compañeros.



Publicado en Trabajo & Utopía Setiembre 08

Sara Méndez, conoció a Elena a partir de la militancia en Magisterio, de las reuniones de la Agrupación 3 que se realizaban en aquellos tiempos en el hogar de Elena y Tota, a la que Sara se integró como estudiante. A aquella militancia gremial, le siguió la política en la FAU. Corría el año 1965, y Elena había cumplido sus 20 años.

“Para evocar y trasmitir hoy la imagen de esa joven mujer, nos dice Sara, tenemos que introducirnos en la década del 60, en nuestro País en nuestra América. Para poder explicar por qué Elena no se fue del Uruguay, como tantos otros uruguayos y uruguayas, que resistieron y combatieron la dictadura, tenemos que hablar de las crecientes injusticias existentes en nuestros países y de unas generaciones que se plantearon terminar con ellas.

Esas generaciones formaron sindicatos, gremios estudiantiles e instrumentos políticos. El triunfo de la revolución cubana como una respuesta efectiva a esas injusticias fue el gran telón de fondo.

Cómo nos gustaba oír y repetir la frase de Buenaventura Durruti, el combatiente de la revolución española cuando afirmaba “construiremos un nuevo mundo porque llevamos un mundo nuevo en nuestro corazón”.

La voluntad para construir una sociedad nueva pasaba inevitablemente por una exigencia personal muy importante, ya que implicaba una transformación de uno mismo. La imagen del hombre nuevo que el Che pregonaba era sin duda una exigencia a alcanzar

Cientos y miles de jóvenes provenientes en su mayoría de corrientes cristianas van a incorporarse a las filas del movimiento revolucionario, aquí y en el resto de América, convencidos de que para terminar con la injusticia social había que cambiar el mundo radicalmente. Y esa convicción de cambio se ir probando en las huelgas, en cada enfrentamiento con las fuerzas represivas, en la prisión que se comenzar a vivir, en la tortura por la que se pasa, o se queda.

No es por casualidad que Elena es parte de una lista de maestros y jóvenes maestros y estudiantes de Magisterio, que hoy están desaparecidos o asesinados, como Telba Juárez.

Ser maestra será su elección, y tomar el camino del Magisterio señalado por el maestro Soler con su experiencia de La Mina en el departamento de Cerro Largo donde se promueve a la escuela en contactó con la comunidad como un centro de cultura y cambio

Como estudiante participa en las misiones socio-pedagógicas, experiencia promovida por la escuela, por los maestros rurales

El contactó con la gente y la realidad de los llamados pueblos de rata ser un duro golpe para Elena como para tantos otros jóvenes estudiantes. Pocos están próximos a la penuria del pueblo como el maestro a través de la realidad que el niño lleva a la escuela. Y la necesidad de un compromiso mayor por ese cambio profundo que el País va exigiendo ser sentido por Elena

Es la década del 60 y las discusiones en las agrupaciones gremiales tendrán cada vez más contenido político. A otro nivel, donde estaría Elena, se hablar de la lucha armada, de la violencia como medio para las transformaciones profundas

Recuerdo en especial a los cristianos resistiendo las posiciones que las fundamentaban como inevitable. El tiempo andaba rápido y en especial para los jóvenes en esa época. El Instituto Normal se convirtió en un centro que reflejaba lo que estaba sucediendo a nivel de la sociedad. La práctica de la solidaridad con los gremios obreros mueve a los estudiantes, lleva a la militancia a vivir jornadas de ocupación de fábricas, enfrentamientos callejeros con las fuerzas de represión

También se inscribió en la Facultad de Humanidades y comenzó a estudiar Pedagogía de la Educación. Se levantaba muy temprano por la mañana para ir a la escuela y se acostaba tarde por la noche. La Federación Uruguaya de Magisterio la contar también entre sus filas, pero cada vez más la militancia política ser centro en su vida.

Cuentan que la lucha que Elena entabló con sus secuestradores aquel 28 de junio del 76 en los jardines de la Embajada de Venezuela, Elena perdió uno de aquellos zapatos acordonados. De ahí en más, como en el cuento infantil nos probamos el zapato de Elena. No para ser ella, sino para ser como ella, y continuar saltando muros hacia la libertad y el socialismo”

viernes, 29 de agosto de 2008

UNA RELACION COMPLICADA.



Articulo publicado en el sitio web del PVP



Tiempo atrás, bajo el titulo “LA TENSIÓN ENTRE GOBIERNO, PARTIDO Y SINDICATOS”, el politólogo Oscar Bottinelli, realizó en Radio “EL ESPECTADOR” algunas consideraciones, sobre un tema sobre el que nos parece que es necesario ahondar.
El análisis califica de “complicado” el relacionamiento entre un partido político y el sindicalismo, cuando el primero es de izquierda y tiene el gobierno. Y, que esa complicación, también la pueden padecer, cuando el partido que esta en el gobierno, aún sin ser de izquierda, es de “alta estructuración y alto funcionamiento permanente”.
Para el caso que nos interesa analizar – la relación FA-Sindicatos, a la luz de acontecimientos de público conocimiento como lo es el prologado conflicto de ADEOM con la IMM, nos encontraríamos ante un partido en el gobierno que suma las dos características anteriormente enumeradas: que es de izquierda, estructurado y de alto funcionamiento permanente.
No es de extrañar, que existan tensiones, si ese partido fue llevado al gobierno por un caudal tan importante de votos de la ciudadanía, y entre esos ciudadanos, una gran parte (sino la mayoría) son asalariados organizados en sindicatos . Y si además se trata de una fuerza política que funciona, consultando y definiendo democráticamente sus políticas en el gobierno , es lo normal. Y lo más democrático, cuando los Partidos y los sindicatos tienen muy claro su papel y su rol en la sociedad.
Los partidos que tiene sus principales y minoritarios - desde el punto de vista numérico -, sostenes en los banqueros, empresarios y sectores económicos hegemónicos, y que por otra parte logran los mayores apoyos electorales que los llevan al gobierno, mediante la demagogia programática, pueden en la lógica del análisis en cuestión, también tener un relacionamiento “complicado” con quienes mayoritariamente los llevaron a ejercer el gobierno. Decimos que pueden, sin mantienen un alto funcionamiento permanente, ergo si son auténticamente democráticos.
¿Se imaginan al Partido Colorado convocando en los años 60 a los ciudadanos a votarlo, anunciando que congelaría los salarios? ¿O que habiendo logrado el apoyo ciudadano sin proponer esa eventualidad, se decida hacerlo y para ello convoque a sus votantes para definirlo? Es inimaginable.
En nuestro país históricamente, cuando los gobiernos hacen lo contrario a lo que prometen, o aplican políticas que atentan contra los intereses de sectores de la ciudadanía, lo que se han generado no son escenarios “complicados”, sino escenarios represivos (medidas prontas de seguridad, escuadrones de la muerte, represión, asesinatos y en algunos casos, dictadura). Eso no hay que olvidarlo.
Cuando el politólogo nos propone “mezclar los tres elementos” (partido, gobierno y sindicatos), en la retorta de su análisis politológico, lo que es claro, y muchas veces se omite, es que – a diferencia de otros escenarios-, no habrá escenarios represivos.
Creemos, que no nos encontramos, como pretende el análisis ante “desajustes” de los tres elementos, a partir de que el partido Frente Amplio es la fuerza cuyo personal político ejerce el gobierno. Por lo tanto, no se trata de piezas que en el nuevo escenario de la izquierda en el gobierno “empiezan a ajustarse y desajustarse” con relación a como actuaban cuando la fuerza hoy en el gobierno, era oposición.
Es obvio como lo sostiene el análisis que la fuerza política en el Parlamento cuando es del mismo signo que la del gobierno, es parte del gobierno, pero muchas veces a la hora de “juzgar” a las conductas del sindicalismo, se omite, que desde el oficialismo parlamentario también aparecen disensos “conflictivos” con la política del Ejecutivo. La diferencia entre uno y otro, por obvio que parezca, es un dato importante de destacar: se sustancian en ámbitos distintos, donde los actores se mueven y se posicionan mediante articulaciones complejas con la realidad.
También es obvio, que cuando una fuerza política en el Parlamento, no es gobierno, es oposición. Y que en ese caso, puede (generalmente lo es) coincidente con la acción reivindicativa de los sindicatos.
El cambio de escenario, con la llegada del Frente Amplio al gobierno, produce un desajuste en una de las piezas: en la de la fuerza política y no de las dos piezas. Por otra parte, ese desajuste no es nuevo, ya que en el pasado muchas veces la fuerza política debió corregir sus definiciones para acompañar movimientos que se producían a nivel de la sociedad (plebiscitos, etc.). De ahí que resulta aventurado calificar que se actuó “cómodamente” como oposición. También en las definiciones de su rol de oposición, la izquierda debió en más de una oportunidad, acompasar sus definiciones a partir de la presión desde las organizaciones sociales.
El Frente Amplio no podía ignorar, es más, comparte una raíz común, en el que la independencia de los sindicatos ante el Estado y los gobiernos, es un principio cardinal y saludable democráticamente hablando. Por lo cual, ante la experiencia de su primer gobierno departamental de Montevideo, debía al menos intentar crear las condiciones que le permitieran desactivar un elemento que podía complicarle el escenario en esa primera experiencia: los conflictos derivados de reclamos del sindicato de los trabajadores municipales nucleados en ADEOM. Por esa razón la administración del hoy Presidente de la República Tabaré Vázquez, otorgó importantes mejoras económicas. También es cierto, que allí existía una sensibilidad distinta con relación a los trabajadores. Y no una mera operación de “neutralización” de la acción sindical reivindicativa.
El crear las condiciones para que los reclamos de los sindicatos, no afecten la gestión, necesita de algo más que la apretura de las canillas de las arcas comunales.
El análisis que por otra parte busca legitimarse en charlas privadas del fallecido referente histórico del Frente Amplio Liber Seregni, ubica el “error inicial” en que aquel aumento salarial y mejora de las condiciones de trabajo, no tuvo “una contrapartida del gremio municipal”.
¿De qué contrapartida se habla?
Los trabajadores y por ende los sindicatos a partir de los cuales realizan sus reivindicaciones siempre tienen la obligación de mejorar las condiciones de vida de sus afiliados. De ahí, que sea legítimo, que siempre quieran ganar más y ese interés intenten plasmarlo en los convenios colectivos. Es en esa lógica, que por lo general se resisten las cláusulas de paz o los acuerdos sociales que intentan frenar o impedir el desarrollo de ese interés legítimo de querer mejorar siempre sus salarios, etc. Es más, en una sociedad capitalista, donde las empresas buscan maximizar sus ganancias, es lógico y natural que los trabajadores busquen maximizar sus ingresos. Mejorar los ingresos de los que viven de su salario no puede ser visto como una “concesión” y menos como “una generosidad”, que no fue entendida. Quien no entendió, en todo caso, es quien piense eso.
A renglón seguido el analista se interna en la experiencia internacional, para tratar de encontrar un modelo. Por suerte no nos endilga a los uruguayos el modelo soviético, ni el del peronismo, en el que “los sindicatos actúan muy subordinados al gobierno y al partido de gobierno” y por ende “el partido manda al gobierno y a los sindicatos” siendo “correa de transmisión de los intereses del gobierno”. Tampoco nos ubica en un modelo similar al del Partido Laborista Ingles, en el que los sindicatos forman el partido y en consecuencia el partido es el instrumento del sindicato.
Hemos sostenido en otras oportunidades que la unidad de la izquierda es impensable, sin el proceso de unidad sindical que la precedió, por esa razón no es de extrañarse y menos asombrarse de la existencia de “una relación muy fuerte” entre los partidos de izquierda y los sindicatos. No es que en la izquierda se considere éticamente incorrecto enfrentarse o discrepar con los sindicatos. Lo que es políticamente incorrecto, es que la relación entre la izquierda devenida en fuerza de gobierno y los sindicatos, sea de subordinación. No es un pecado político que la lógica del Estado administrador de los derechos de los ciudadanos, se enfrente a los sindicatos cuando estos defienden los derechos de sus trabajadores.
Un último aspecto referido al análisis de Bottinelli. Según el politólogo, durante el desarrollo de la huelga contra el golpe de Estado de 1973, Seregni habría impuesto que en esa huelga política, la acción sindical política debía estar “subordinada al instrumento político”. Entonces, ¿quienes ven en el comportamiento- por ejemplo del sindicato de ADEOM-, un comportamiento afín a una estrategia política (y por ende resultado de una acción de un partido contrario al FA y su gobierno), sólo vislumbran como remedio, una acción también estrictamente de política partidaria en la interna del sindicato?
¿Y esa acción, de que lógica estará impregnada: de la emergente de la estructura de gobierno o de la estructura político partidaria?
La respuesta a esa interrogante no es un tema menor, y nos remite a otro problema que también nos introduce el análisis de marras, y que se refiere al problema “entre la estructura de gobierno, la estructura parlamentaria y la estructura central”, en la que una es el resultado “de los votos de las elecciones nacionales, y otro de la lógica electoral interna, de los votos de las direcciones internas del Frente”.
El problema se vuelve aun más interesante, si se constata que hay una no correspondencia entre la influencia (no subordinación) de grupos políticos con mucho peso electoral, que no se manifiesta en el movimiento sindical.
Estamos de acuerdo, como lo consigan el análisis, de puede haber “distintas visiones” desde las cuales “la gente cuando está en distintos ámbitos ve las cosas desde distintas perspectivas” y “que también hay juegos de intereses distintos”.
Hugo Cores, al referirse al papel del Frente Amplio, cuando estaba en la oposición destacaba como aspectos sustanciales de la fuerza política: el “contacto con la sociedad, no preso de la estructura institucional, buscando alianzas con la sociedad, un verdadero partido opositor que irradiara permanentemente líneas de esperanza”. Lo interesante, nos parece, sería preguntarnos como nos “suena” esa misma frase, cambiando la palabra “partido opositor” por “partido de gobierno”.
El sindicalismo y la política, no es pasible –en estos tiempos-, pensarla con una suerte de conducta refleja y condicionada. Tampoco es posible pararse ante el entramado de intereses presentes en la sociedad, con una suerte de solución química que naturalmente “precipita” los intereses legítimos, de los ilegítimos.
La cultura de una sociedad- en cuanto patrón de conductas socialmente aceptadas- es un terreno en disputa, en la que el neoliberalismo y los años de autoritarismo y dictadura han dejado su huella. Ni los sindicatos, ni las organizaciones políticas, están por fuera de esas condicionantes. Pero las responsabilidades, no son las mismas.
De ahí, que la “intervención” del mundo político, en el mundo de los intereses, muchas veces corporativos, es una labor permanente y de largo aliento. De esa forma, se pueden acomodar algunos zapallos del carro: del carro de los sindicatos, del gobierno y de los partidos. Y sobre todo, contribuirá a separar la paja del trigo.
Un último aspecto. Siempre fue una preocupación permanente de la acción sindical, tener en cuenta que toda lucha del “trabajo contra el capital”, implica otro actor, que de no tenerse en cuenta conduce a errores y consecuencias profundas al movimiento sindical en su conjunto. Nos referimos a lo que se da en denominar, la batalla por la opinión pública.
El sindicalismo uruguayo, aún en sus mejores épocas y fortalezas, tuvo claro que los resultados electorales donde muchísimos (sino la mayoría) de los trabajadores votaban a los partidos tradicionales, era un dato ineludible de cualquier estrategia de lucha sindical. Por esa razón, ganar la batalla de la opinión pública, era una tan importante como vencer a la patronal.
Quizás el error principal, de algunas estrategias desarrolladas desde tiendas sindicales, parta de que se piensa equivocadamente, que él hecho de que electoralmente la izquierda haya tenido una victoria holgada, termino por eliminar de las preocupaciones de las estrategias de lucha gremial, la mentada batalla por la opinión pública.
Y, ya no un “error”, sino una concepción política asumida, es aquella que trata ya no de “influir” en los procesos, si no de pensar-equivocadamente-, que se los puede cambiar desde la lucha puramente reivindicativa.
Raúl Olivera

sábado, 26 de julio de 2008

Poner fin a una logica perversa.Para que los derechos, transiten por anchas avenidas, y no por vericuetos, resquicios o atajos.



Publicado en Trabajo y Utopía julio 2008

En artículos anteriores, relacionados a la necesidad de anular la ley de caducidad, nos hemos referido a como en nuestra sociedad se administra el saber y los conocimientos. Administración del conocimiento, que dificulta la incorporación a las preocupaciones del ciudadano común, de aspectos esenciales para la vida en sociedades auténticamente democráticas.
La nulidad de la ley de caducidad, nos enfrenta a una doble y compleja tarea Desarrollar un abanico de argumentos que decidan positivamente la decisión ciudadana de firmar en esta etapa; y que esa definición se extienda al voto en las próximas elecciones nacionales. Y, armar al ciudadano de herramientas que le permitan, más allá de este desafío, importante pero puntual, continuar desarrollando una autentica ciudadanía responsable.
Las normas jurídicas que regulan las conductas de las personas que viven en sociedad, tienen como fin establecer con claridad, qué cosas se pueden hacer libremente, y que otras, están vedadas de cometerse. De tal manera, que cuando esas conductas que no pueden hacerse, igualmente se hacen, la sociedad habilita la intervención de determinados instrumentos, para castigar a quienes trasgredieron las normas, y reparar los derechos o bienes afectados.
En nuestra sociedad, al Estado le esta absolutamente prohibido de aplicar la pena de muerte, torturar, desaparecer, etc. Sin embargo, el Estado dictatorial, asesino, torturo, desapareció, etc.
Instalada la democracia, el Estado debió habilitar los instrumentos de su ordenamiento normativo, para castigar a quienes habían aplicado esas conductas delictivas vedadas de ser puestas en práctica y reparar los derechos afectados.
Esa conducta, lógica y ajustada al derecho nacional e internacional, de acompañar el restablecimiento del orden democrático, con la aplicación de las normas que regulan y aseguran el normal desenvolvimiento de la sociedad, no fue posible. Lo impidió la instalación de una norma – la ley de caducidad-, que durante 20 años no hizo posible la acción constitucionalmente establecida para el Poder Judicial sobre las conductas delictivas del régimen dictatorial. Y con ello que muchos de los efectos de esas conductas, siguieran afectando a la sociedad toda y a las victimas, en particular
Para cuatro administraciones – dos de Sanguinetti, una de Lacalle y otra de Batlle-, la acción punitiva del Estado, estuvo vedada,. Y la verdad, no fue una obligación jurídica, para Sanguinetti ni para Lacalle. Solo un matiz, apareció en la administración de Batlle: la posibilidad de una verdad posible, amputada y falsa en muchos casos, que debería aceptarse como la verdad oficial y final.
Con la llegada de la actual administración del Frente Amplio, se abrieron causes que hicieron posible la acción de la justicia y con ello el procesamiento de algunos de los responsables de los crímenes de la dictadura.
Y también la verdad, tomó una nueva dimensión. Se buscó y en dos casos se encontró restos de desaparecidos. Se reclamó informes a las fuerzas armadas y en algún caso, se confirmó (segundo vuelo), denuncias que la Comisión para la Paz, ni siquiera admitió como posibilidad. Historiadores recopilaron un informe sobre las desapariciones. Algunos archivos, se abrieron.
¿Qué hizo posible ese radical – aunque aún insuficiente-, cambio con relación a nuestro pasado reciente? ¿Qué nuevas leyes se aprobaron para permitir eso? ¿Qué leyes se eliminaron?
Nada de eso ocurrió. Solo existió una interpretación distinta de la ley de caducidad, por parte del gobierno.
Un aspecto tan delicado, que se refiere a las conductas del Estado y a la índole de los derechos humanos que pueden ser afectados, no debería admitir oscuridades o aspectos que queden librados a interpretaciones contradictorias y/o arbitrarias.
Las normas que ordenan y rigen la convivencia de las personas en sociedad y las obligaciones del Estado - y por tanto que se refieren a los derechos y obligaciones -, deben mantener una coherencia, y nunca pueden quedar librados a la decisión arbitraria y antojadiza de las personas, así se trate de un magistrado o un presidente de la república.
En el Uruguay, y es esta una de las lógicas perversas que debemos apuntar a desmantelar, hay una norma jurídica que desnaturaliza ese aspecto esencial que debe tener una norma de derecho: la de mantener coherencia con los compromisos internacionales, y la de no quedar sujeta a la decisión arbitraria de quien detenta el poder. Y esa, es la lógica perversa instalada a partir de la existencia de la ley de caducidad de la pretensión punitiva del Estado.
Con una misma norma, cuatro administraciones aplicaron políticas distintas y al existir esa dualidad, los derechos de los uruguayos carecieron y carecen aun de certeza jurídica.
Las normas que apuntan a tutelar el derecho de las personas y sobre todo a proteger al ciudadano de los abusos de poder del Estado, no deben tener distintos colores del cristal con que mirarlas.
Supongamos que el próximo gobierno, cambia radicalmente de signo, y en función de ello, realiza una interpretación distinta de la ley de caducidad y en función de ello, desmantela todos y cada uno de los avances que reseñamos anteriormente.
¿Y todo esto, porqué?
En primer termino porque esa norma permite - inconstitucionalmente-, que el poder político (Ejecutivo) se apropie de una potestad que la Constitución de la República, le otorga en exclusividad al Poder Judicial.
La construcción y la atracón sin limitaciones de un sistema judicial- en quién reposa la potestad de interpretar y aplicar las leyes -, es el fundamento de un Estado democrático y de derecho.
Puede que alguien se pregunte ¿Acaso la interpretación y la aplicación de las leyes, no recae en personas (los magistrados), que pueden ser tan o más arbitrarios en sus decisiones?
También puede preguntarse, ¿con qué autoridad, quienes nunca pisamos un aula de la Facultad de Derecho, pueden opinar sobre estas cosas?
Una respuesta adecuada a la primera interrogante, diría que, si bien es cierto que en primera instancia una decisión (sentencia, auto de procesamiento, etc), descansa en un magistrado, que es un ser humano, también es cierto que esa decisión debe ser fundada en normas preexistentes y es objeto de consideración y eventual cuestionamiento buscando su modificación, de al menos tres actores directos y otros tantos indirectos.
Entre los primeros, están los representantes legales de las partes (acusado y denunciante), y en la mayoría de los casos (y siempre en materia penal), también de un representante del Ministerio Público (fiscal).
Entre los segundos, están entre otros, la prensa y a través de ella, la opinión pública.
De ahí entonces, que esa decisión puesta a consideración de todos esos actores, es posible que pase por otras instancias ya no individuales, sino colectivas de reconsideración (Tribunales de Apelaciones, Suprema Corte de Justicia y hasta instancias de carácter internacional).
Sobre la segunda interrogante, decimos que la lucha de los trabajadores – aun aquellas por los aspectos más elementales, como la ley de 8 horas-, enseñaron a los sindicatos que esos avances deben quedar plasmados en leyes que hagan más efectiva su cumplimiento. Por otra parte, la lucha que continuamente se da a la hora de redactar los convenios de trabajo, han enseñado, - por ejemplo, a quienes nunca ejercieron la abogacía ni fueron a la facultad de derecho-, que los derechos y las obligaciones deben quedan claramente explicitados, a los efectos de que no puedan ser objetos de más de una lectura o explicación que ponga en cuestión su cumplimiento. Una segunda respuesta, y quizás la más obvia, es que también en las normas de derechos debe haber, lo que se llama “sentido común”.
No puede admitirse por parte de un Estado, que por ejemplo, en un mismo hecho delictivo, pueda ser procesado un coautor (caso Blanco en la desaparición de Elena Quinteros) y no lo puedan ser, los autores materiales del hecho. O que en otro caso, se habilite la investigación y el eventual castigo de uno de los participantes en el hecho por ser civil, y no de los otros por ser militares.
O que un mismo delito (el de privación de libertad), cometido por las mismas personas (agentes del Estado), tenga un tratamiento diferente según en qué territorio se cometió.
Si un gobierno, considera que determinadas conductas deben ser objeto de la acción punitiva correspondiente (como lo a dicho la actual administración), no puede estar ese gobierno a la búsqueda de resquicios en las normas de su derecho interno, para que eso sea posible.
Un dicho popular sostiene, que “hecha la ley, hecha la trampa”. Es decir que siempre hay una forma de burlar lo que establecen las leyes. Esa, una conducta propia de los delincuentes o de aquellos que quieren escapar a lo que establecen las normas que se da una sociedad. Nunca puede ser la de un gobierno, que tiene normas internas y compromisos internacionales en lo que fundar su acción justiciera proporcionando al Estado de las normas que se lo permitan o anulando aquellas que se lo impiden..
Es entendible que un Estado dictatorial, pensara y ejecutara conductas que le permitieran en el futuro escapar a la acción de las leyes. No es razonablemente democrático, que el Estado democrático, tenga que buscar “resquicios” en las normas internas que consiente que se mantengan, para tratar de ampara derechos irrenunciables del ser humano.
Los derechos, en las autenticas democracias, deben transitar por anchas avenidas, y no por vericuetos, resquicios o atajos.
Es intolerable, continuar viviendo con esta lógica retorcida.

Raúl Olivera
Integrante de la Secretaria de Derechos Humanos y Políticas Soiales del PIT/CNT